Las cabañuelas no pintan bien

Los agricultores que se basan en este sistema predictivo vaticinan que seguirá sin llover en abundancia y que habrá tormentas

Paraje afectado por la falta de agua.
Raquel Garrido Málaga

09 de octubre 2016 - 01:00

Ni siquiera la meteorología como ciencia puede afinar en las predicciones del tiempo a muy largo plazo. Tampoco las llamadas cabañuelas son sinónimo de certeza y, mucho menos, una ciencia, pero para mucha gente que vive del campo sigue siendo el método tradicional en el que se basan para predecir, por ejemplo, si lloverá o no a lo largo de un año y saber cómo afectará a sus cosechas únicamente siguiendo las señales que les da la propia naturaleza. Y en base a este ancestral sistema predictivo, las previsiones no son del todo halagüeñas y parece que el otoño y buena parte del año que viene volverán a ser especialmente secos en la provincia de Málaga.

No tiene ayuda de ninguna estación meteorológica ni de un satélite para predecir el tiempo. Francisco Castillo, agricultor del Valle de Abdalajís, lleva toda la vida anotando las cabañuelas cada mes de agosto y sólo se sirve de su experiencia para concluir con cierta preocupación que las esperadas lluvias se van a seguir haciendo de rogar. "Agua natural no vamos a tener este año y sí en forma de tormentas, incluso fuertes", contó a este periódico.

Si se hace caso a su particular forma de predecir el tiempo, apenas lloverá de aquí hasta finales de año en Málaga. Sólo en la segunda quincena de noviembre vaticina que vendrán lluvias, pero aclaró que "es difícil saber cuánta agua caerá porque vendrá con tormentas y puede caer de forma muy localizada".

La misma tendencia seca parece que continuará cuando comience el próximo año, según el método tradicional que durante siglos han empleado los agricultores y ganaderos para predecir el tiempo. Las cabañuelas apuntan a que desde noviembre ya apenas lloverá hasta febrero y después en abril "pero muy poca", dijo Castillo, que mira con preocupación hacia el cielo porque para este mes las cabañuelas apenas dan ni una gota o, al menos, lo suficiente para que dé al campo un respiro después de tres años secos.

No entienden de física ni han estudiado meteorología. La temperatura, el viento, la humedad y la nubosidad que se registra durante el mes agosto son los únicos parámetros que agricultores y ganaderos aplican para conocer el tiempo que hará durante todo el año siguiente. Existen dos métodos de predicción. Las conocidas como cabañuelas tempranas, que se realizan entre el 1 y el 12 de agosto, y las retorneras entre los días 12 y 24 de ese mismo mes.

Cada uno de estos días corresponden con un mes del año y en función del tiempo de cada uno de ellos se hace el pronóstico para el siguiente año. Así el tiempo que haga el día 1 de agosto coincidirá con enero del año que viene, el 2 es febrero y así sucesivamente. Lo mismo ocurre con las llamadas retorneras, salvo que en sentido inverso, es decir, el día 13 de agosto se identifica con el mes de diciembre y el día 24 con enero.

Pero también tienen en cuenta otras señales de la naturaleza como las semillas que tienen en estas fechas las retamas, o las conocidas como cebolletas o primaveras. Unas y otras precisamente este año están "cargadas" y eso indicarían lluvias tempranas, según José Canto, un agricultor de Serrato también experto en cabañuelas.

El problema, advirtieron tanto uno como otro, es que su sistema de predicción ya no es tan efectivo como antes. "La atmósfera está tan contaminada y tan cambiada que no coincide nada", señaló este agricultor veterano de la serranía de Ronda, que ve con frustración como cada año es más difícil acertar siguiendo el método que se ha usado durante siglos en el campo.

Habrá que esperar a ver si las cabañuelas aciertan ésta vez.

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