Málaga

Patricia Alba

La gran revolución educativa: un alumno menos… en 2026

11 de febrero 2026 - 20:09

Por fin. Después de tantos años de promesas, titulares grandilocuentes y declaraciones cargadas de “apuesta firme por la educación pública”, la educación andaluza está a punto de vivir una transformación histórica de la mano del Gobierno de Moreno Bonilla. Una de esas que se estudian en los libros cuando se hablan de los grandes avances educativos en nuestra tierra. Una medida valiente, contundente, casi temeraria. Bajar la ratio exclusivamente en el segundo ciclo de infantil.

Eso sí, con calma. Sin prisas. Que estas cosas hay que hacerlas bien, con cabeza, con planificación… y, sobre todo, sin que se note demasiado.

El pasado mes de julio, el Presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, firmó un acuerdo con algunas secciones sindicales. En este acuerdo, entre otros, se recoge una bajada de ratio que entra en vigor en septiembre de 2026, es decir, dentro de un tiempo razonable: dos cursos, un par de veranos y lo que haga falta para que a nadie le dé un sofoco por el cambio repentino. Porque claro, mejor no revolucionar el sistema educativo de golpe, no vaya a ser que alguien piense que esto iba en serio. Una bajada que se puede calificar de selecta, elegante y casi simbólica.

La medida, además, está cuidadosamente diseñada para ser discreta. Nada de bajar ratios en Primaria o Secundaria, donde las aulas van llenas y los docentes llevan años pidiendo medidas urgentes. No. Eso sería demasiado evidente.

Aquí se baja la ratio solo en el segundo ciclo de Educación Infantil. Es decir, en 3, 4 y 5 años. Que está muy bien, por supuesto. Nadie discute que Infantil merezca mejores condiciones. Pero resulta curioso que la “gran bajada de ratio” se aplique justo donde es más fácil venderla y donde menos impacto tiene en el conjunto del sistema.

Y lo mejor: la ratio baja en un alumno para el curso 26/27. Uno.

Sí, han leído bien. Un alumno menos por clase.

Una decisión valiente que puede cambiarlo todo. De 25 a 24. Un antes y un después. Una diferencia tan abismal que probablemente los docentes necesiten apoyo psicológico para adaptarse a semejante alivio.

Porque claro, cuando un aula tiene 25 niños pequeños, eso es inasumible. Pero con 24… eso ya es otra cosa. Eso ya roza la excelencia educativa europea.

Pero no acaba ahí la obra maestra.

Esta bajada de ratio no se aplicará completamente hasta dentro de tres cursos escolares, para terminar de forma definitiva en 22 alumnos. Es decir, empezará en 2026, pero no terminará de desplegarse hasta 2029, aproximadamente. Un plan perfecto para que todo el mundo pueda decir que “se está haciendo”, aunque en la práctica el efecto real tarde tanto en llegar que igual para entonces ya estamos discutiendo si las clases se dan con libros o con hologramas.

Qué fácil es prometer hoy lo que se notará dentro de varios años, cuando ya nadie se acuerde del anuncio, cuando el titular haya caducado y cuando las familias hayan pasado por el sistema sin ver la mejora.

Es como decir: “tranquilos, que estamos apagando el incendio… pero empezamos en 2026 y terminamos en tres temporadas”.

Una medida para aplaudir… con suavidad

Por supuesto, habrá quien diga que “algo es algo”, que “es un paso en la buena dirección”, que “no se puede hacer todo de golpe”. Y sí, es verdad. Pero también es verdad que la educación pública andaluza no está para gestos mínimos ni para campañas de marketing.

Porque si de verdad se quisiera bajar la ratio, se haría de forma inmediata y generalizada, empezando por donde más falta hace. Se acompañaría de contratación de profesorado, ampliación de plantillas, refuerzo de atención a la diversidad, más PT y AL, más recursos, más inversión real.

Pero no. Aquí la prioridad parece ser otra: anunciar una bajada de ratio lo suficientemente pequeña como para no molestar al presupuesto, pero lo bastante vistosa como para salir en rueda de prensa.

Un alumno menos. En Infantil. En 2026. Y terminando dentro de tres cursos.

Esto no es una bajada de ratio, es un poema administrativo.

Y después de todo podemos llegar a la conclusión de que Juanma Moreno ha aprobado una bajada de ratio que no molesta a nadie, consiguiendo algo muy difícil: vender una medida como si fuera un gran avance sin que suponga un cambio real a corto plazo.

Porque si la educación pública necesita oxígeno ahora, lo lógico sería actuar ahora. Pero esta bajada de ratio está pensada para lo de siempre: que parezca mucho, que cueste poco y que se note lo justo.

Y mientras tanto, las aulas seguirán llenas, el profesorado seguirá desbordado y las familias seguirán escuchando que “Andalucía avanza”.

Avanza, sí. Pero despacito. No vaya a ser que lleguemos demasiado pronto al futuro.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último