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Conjunto Residencial Puerto de la Luz: vivir la tercera edad en cooperativa

  • El conjunto residencial Puerto de la Luz tiene 60 apartamentos en los que poder hallar un hogar independiente aunque con servicios y en compañía de un buen grupo de iguales

Algunos de los vecinos del conjunto residencial Puerto de la Luz Algunos de los vecinos del conjunto residencial Puerto de la Luz

Algunos de los vecinos del conjunto residencial Puerto de la Luz / Javier Albiñana (Málaga)

Pasadas las seis de la tarde es la hora del té en el conjunto residencial Puerto de la Luz. En una de sus terrazas, con vistas a la piscina, se reúnen los socios y ponen sobre la mesa un bizcocho de manzana y mucha conversación. En un entorno privilegiado, en un monte rodeado de olivos en El Lagarrillo, en la zona norte del Puerto de la Torre, sus risas y sus ganas de seguir merendándose la vida interrumpen por un momento la paz del lugar.

Ese que han elegido para disfrutar de la vejez en compañía y, a la vez, con la independencia que le da a cada uno su hogar. En 2002 fundaron una cooperativa sin ánimo de lucro con la que han convertido su ideal en una realidad, un recinto de apartamentos con servicios y áreas comunes repletas de cultura, deporte y actividades para no dejar ni un hueco al aburrimiento.

José Manuel González es el presidente del consejo rector del conjunto residencial que lleva habitado desde 2010. “Se tardó en encontrar los terrenos, en construir, llegar hasta aquí ha sido muy laborioso”, explica junto a Ana Márquez, otra de las residentes y antigua presidenta.

Mientras muestran el huerto, los aguacates y otros árboles frutales que tienen plantados, el jazmín que perfuma las noches de verano, comentan que la parcela tiene 28.000 metros cuadrados de terreno y que, por el momento, tienen 8.000 construidos. Para evitar el impacto visual, el proyecto arquitectónico consistió en levantar en pirámide tres módulos de dos plantas cada uno y un módulo central de escaleras y ascensores que los conecta.

Una de las socias le toma una fotografía a una compañera en la zona de la piscina. Una de las socias le toma una fotografía a una compañera en la zona de la piscina.

Una de las socias le toma una fotografía a una compañera en la zona de la piscina. / Javier Albiñana (Málaga)

En total se construyeron 60 apartamentos que pueden disponer como accionistas de la cooperativa o en régimen de alojamiento con servicios. Las acciones cuesta 120.000 euros. Con esta cantidad les da derecho a tener una vivienda para uso individual o de parejas de unos 60 metros cuadrados y un trastero.

“No somos propietarios porque no tenemos división horizontal”, indica Ana Márquez. Sin embargo, cada residente puede personalizar su casa, pintarla y amueblarla a su manera, acristalar la terraza o tirar un tabique y hacer una cocina americana como en el caso de Mary Boix.

El material humano, el elemento cautivador

En Puerto de la Luz esta mujer de 74 años y Three, su inseparable mascota, ha hallado lo que buscaba. “Un sitio en el que poder envejecer con amigos y tener todo hecho”, dice al tiempo que señala que ésta es su casa número 29. Después de haber vivido en Venezuela, Jamaica, Estados Unidos y otros tantos países, llegó a Málaga procedente de Galicia hace un año.

Loli Fernández y José Manuel González, presidente del consejo rector, en la biblioteca. Loli Fernández y José Manuel González, presidente del consejo rector, en la biblioteca.

Loli Fernández y José Manuel González, presidente del consejo rector, en la biblioteca. / Javier Albiñana (Málaga)

“Soy pintora y he trabajado en una gran constructora, he tenido a 3.000 personas a mi cargo”, indica. Sus cuatro hijos viven repartidos por América y todos querrían tenerla cerca. Como no puede dividirse optó por quedarse en España, aunque los visita varias veces al año.

“Me gusta muchísimo el ambiente que hay aquí, lo que me cautivó fue el material humano, la relación tan bonita y solidaria que existe”, dice mientras se prepara para asistir a un concierto en el centro de la ciudad con sus amigas. Dos de ellas también se han trasladado desde tierras gallegas y ya la dicha es completa para esta mujer activa, que sigue pintando, que ofrece un taller de inglés a sus compañeros, que tiene un grupo de senderismo y le gusta practicar tiro con arco.

Mary Boix y Three en su apartamento. Mary Boix y Three en su apartamento.

Mary Boix y Three en su apartamento. / Javier Albiñana (Málaga)

“Aquí organizamos viajes, tenemos grupos de trabajo, un club de lectura, meditación, taller de pintura, clases de sevillanas, de castañuelas, petanca... todos cooperamos, todos compartimos nuestros conocimientos y cuantos más seamos vamos incrementando la lista”, subrayan los socios. Los sábados por la noche tienen proyección de cine y luego “cineforum con una copita”, agrega Ana. Y llegado el calor, no les falta un baño en la piscina.

Servicios y actividades a demanda personal

Además del consejo rector del residencial, tienen una asociación de mayores que continuamente está proponiendo planes con el fin de mantenerlos activos. Gimnasio, biblioteca, dos puestos con ordenadores, salón de actos, comedor, cafetería, jardín, habitaciones de ingreso por si alguien necesita de cuidados clínicos, sala de fisioterapia... Y quien no pueda o no quiera hacer uso de todo esto, no tiene más que cerrar la puerta de su apartamento para disfrutar de la soledad. Los que quieren cocinan en casa y los que no usan el servicio de comedor. También pueden disponer de lavandería y limpieza.

Ana Márquez en uno de los rincones del residencial. Ana Márquez en uno de los rincones del residencial.

Ana Márquez en uno de los rincones del residencial. / Javier Albiñana (Málaga)

“Tenemos unos contadores individuales y cada uno paga el consumo de agua y luz que requiere, también disponemos de lavandería, asistencia de auxiliares de clínica, fisioterapia, peluquería, y eso se lo costea cada cual en función de sus necesidades”, comenta José Manuel González, el presidente del consejo rector. Su esposa, Loli Fernández, también subraya que existe una cuota de 550 euros mensuales para pagar los servicios generales entre los que se incluye el médico y el mantenimiento de las instalaciones. Los mayores de 50 años ya pueden acceder a este conjunto residencial.

En este conjunto residencial, cuyo espíritu y funcionamiento queda muy lejos de una residencia de ancianos asistencial, “cada uno está aquí por su voluntad, aquí no viene nadie porque lo haya traido su familia, sino porque la persona quiera estar”, apunta Paqui Cueto, una de las primeras socias. Ella se trasladó cuando todavía trabajaba y tener la “comida puesta por delante” y la limpieza hecha fue una liberación. “Esto es para quien quiera tener independencia y, al mismo tiempo, no sentirse solo”, agrega.

En torno a los 70 años, la media de edad

Paqui Cueto en la recepción. Paqui Cueto en la recepción.

Paqui Cueto en la recepción. / Javier Albiñana (Málaga)

La media de edad está en los 70 años. El socio más mayor tiene 96, “es un ingeniero alemán de mente hiperclara y que entiende de toda la maquinaria que tenemos aquí”, dice Loli. La más joven, una mujer de 60 años. “Tenemos la colectividad dentro de la individualidad y eso es muy importante para todos nosotros”, señala Ana. El residencial también cuenta con un servicio habitacional en la planta 0 para aquellos que tan sólo quieran pasar una temporada mientras se deciden a invertir en la cooperativa.

“Pueden venir por 1.300 euros al mes o 1.600 si son dos personas y les incluye el almuerzo, una consulta médica semanal, una limpieza también semanal, 8 kilos de ropa para lavandería, internet y teléfono con tarifa plana”, explica Ana. Los días sueltos los pueden disfrutar por 60 euros. Es una manera de averiguar si el residencial cumple sus expectativas, si son capaces de desprenderse de las pertenencias más innecesarias del pasado para afrontar una nueva etapa con lo esencial. “No nos tenemos que apegar a las cosas del pasado, sólo quedarnos con lo útil”, considera Ana.

La hora del té en Puerto de la Luz. La hora del té en Puerto de la Luz.

La hora del té en Puerto de la Luz. / Javier Albiñana (Málaga)

Los residentes tienen la libertad absoluta de entrar y salir sin dar explicaciones, aunque siempre ofrecen un hueco en el coche o hacer algún recado para aquellos que tienen peor movilidad. Igual que en la mesa que ponen cada tarde, en el grupo de whatsapp comparten sus rutinas por si pueden ayudar a los demás. Y si vienen hijos o nietos de visita, usan algunos de los apartamentos que tienen todavía vacíos para alojarlos.

“Nos movió venirnos aquí el quitarle preocupaciones a nuestros hijos, ellos saben que estamos bien y que, en caso de necesidad, estamos atendidos”, dice Loli. “Otros vienen también porque están solos y hay gente de fuera, del norte, que ha llegado buscando el clima”, agrega. Socios de Madrid, Castilla León, de Galicia y País Vasco y algunos incluso extranjeros, han querido vender o alquilar sus propiedades y apostar por este espacio para disfrutar de sus años dorados. “A mi nieto de 16 años le gusta tanto que me pide que se lo deje en herencia”, bromea una de las socias de la cooperativa sabiendo que estar allí por elección propia es lo mejor que le ha podido pasar.

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