Málaga afronta un período hídrico con todas las garantías a medio plazo

Las lluvias de los últimos dos meses elevan casi al 66% las reservas de los siete embalses de la provincia, lo que se traduce en agua para más de dos años

La Viñuela, la 'resurrección' de un pantano muerto hace dos años en Málaga

El pantano Conde del Guadalhorce, en Ardales, en una imagen reciente.
El pantano Conde del Guadalhorce, en Ardales, en una imagen reciente. / Javier Flores

Casi sin verlas venir, la provincia ha pasado de una sequía extrema –de las más duras que se recuerdan en décadas–, a vivir en un constante sin parar de lluvias. Los pantanos, que hace un par de años estaban tiritando –por ser generosos– con menos de 100 hectómetros cúbicos de agua, apenas el 16% de lo que les cabe, están ahora por encima del 65% de su capacidad, según los datos oficiales de la red Hidrosur. El viernes, día de tregua tras el último tren de precipitaciones, las siete presas malagueñas sumaban casi 397 hectómetros cúbicos, lo que aleja la emergencia hídrica y coloca a Málaga ante un escenario más tranquilizador, con las garantías de abastecimiento cubiertas, al menos, a medio plazo.

Desde que comenzó el año hidrológico, pero especialmente en los dos últimos meses, en toda la provincia está lloviendo “significativamente por encima de lo normal”, según confirma el director del Centro Meteorológico de Málaga, Jesús Riesco. Solo el pasado diciembre cayeron una media de 123 litros por metro cuadrado, más del doble de los 56 recogidos en el mismo mes de 2024. “Estamos con superávit de precipitación y la semana que viene va a seguir lloviendo”, dice Riesco, apuntando que ahora “la gestión de embalses es fundamental”.

Los 397 hectómetros cúbicos de agua embalsada ahora son unos 228 más que hace un año y multiplica por cuatro las reservas de hace dos. La diferencia es más que notable, pero, ¿cuánto tiempo da esto? Para que los cálculos fuesen más exactos habría que hacerlos por cuencas, pero si se pudiera trasvasar el agua a voluntad, las reservas actuales de los siete pantanos darían para garantizar el abastecimiento durante dos años y medio, teniendo en cuenta la estimación general de que en la provincia se suelen distribuir unos 159 hectómetros cúbicos anuales –47 consume la capital, 90 la costa occidental y 22 la Axarquía, sin tener en cuenta la agricultura; Antequera y Ronda beben de sus pozos–. El plazo de tranquilidad sería mayor al sumarle los pozos y la producción de la desaladora de Marbella.

Lo mejor de estos temporales es que sus precipitaciones han llegado a todos las presas, con especial satisfacción en el caso de los del complejo Guadalhorce (Guadalteba, Conde del Guadalhorce y Guadalhorce) y el de La Viñuela, las dos zonas más sensibles. Así, el pantano del Guadalhorce, se encuentra al 52% con más de 65 hectómetros cúbicos, mucho mejor que hace un año, cuando tenía 16; el Conde del Guadalhorce –el conocido como la playa del interior de Málaga–, está al 90% de su capacidad, con casi 60 hectómetros cúbicos, cuando hace un año tenía 27; mientras que el de Guadalteba atesora más de 110 hectómetros cúbicos, en contraste con los 31 de hace un año. Es un 72% de lo que le cabe. Por su parte, el embalse de la Concepción, ubicado en Istán y del que se abastece la costa occidental, está al 83% de sus reservas, con 48 hectómetros cúbicos, y después de haber tenido que abrir sus compuertas para tirar agua. En este pantano la pluviometría acumulada a estas alturas del año hidrológico (391 litros por metro cuadrado), supera ya todo lo recogido el año hidrológico pasado.

En cuanto a La Viñuela, el pantano más grande de la provincia y del que se abastece La Axarquía, es el que más ha agradecido estas lluvias, pues roza el 54% de su capacidad por encima de los 88 hectómetros cúbicos, más del doble que hace doce meses y después de haber estado al 7% hace un par de años. Por último, las pequeñas presas de la capital, el Limonero y Casasola, están al 94% y 52%, con 13 y 11 hectómetros cúbicos, respectivamente. En solo una semana, entre todos ellos, han sumado 41 hectómetros cúbicos, y las reservas suben por horas, gracias a las muchas escorrentías.

Pese a esto y al optimismo generalizado, los expertos advierten de que lo peor que se puede hacer es lanzar las campanas al vuelo. “El agua no nos sobra, sigue siendo un bien escaso”, insiste el catedrático de Geografía Física de la Universidad de Málaga (UMA), José Damián Ruiz Sinoga, que sostiene que “este es el momento en el que hay que empezar a planificar la siguiente sequía” que, advierte, “a buen seguro se va a producir”. Mientras tanto, comenta, “alegría y mirar para atrás y decir: de la que nos hemos librado, porque la situación era terrible hace un par de años”. Así, valora el resurgir de los embalses como “una buena noticia” porque “veníamos de una situación crítica”, pero lamenta que “parece que se nos ha olvidado toda una retahíla de medidas”. “Estábamos hablando de la posibilidad de abastecer con barcos cuba, ya se nos ha olvidado; hablábamos de tres desaladoras, que parece que se nos ha olvidado también; de la interconexión entre embalses, se nos ha olvidado...”, recuerda.

La dinámica climática mediterránea es así, explica Sinoga, una sucesión de “pequeños” períodos húmedos y “amplios” secos. “Ahora nos está tocando la ventaja de estar viviendo uno inusualmente húmedo. Genial, buenísimo. Pero lo que tenemos que hacer es aprender, para cuando no haya”, afirma, porque según subraya, no se sabe cuánto va a durar. “A lo mejor un año, año y medio... muy poco”, comenta, al tiempo que agrega que lo que sí está constatado es que “este pico nos marca una anomalía respecto a la media pluviométrica de Málaga”, por lo que pide aprovechar este momento de “euforia” para “actuar con cabeza, con sentido común y con previsión” y “optimizar” los recursos hídricos.

Según dice, a la provincia le conviene asumir “la cultura del agua” y desarrollar estrategias para “adaptarnos para cuando vengan mal dadas”. Reconoce que es “muy difícil plantear estrategias de control hídrico cuando tienes agua, cuando estás viendo llover”, pero dice que hay una parte fundamental de educación ambiental, de concienciación ciudadana y pedagogía, que más valdría fomentar desde ya. “Hay que saber que todo esto que nos está lloviendo, que es magnífico, no es la norma, que el agua no es un recurso que nos sobre”, insiste. Puntualiza, como ejemplo, que “en algunas áreas, las más demandantes, estamos al 50%”.

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