El emblemático café Doña Mariquita de la plaza Uncibay cierra a final de mes

Doña Mariquita dice adiós tras 77 años

  • Su propietario, Fernando Villén, se jubila por un problema de salud y "obligado" por su familia

  • El negocio bajará la persiana a finales de marzo

Fernando Villén, frente al Café Doña Mariquita, en la plaza Uncibay. Fernando Villén, frente al Café Doña Mariquita, en la plaza Uncibay.

Fernando Villén, frente al Café Doña Mariquita, en la plaza Uncibay. / Javier Albiñana

Fernando Villén lleva desde los 13 años detrás de la barra del café Doña Mariquita, situado en la céntrica plaza Uncibay de Málaga, y hasta ahora no ha faltado ni un solo día. Por allí ha visto pasar a generaciones enteras, clientes fieles a los que aprecia tanto como a su bar y de los que estos días se despide. Doña Mariquita cerrará a finales de marzo, porque a sus 69 años, su dueño se ve “obligado” a jubilarse por un problema de salud que le hará pasar por el quirófano.

Aunque Fernando, que este miércoles ha estado, como siempre, en el negocio, asegura que echa el cierre en contra de su voluntad, por la presión de su familia que “se me ha echado encima” en bloque. Cuenta, con cierta pena, que sus hijos, su mujer y sus hermanos se le “han puesto enfrentados”, preocupados por su estado de salud. Y es que desde hace un año y medio acarrea un problema de corazón por el que, dentro de poco, tendrá que ser intervenido quirúrgicamente.

“Parece ser que me han dicho que tengo un tratamiento severo que hacer y la familia no quiere que siga trabajando”, afirma Fernando, agregando que “me han obligado, no entrecomillas, me han obligado totalmente”. Insiste en que no tiene ganas de jubilarse, porque nunca ha pensado en ello. “Como me encuentro bien y soy una persona muy activa, jamás he estado fuera del mostrador”, señala, dando la razón a su familia cuando reconoce que “si el negocio sigue voy a seguir entrando y trabajando”.

“Me conocen bien y verdaderamente llevan razón”, reconoce. “Me haré la intervención, miraré cómo quedo... espero que bien. Y como tengo unos añillos ya, lo más seguro es que no pueda reincorporarme, o que no me dejen”, bromea Fernando, que relata que su clientela lleva todo el día dudando de que se vaya a jubilar.

Doña Mariquita abrió en noviembre de 1942 como una lechería regentada por su padre, Francisco Villén, encarcelado durante la Guerra Civil, que abrió el negocio al salir de prisión. Su hijo recuerda que tomó el relevo cuando su padre falleció y que convirtió aquella antigua lechería, que no terminaba de funcionar, en una de las más populares de la ciudad. Al principio el local era de alquiler, explica Fernando, pero en 1985 tuvo la oportunidad de adquirirlo. “Opté por comprar y creo que acerté”, subraya. Después se hizo también con otros locales adyacentes.

La plaza Uncibay ha cambiado mucho en estos 77 años, pero Doña Mariquita siempre ha estado ahí. Fernando presume de café “el mejor de Málaga”, según los asiduos al negocio, y de una “magnífica” y selecta clientela. Varias generaciones que desde los inicios son fieles a la cafetería. “Son gente que llevan entrando en el Doña Mariquita desde que eran novios, y ahora ya tengo a los nietos y bisnietos de ellos... y jamás me han visto sentado fuera del mostrador”, asegura. También reconoce el trabajo de sus empleados, que han demostrado ser “excelentes” profesionales.

Ahora, jubilado, manifiesta que no sabe qué hará fuera del negocio. Su familia le anima a que “salga para arriba y para abajo”, pero él dice que no sabe si va a “aguantar eso”. “Si soy sincero, no lo sé, porque yo he sido un hombre muy dinámico, he hecho de todo... tratos, operaciones, he llevado construcción, el negocio, taxi... y ahora mismo no sé si voy a poder estar quietecito”, expone. “A no ser que el médico me amarre”, bromea. Y, entre risas, se despide afirmando que no pierde la esperanza de “convencer” a su familia y volver a abrir Doña Mariquita. “Yo lo intentaré”, sentencia.

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