La abogada malagueña que teletrabaja desde el paraíso: "Ahora soy más eficiente"

Marina Guillén, experta en urbanismo, pasa la mitad del año en Bali y atiende a los clientes por videollamada

Asegura que ha reducido "al 80%" sus juicios y que con apoyo de su despacho y una agenda "meticulosa" sigue con su jornada sin ningún problema

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Marina Guillén, en una playa de Bali antes de comenzar una jornada laboral.
Marina Guillén, en una playa de Bali antes de comenzar una jornada laboral. / Cedida

Málaga/En Marbella el reloj marca la medianoche, pero la jornada de la abogada Marina Guillén acaba de empezar. Tras desperezarse, se pone el bikini o la ropa deportiva –según si ese día toca surfear algunas olas o hacer pilates– y da los buenos días con ánimo. No es que Guillén sea noctámbula, sino que durante una parte del año teletrabaja desde Uluwatu, en la isla de Bali (Indonesia), allí son las seis de la mañana.

La otra parte del año vive en Marbella, donde es socia del despacho legal G&G Legal en el que es experta en Urbanismo y en Derecho Penal económico –aunque de esta rama ya sólo defiende casos puntuales–. Es este trasvase, del Penal al Urbanístico el que le ha permitido, en gran parte tener la libertad suficiente para vivir en el paraíso. O, al menos de momento, su paraíso desde que lo encontrase hace poco más de un año.

Era agosto y estaba en la isla algo angustiada pensando en que no quería volver a la vida de juzgados. "Estaba con estrés y un poco distraída, necesitaba salir de mi propia vida", reconoce. Durante su jornada laboral podía pasar semanas enteras con migraña, mucho estrés y buscaba pequeños huecos en la rutina para tener tiempo de ocio. "Había momentos que de sólo llegar a la puerta del juzgado me ponía a llorar", añade.

Entonces conoció a un grupo de españoles y malagueños y empezó a contemplar la posibilidad de cambiar con el estilo de vida que venía llevando "con un cambio de hábitos me hubiera bastado, pero cuando llegué el año pasado me enamoré". Entonces, una de las partes más complicadas: ¿cómo contarlo? "Hablé con mi socia y me dijo que me apoyaba, comencé poco a poco con el teletrabajo, dejé el trabajo de juzgados hasta el 80% y en febrero me vine".

Con esto, en febrero estaba de vuelta en Bali y le va tan bien que ya está planteando comprar una casa. Ayuda mucho, asegura dedicarse al temas urbanísticos y tener muchos clientes extranjeros, sobre todo nórdicos, "me entienden y me apoyan, si ellos están en Barcelona o Estocolmo ¿qué les importa dónde esté su abogada?". Lo que hubiera sido imposible si hubiese seguido con casos de Penal económico, "el pasado agosto incluso me señalaron un procedimiento estando en Bali de vacaciones –que aceptaron posponer a su regreso–, no tenía posibilidad de descanso".

En octubre tiene varios juicios en Marbella y vuelve una temporada, "me he quedado sólo con lo que quiero hacer, lo demás lo he pasado y con organización, tiempo, mucho uso de la sede electrónica y mi socia y otros compañeros para lo que hay que hacer de forma presencial puedo hacerlo todo, ahora soy mucho más eficiente".

Además de trabajar, a Guillén también le da tiempo a adentrarse en la cultura balinesa.
Además de trabajar, a Guillén también le da tiempo a adentrarse en la cultura balinesa. / Cedida

Tanto es así que asegura que su socia está "muy contenta, a la hora de levantarse tiene mis resúmenes ejecutivos que le he dejado la noche anterior y soy capaz de organizarme mucho mejor, hoy, por ejemplo, he empezado a trabajar a las 11 y a las 5 ya había terminado". Eso sí, asegura que es "meticulosa" con la organización y la agenda, algo fundamental en su rutina.

Ya está pensando en comprar una casa en Bali y terminar de dar el paso para trabajar seis meses en Indonesia y la otra mitad del año en Marbella, donde ha cambiado por completo también su rutina. "Aunque hago más trabajo presencial, también teletrabajo y reservo mucho más tiempo para mí, la gente me dice que estoy más feliz y más tranquila".

El miércoles, cuando se produjo la entrevista, Marina ya había terminado su jornada laboral. Seguía en un restaurante pensado para teletrabajadores al que suele acudir, "toda la comida es saludable, es barato –apunta que al cambio come por seis euros diarios– y tiene buena conexión por fibra óptica". Al girar de su cámara se puede observar un ambiente relajado, con muchas mesas de distintos tipos y alturas –hay zonas para trabajo, otras para hacer llamadas, algunas de café para relacionarse con otros trabajadores...– ocupadas. También tiene estudio de yoga y otros amenities para los clientes.

Los ojos de Marina se pierden por un momento de la pantalla y saluda, "ahora mismo está pasando un ingeniero malagueño que también está teletrabajando desde aquí", sonríe. Tan nutrido es el ambiente foráneo que no sólo trabaja, también ha conseguido clientes directamente allí.

En las redes sociales, además, comparte su experiencia y es la envidia de muchos de sus compañeros. "En abril un grupo ya está planteando venir a visitarme y me preguntan mucho para venir, no esperaba que tanta gente se interesase, estoy planteándome hacer una guía con todas las cosas que sé", apunta Guillén con una sonrisa. Pero no son sólo colegas los que le han contactado por sus redes sociales, también ha conseguido clientes, "muchos se dan cuenta de que no hace falta que tu abogado esté físicamente y me contratan".

"Me salvó la vida especializarme en urbanismo y saber inglés", suspira ahora desde un sofá de Bali. Con sus redes sociales, también quiere mostrar que hay otra forma de vivir y de trabajar, no sólo está la opción de dedicar muchísimas horas entre despachos y juzgados. Quizá al otro lado de la pantalla haya otra persona que necesita cambiar de vida y ver a Marina supone el último empujón.

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