Málaga

Sucedió en Málaga: Incendio en una casa de campo

  • Su curiosidad le llevó a leer y aprender todo cuanto podía, supliendo así la carencia de estudios que, por su temprana orfandad, no pudo tener de niño

  • Sucedió en Málaga: robo de una caballería

  • Sucedió en Málaga: el caso de la estafa de vino (14 de diciembre de 1925)

El cine Moderno.

El cine Moderno.

El año 1929, último de la dictadura de Primo de Rivera, pone fin a la bonanza económica de la que gozó España durante el quinquenio anterior. Málaga sufre una importante transformación como consecuencia de dicho crecimiento económico que se reflejó, en el sector primario con un crecimiento considerable de la superficie cultivada, en la industria con una fuerte recuperación, tras la crisis de la posguerra, motivada especialmente por las políticas de obras públicas emprendidas por el general, y en las exportaciones que alcanzaron sus niveles más altos. Ello motivó que Málaga creciera demográficamente, en esa década casi un 30%, tal es así que pasó de 150.000 a 190.000 habitantes. Tan alto crecimiento, en tan corto plazo, trajo como consecuencia un grave problema de vivienda por lo que, en dichos años, toma especial importancia el ordenamiento urbano de la ciudad.

Dentro de la ordenación urbana de Málaga, en 1929 adquiere gran importancia el Plan de Ensanche del arquitecto Daniel Rubio. Salvador Moreno Peralta, insigne arquitecto y urbanista (Premio Nacional de Urbanismo por el PGOU de Málaga de 1983), a más de mago de la pluma y la oratoria, dijo de dicho plan que “dejó selladas las directrices fundamentales de la ordenación del territorio al oeste del río Guadalmendina, marcando la pauta de todo el planteamiento urbano posterior y dando lugar a la ciudad moderna”. Junto a los planeamientos urbanísticos se desarrolla un plan de viviendas baratas que dio lugar a barrios como los Guindos o Ciudad Jardín. En la arquitectura se introduce el higienismo. Málaga era la ciudad más densificada de España. Si la densidad media de habitación en el casco urbano en España era de 200 habitantes por hectárea, Málaga alcanzaba los 300, muy por encima de Madrid o Barcelona, y en algunos barrios periféricos como El Perchel norte, se alcanzaban los 660 habitantes/Ha. “Si al enorme hacinamiento –señala Daniel Rubio en su diagnóstico higienista–se unen la humedad por falta de calles y patios, que trae como consecuencia la carencia de aire y sol, no es de extrañar que en algunas casas sean tuberculosos la mayoría de los habitantes, y que la mortalidad por esta y otras enfermedades sea aterradora”.

T. L. Oliver, protagonista de los sucesos que narramos a través de sus atestados, era de natural curioso y observador de la realidad que le rodeaba. Su curiosidad le llevó a leer y aprender todo cuanto podía, supliendo así la carencia de estudios que, por su temprana orfandad, no pudo tener de niño. La prensa era su fuente de información de la actualidad y no perdonaba diariamente darle un buen repaso al diario El Sol (1917-1939), que ha pasado a la historia como “el periódico de mayor prestigio que existió en España antes de la Guerra Civil” y que tuvo una plantilla de celebres colaboradoras entre las que destacó la malagueña Isabel Oyarzabal que firmaba con el seudónimo de Beatriz Galindo. En él leyó que en este año de 1929 desapareció la Revista Litoral que habían fundado, en 1926, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, revista que fue, a pesar de su corta vida, el “más importante órgano poético del momento”, ya que por ella pasó toda la Generación del 27.

Se solía detener, por simple deformación profesional, en las noticias de luctuosos sucesos, como el desgraciado accidente del Viernes Santo en la Alameda (por aquellas fechas llamada de Alfonso XIII). Durante la procesión de la Hermandad del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad vino a suceder que el trono de la Virgen se enganchó en uno de los cables de la red eléctrica del tranvía. El trono tiró del cable y éste tiró del poste de madera que lo sostenía partiéndolo por su base. El poste al caer, hirió gravemente a un espectador. Cinco días después, la victima moría en el hospital. T, L. Oliver, siguió el caso con atención, ya que se produjo una denuncia de homicidio por imprudencia al comprobarse que la altura de los cables era menor de los seis metros que marcaba la ley, siendo procesado por ello el ingeniero responsable de la Sociedad de Tranvías S. A, de Málaga.

También supo nuestro agente por el citado diario que la noche del 11 de octubre se declaró un terrible incendio en el Cine Moderno, sito en calle Juan de Austria del barrio de La Trinidad. “Todo el parque de bomberos de la ciudad se volcó en apagar el virulento fuego” contó El Sol, pero de la sala de cine solo quedaron en pie las cuatro paredes. Según contaron otras fuentes, el problema fue que los bomberos se encontraron con que, en la zona, no tenían donde coger agua. Ante este suceso, T. L. Oliver recordó el artículo 34 de la Cartilla de la Guardia Civil, cartilla que tenía grabada a fuego en la mente y en el corazón: “En caso de que ocurra incendio, acudirá inmediatamente al punto en que tenga lugar, cuidando especialísimamente de proteger a todas las personas que se encuentren en el sitio de la desgracia, asegurando sus intereses y evitando que se introduzcan en la casa gentes que, con el pretexto de auxiliar, lleven el de robar o cometer otros excesos”.

Sólo transcurrió algo más de un par de semanas, cuando nuestro agente de la Benemérita se encontró con un caso de incendio que instruyó en el siguiente atestado:

T. L. Oliver, guardia de 2ª clase de la 5ª Compañía de la Comandancia de la Guardia Civil, perteneciente al puesto de Poniente, por el presente atestado hace constar: Que presentado el servicio de correrías por la demarcación del referido puesto acompañado del de su clase José Ramos Becerro de la misma Comandancia y destacamento, como a las ocho horas del día treinta de Noviembre del año mil novecientos veintinueve, al llegar a la casa de campo titulada San Vicente, término municipal del distrito de Santo Domingo, observaron que en la misma había incendio y que llevaba tendencias destructoras, por lo que se dio aviso a las autoridades prevenidas y se procedió a prestar auxilio necesario, localizándose el mismo a las doce del referido día, habiéndose quemado una habitación de cinco metros de larga por cuatro metros de ancha, donde había enseres de labranza, y su techumbre destruida, y parte del pajar que es otra pieza de ocho metros de larga por cuatro de ancha y donde se encerraban unas ochocientas alpacas de paja, siendo las pérdidas de materiales de unas quince mil pesetas.

Seguidamente se practicaron diligencias sobre el origen del incendio dando por resultado encontrar huellas en el pajar de haber sido regado con petróleo y haber encontrado tres latas de petróleo vacías dentro de un pozo cercano a la finca, por lo que se sospechó de su dueño, al que interrogado manifestó llamarse José López Pérez, de cincuenta años de edad, de estado casado, de oficio labrador, el cual daba muestras de nerviosidad grande ante las pruebas encontradas, confesándose autor del incendio por encontrarse apurado de recursos y con el objeto de que la casa deseguros La Mundial donde tiene asegurada dicha finca le hubiese abonado treinta mil pesetas, por lo que en su virtud procedió a su detención de dicho dueño para ponerlo a disposición del Señor Juez de Instrucción del referido distrito a los efectos de justicia.

Habiéndose presentado al sr. juez de instrucción del distrito de Santo Domingo en el lugar del incendio, se ponen las diligencias practicadas, detenido y latas, a su disposición, ordenando el ingreso en la cárcel de esta Capital, así como que se cerraran las mismas de todo lo cual nos facilitó el oportuno recibo firmado en el lugar de la ocurrencia a las trece horas del día, año y mes ya expresado, haciéndolo el auxiliar de pareja y el que certifica.

Leo con profundo dolor el vil asesinato cometido el viernes por narcotraficantes en Barbate que ha dejado dos guardia civiles muertos y otros dos heridos de gravedad. Me uno al pésame dedicando estas letras, que tratan de enaltecer la labor de los agentes de la Benemérita, a esos héroes que han dado su vida al orden y la justicia. Y también me uno al sindicato de la Policía Nacional (Jupol) pidiendo la dimisión del ministro del Interior, Grande Marlaska, por ser cómplice de esas muertes al no dotar a sus hombres de los medios necesarios para combatir el crimen. ¡Viva el orden y la Ley / Viva honrada la Guardia Civil!

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