Málaga

La UMA deja en la precariedad a los 14 'cerebros' captados desde 2007

  • Los investigadores del programa Ramón y Cajal han captado 10 millones para I+D y publicado 200 artículos Incumplido el compromiso de estabilidad en cinco años

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La Universidad de Málaga (UMA) ha captado en los últimos siete años 14 investigadores a través del programa Ramón y Cajal creado por el Gobierno para promover el retorno de cerebros fugados. El grupo, que ha llegado de forma escalonada entre 2007 y 2014, ha conseguido 10 millones de euros para desarrollar actividad científica. Lideran proyectos que suman 7 millones de euros y colaboran en otros que reportan 3 millones más. Estos recursos los han logrado en convocatorias competitivas de la Unión Europea, el Gobierno central y la Junta de Andalucía.

Además, han publicado en revistas internacionales especializadas más de 200 artículos científicos adscritos a la Universidad de Málaga, sin contar, por tanto, los publicados en las instituciones científicas en las que trabajaban con anterioridad, entre las que figuran algunas de las más significativas del mundo.

Esta productividad científica es excepcional si, por ejemplo, se tiene en cuenta que los 200 grupos de investigación de la Universidad de Málaga captaron en las últimas convocatorias públicas 8,8 millones de euros para desarrollar actividad científica. Sin embargo, todos los cajales hacen equilibrios en el alambre de la precariedad. Pese a las garantías iniciales y a las promesas posteriores, ninguno de los 14 ha logrado perspectivas de estabilización profesional o científica a medio plazo.

El programa Ramón y Cajal se creó en 2001 con el objetivo de ofrecer un camino de regreso a los mejores cerebros que habían abandonado España para trabajar en centros internacionales de I+D. Los candidatos se someten a un sistema de selección duro y solo después optan a los puestos que ofrecen las universidades para ellos, una fórmula que se ideó para sortear que la endogamia enturbiara el terreno de juego.

El Gobierno asume el grueso de su coste durante cinco años (siete años para los que después superan la evaluación I3) y las universidades se comprometen a ofrecerles estabilidad profesional al término de ese periodo. El acuerdo funcionó durante los primeros años, hasta que en 2012 se cerró el grifo de la contratación pública y los cajales, convertidos en una minoría dentro del universo académico, cayeron en el olvido.

Hay universidades y centros de investigación que transcurridos los cinco años se han desprendido de ellos y otros, como la Universidad de Málaga, que los mantienen a medida que concluye cada programa a costa de una gran inestabilidad laboral, prorrogándoles anualmente la relación laboral o con contratos por obras y servicios.

Juan Antonio García Ranea, portavoz de los cajales de la UMA, es uno de ellos. Trabajó cinco años en la University College London (Reino Unido), uno de los grandes centros del mundo en el campo de la bioquímica, pero en 2007 quiso volver, logró entrar en la convocatoria del programa y en 2008 se incorporó a la Universidad de Málaga. En la actualidad tiene tres proyectos de investigación en marcha en el ámbito de la bioinformática y la biología de sistemas, uno de ellos financiado por la Unión Europea. Emplea a cuatro doctores a los que se sumarán en breve otros tres más. Además, su red de contactos científicos ha permitido que uno los doctores de su equipo investigue en la University College London la relación que existe entre la genética y los efectos secundarios de los fármacos con financiación del programa Marie Curie de la Unión Europea.

Subraya el nivel científico, productividad, competitividad, proyección internacional y repercusión que también tiene en la docencia el equipo de cajales de Málaga, de los que 13 pertenecen a la Facultad Ciencias de Málaga y uno al Departamento de Arquitectura de los Computadores de la Escuela de Informática.

"No estamos todos los que somos, pero somos todos los que estamos", matiza para poner de relieve que no son los únicos de la UMA con alta actividad científica. No obstante advierte que los logros se han conseguido "a pesar de" la precariedad y la incertidumbre. "Vinimos con un compromiso de estabilidad pero ahora que hay pocas plazas somos los últimos", explica.

"Se nos exige más que al resto [los cajales son sometidos a dos evaluaciones más una tercera para acceder al I3] y somos muy productivos pero no tenemos ninguna garantía de futuro. Parece como si diera igual si sacamos proyectos adelante o no".

Esta falta de perspectivas "también afecta a la actividad científica porque para optar a financiación de muchos programas es necesario que el investigador principal tenga un contrato que cubra el periodo completo de trabajo. En esos casos o desistimos o buscamos un cotutor al que dejarle la investigación", lamenta.

"Somos un grupo que nos duele Andalucía. Puede sonar un poco cursi pero nosotros quisimos volver a pesar de lo difícil que es avanzar en ciencia venciendo tópicos cuando eres del sur del sur". "Además no solo no costamos casi nada a las universidades, sino que reportamos mucho dinero". La nómina de los 14 suma 500.000 euros brutos anuales, en gran medida aportados por el Gobierno central, frente a los 10 millones de euros que han sido capaces de captar para investigación. Los dos últimos cajales, David Posé Padilla y Diego Romero, han llegado a la UMA con 3 millones bajo el brazo para investigar durante cinco años, gracias al programa Starting Grant financiado por el Consejo Europeo de Investigación para impulsar científicos jóvenes de gran proyección internacional. Ha sido la primera vez que la Universidad de Málaga ha logrado incluir a un científico en esta iniciativa.

El Gobierno da muestras de haber comprendido el vacío que se le ha hecho a estos investigadores en las instituciones científicas y académicas del país desde el momento en que ha previsto en el presupuesto de 2015 que el 15% de las plazas que se saquen sean para ellos. Entre 2012 y 2014 las universidades únicamente han podido reponer al 10% de los profesores de plantilla que se jubilaban. En una universidad como la de Málaga han llegado cada año a la edad del retiro una media de 40 profesores y catedráticos, de los que sólo se han podido sustituir cuatro.

La presión por esas plazas ha sido muy importante y las posibilidades de obtenerlas, en cierta medida, proporcional al peso de cada colectivo académico. Esto significa que un grupo pequeño como el de los cajales no ha tenido ninguna posibilidad durante los tres últimos ejercicios.

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