El ejemplo de Kaloyán: la carrera como refugio frente la enfermedad
El estudiante búlgaro fue diagnosticado de cáncer al inicio del Grado en Ingeniería del Software y reconoce que estudiar hizo el proceso más llevadero
Manuel Torres, el alumno de la UMA con 80 años que cursa su tercera carrera
Cuando a Kaloyán Ilkov, de 19 años, le diagnosticaron leucemia, su vida se detuvo de golpe. Tenía 18 años, acababa de comenzar el Grado en Ingeniería del Software en la Universidad de Málaga y todo apuntaba a una juventud corriente marcada por las clases, los exámenes y los 'juernes' universitarios. Sin embargo, entre sesiones de quimioterapia y un trasplante de médula ósea, la universidad se convirtió en algo más que un lugar donde formarse: pasó a ser un refugio, una vía de escape frente a un proceso muy duro que todavía le sigue marcando.
Kaloyán cursa actualmente segundo en la ETSI Informática, aunque su paso por la universidad se vio condicionado desde el inicio. La leucemia apareció en enero de 2025, cuando apenas había completado el primer semestre, y desde entonces ha seguido vinculado a la carrera en modalidad online, adaptando el ritmo académico a un proceso largo y exigente. Ahora, todavía en recuperación, empieza a mirar de nuevo hacia la facultad, con la expectativa de poder reincorporarse a las clases presenciales el próximo mes de febrero.
No lo vivió como una renuncia, sino como una adaptación. Estudiar ingeniería informática, una disciplina que permite trabajar desde cualquier lugar, le dio margen para seguir avanzando sin dejar de cuidarse. La carrera no se convirtió en una carga añadida, sino en una estructura a la que agarrarse cuando todo lo demás era inestable.
“Como es una rama que me gusta y que se puede hacer desde cualquier parte, me ha venido bastante bien”, asume el estudiante de origen búlgaro. “Realmente ha conseguido que todo este proceso sea más llevadero y me ha evadido, porque si no estaría en mi casa sin hacer nada y pensando en que estoy malo”.
Una juventud en pausa
Antes de la enfermedad, su vida se movía a otro ritmo. Kaloyán era un chico deportista que practicaba boxeo, bicicleta, y todo lo que lo mantuviera en movimiento. El frenazo fue abrupto y difícil de asimilar. Las limitaciones médicas tras el trasplante y las bajada de defensas por la quimioterapia le obligaron a reducir al mínimo su actividad física e incluso social.
“Siempre tengo que estar alejado de todos por riesgo de contagio”, explica. Los planes se caen, las rutinas cambian y las relaciones se ponen a prueba. “Algunos amigos te dejan de hablar, con otros pierdes el contacto porque creen que te molestan si te ponen un mensaje, etc. Pierdes muchas relaciones porque no estás tan presente”.
Y a pesar de que la enfermedad ha sido una experiencia dura para Kaloyán y ha perdido cosas por el camino, sus palabras no están acusadas de reproche. "Me he sentido bastante solo durante algún tiempo, pero hay que ser positivo, es la única forma de superar algo así”, admite con estoicismo.
En ese contexto, el respaldo académico adquirió un peso decisivo en su vida. Kaloyán no duda cuando habla del profesorado y de lo que le han facilitado el seguir estudiando. “Los docentes han estado ahí siempre, disponibles en todo momento, y han sido flexibles conmigo entendiendo mi situación. Han evitado que mi enfermedad se tradujera en una expulsión silenciosa del sistema y haya sido un apoyo", manifiesta el estudiante de la UMA.
Ese acompañamiento se amplió cuando entró en contacto con la oficina de atención a estudiantes con discapacidad o enfermedades graves de la universidad. Allí encontró algo más que asesoramiento administrativo. Encontró a otros jóvenes en situaciones similares. “Nos reúnen en un grupo con chicos que tienen alguna enfermedad parecida para no sentirnos tan solos”. Escuchar a otros, compartir miedos y normalizar la experiencia tuvo un efecto inspirador que fue más allá del apoyo emocional.
Su vocacación: la inteligencia artificial enfocada a la salud
Mirar hacia adelante forma parte de esa misma lógica. Kaloyán tiene claro que quiere seguir en la universidad y que su futuro profesional esté vinculado a la salud. La inteligencia artificial aparece como un campo lleno de posibilidades, especialmente en el ámbito hospitalario.
Habla de análisis de datos, detección temprana de tumores o apoyo a la toma de decisiones médicas. Lo hace con cautela, consciente de que aún está empezando. “Todavía me queda mucho por aprender, pero ya me fijo en compañeros mayores que están en cuarto y en algunas de sus investigaciones que hacen y me encantaría seguir ese camino”, reconoce.
La vocación estaba ahí antes de la enfermedad, pero esta terminó de afinarla. La tecnología, en su caso, no es solo una salida profesional, sino una forma de devolver parte de lo recibido. Mientras tanto, Kaloyán sigue avanzando a su ritmo. Recuperándose, estudiando y proyectando un futuro. La universidad no le ha curado, pero le ha ofrecido algo igual de importante, un lugar donde sentirse normal en un contexto que no todo el mundo es capaz de remontar.
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