Unicaja, la mayor empresa malagueña

En la actualidad es la única huella del antiguo sector de cajas de ahorro, junto a la de Onteniente, en la mitad sur peninsular y la entidad financiera de mayor tamaño por debajo de Madrid

Joaquín Aurioles

17 de enero 2016 - 01:00

CONSTRUCCIÓN, corrupción urbanística y bancos, el triángulo maldito de la burbuja inmobiliaria que dio lugar a la peor crisis que se recuerda en la economía española en tiempos de paz. La provincia de Málaga estaba especialmente señalada por los dos primeros, lo que prácticamente condenaba a toda la banca que operase en su territorio a salir escaldada del trance y Unicaja, la divisa financiera de la provincia, tenía todas las papeletas para terminar siendo la peor parada. Efectivamente, tanto la banca española que se expandía por la zona, como también algunas entidades extranjeras atraídas por el vértigo del turismo residencial entre sus compatriotas, se vieron obligadas a dar marcha atrás tras el desastre. Los test de estrés a la banca española (2010, 2011 y 2014), que tanta expectación habían levantado, especialmente los dos primeros, ante la creciente sospecha de opacidad contable, confirmó la gravedad de la situación, pero también puso a cada cual en su sitio. Sorprendentemente para muchos, la imagen de Unicaja salió extraordinariamente reforzada y consagrada como una de las entidades más saneadas del país y la única caja andaluza con fundamentos suficientes como para decidir su propio futuro. La realidad posterior resultó bastante más exigente que las perspectivas del momento y la entidad malagueña se vio forzada a adentrarse por el intrincado camino, plagado de víctimas propiciatorias, fusiones frías y fundaciones geriátricas, por el que el gobierno de turno pretendía reconducir el futuro del sector.

Tras quedar de manifiesto que Unicaja era la única entidad andaluza que, junto a Cajamar, había conseguido superar las pruebas de resistencia, el espíritu de la caja única andaluza y el liderazgo natural de la entidad malagueña volvieron a aparecer en escena con motivo de la solución a los problemas de Cajasur, Cajasol y Caja Granada. El localismo cainita y los privilegios de las cúpulas dirigentes, el recelo frente a un foco de poder político alejado de la jerarquía sevillana o la propia doctrina del Banco de España terminaron de echar por tierra la fuerte apuesta realizada, que finalmente sólo pudo hacerse con el control de Caja Jaén. De acuerdo con las consignas entre los expertos de la época, Unicaja seguía siendo demasiado pequeña para encarar el futuro que se estaba diseñando para el sector, por lo que, a pesar del fiasco, tendría que insistir en la búsqueda de socios para ganar tamaño. La realidad era que, a pesar de haber quedado como principal baluarte del sector en Andalucía, su implantación sólo era significativa en Almería y Cádiz (origen de dos de las entidades que dieron lugar a Unicaja), además de en Málaga. La prudencia aconsejaba condicionar la penetración en las restantes provincias hasta ver el desenlace del proyecto de caja única, de manera que la resolución del conflicto de las cajas andaluzas señaladas por los test de estrés terminó convirtiéndose en una importante vía de penetración en el mercado financiero andaluz para otras entidades de ámbito nacional o de otras regiones. La vieja idea de un sector financiero andaluz arraigado a su base productiva, como el negativo a su fotografía, quedó definitivamente desmontada, aunque despejando el horizonte de incertidumbres políticas sobre la conveniencia para la entidad de reforzar su implantación en Andalucía.

En la actualidad Unicaja es la única huella del antiguo sector de cajas de ahorro, junto a la de Onteniente, en la mitad sur peninsular y la entidad financiera de mayor tamaño por debajo de Madrid. Es también la mayor empresa de la provincia y la de mayor empleo en Andalucía, con una considerable repercusión sobre la economía local debido a la importancia de las externalidades positivas, tradicionalmente reconocidas a las entidades financieras y que en el caso de Málaga resulta particularmente visible en el apoyo al baloncesto de élite de nivel continental. Lidera un sector en la provincia en el que participan otras 43 entidades que se distribuyen por el territorio a través de 918 oficinas, pero que en los últimos años han reducido considerablemente su presencia debido a las fusiones, pero sobre todo a la desproporcionada dimensión que adquirió el sector en España, si se compara con el resto de Europa. La desproporción también era evidente en el caso de Málaga, a pesar de que tanto la renta de los malagueños como la densidad empresarial es considerablemente inferior al a media española y la ratio ahorro/crédito particularmente reducida. Todo ello, junto a las exigencias propias de la crisis y el endurecimiento de la regulación, han dado lugar a un profundo proceso de transformación interna, forzada a defender la rentabilidad por la vía de la mejora de la eficiencia, es decir, de la reducción de costes, debido entre otras cosas a los niveles históricamente reducidos de los tipos de interés.

Aunque el nuevo escenario monetario internacional, tras la subida de tipos en Estados Unidos, y el esperado retorno del crecimiento económico en Europa permiten aventurar las primeras tensiones para la subida de tipos de interés en el horizonte de un año, el sector bancario español deberá prolongar durante algún tiempo todavía sus esfuerzos para adaptarse a la nueva realidad financiera internacional. Por un lado, el nuevo modelo de negocio que imponen las nuevas tecnologías, no sólo la implantación de la banca electrónica, sino también la convivencia con las opciones financieras no bancarias, entre ellas las que operan a través de internet y redes sociales (el crowdfunding es un buen ejemplo), que en la Eurozona ya satisface la mitad de las demandas empresariales de financiación y en Estados Unidos el porcentaje es todavía mayor. Por otro, el previsible endurecimiento de la supervisión derivado del proceso de unión bancaria en Europa y la necesidad de anticiparse al final de la etapa de la barra libre de liquidez por parte del Banco Central Europeo.

En el caso de Unicaja, las principales incógnitas vienen girando desde hace algún tiempo en torno a tres hechos concretos. En primer lugar, la definitiva resolución del conflicto de las cláusulas suelo en las hipotecas que, según la información que circula entre el sector, coloca a la entidad malagueña entre las potencialmente más afectadas. En tercer lugar, la futura salida bolsa de Unicaja Banco que, dependiendo de la valoración de la operación, podría proyectar a la nueva entidad por delante de otras tan emblemáticas como Banco Popular o Sabadell. Por último, la posibilidad de nuevos movimientos para ganar tamaño, que es algo que, a pesar del ruido, se niega insistentemente desde la entidad, sobre todo después de la absorción de EspañaDuero (la nueva denominación de Banco CEISS) y de las posibilidades que se han abierto para la implantación en nuevos mercados.

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