Sociedad

Málaga triplicará su población de la tercera edad en apenas tres décadas

  • El índice de envejecimiento es alto en zonas como la Axarquía o la Serranía de Ronda y bajo en el Guadalhorce

Viandantes en calle Larios, en Málaga capital. Viandantes en calle Larios, en Málaga capital.

Viandantes en calle Larios, en Málaga capital. / Javier Albiñana

La población malagueña está envejeciendo a pasos agigantados e irá a más, ya que en las tres próximas décadas entrarán en la denominada tercera edad las personas que nacieron en el baby boom de los años 60, 70 y parte de los 80. El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de publicar sus proyecciones de población que, en el caso de Málaga, eleva hasta 2035 y el resultado es muy llamativo. Estos expertos consideran que la población total en la provincia malagueña pasará de los 1,68 millones actuales a los 1,81 millones dentro de 15 años. Son unas 130.000 personas más, pero la particularidad es que la mayoría de ese incremento tendrá lugar en las personas con más de 65 años.

El INE hace una estimación incluso por cada año de vida. En este sentido, detalla que ahora hay 340 personas con 100 años o más en Málaga y prevé que en 2035 habrá casi 1.000 centenarios, por lo que se triplicará. En la franja de edad comprendida entre los 75 y los 100 años se espera que se duplique o se triplique la población en función del año de nacimiento, mientras que los nacimientos se mantendrán prácticamente congelados en unos 13.000 anuales.

Se espera que en 2035 haya un millar de personas centenarias en Málaga, el triple que ahora

¿Qué se puede esperar? ¿Qué ventajas o inconvenientes suponen este irreversible proceso de envejecimiento? Este diario se ha puesto en contacto con dos de los mayores expertos en la materia en esta provincia y coinciden en señalar que el envejecimiento de la población es ya un factor que está siendo importante en el presente y que lo será más en el futuro. “Vamos a un envejecimiento de la población y sabemos que esta tendencia tiende a consolidarse, aunque también sabemos que en el devenir de los años pueden presentarse fenómenos imprevisibles que alteren las proyecciones como desastres naturales, conflictos bélicos y aún otros que no solíamos tener en consideración como ha sido la pandemia por coronavirus”, explica Rafael Durán, profesor de la Universidad de Málaga experto en inmigración y gerontología, quien añade que “respecto a las proyecciones hay que tener en cuenta que también se puede actuar sobre ellas, que de la mano de las políticas que adopten nuestros gobernantes pueden maximizarse las oportunidades y minimizarse los riesgos”.

Una señora mayor en la localidad malagueña de Pujerra Una señora mayor en la localidad malagueña de Pujerra

Una señora mayor en la localidad malagueña de Pujerra / Javier Flores (Pujerra)

El envejecimiento es un fenómeno global que afecta principalmente a continentes como Europa. Naciones Unidas prevé que el grupo de personas mayores de 64 años será el que más crecerá en el mundo en los próximos años, duplicando con creces en 2050 sus datos de 2019, y representando un volumen superior al de personas de entre 0 y 24 años, a los jóvenes. En el caso de Málaga, según los estudios realizados, Durán señala que “el porcentaje de personas mayores respecto a los menores de 16 -el índice de envejecimiento- se va a triplicar en los próximos 35 años”.

Durán precisa que Málaga tiene un componente singular al igual que otras provincias como Almería, Alicante, Murcia o las islas: los extranjeros jubilados residentes. “La incertidumbre sobre la evolución del fenómeno gerontomigratorio en los próximos años no tiene tanto que ver con el impacto de la pandemia porque lo previsible es que se recuperen los flujos, como con el impacto del Brexit”, señala Durán, quien recalca que “si al hablar de mayores con mejor esperanza y calidad de vida hablamos de la generación de un nicho de empleo y consumo de la mano de la atención a los cuidados y el ocio que demandan, al hablar de mayores extranjeros, en el caso de quienes perciben sus pensiones de fuera de España, hablamos de un colectivo de convecinos cuyos ingresos no proceden de las arcas públicas de su lugar de residencia. Que el fenómeno tenga continuidad y sea sostenible, suponiendo como supone un incremento de la población mayor, depende de decisiones y actuaciones institucionales, incluidas las municipales”.

Rafael Durán, experto en inmigración y gerontología: "El fenómeno gerontomigratorio dependerá más del Brexit que del Covid-19”

Remedios Larrubia, profesora de Geografía Humana en la UMA, va en la misma línea y destaca que “no solo envejece la población sino que son los octogenarios y los nonagenarios los que más aumentan”. Entre las causas que explican este fenómeno están, según esta experta, la caída de la fecundidad -que ahora está en 1,2 hijos por mujer cuando en los años 80 era prácticamente el doble- y en el aumento de la esperanza de vida.

No obstante, el índice de envejecimiento de Málaga no es de los más grandes de España y la situación, como se suele decir, va por barrios. Larrubia ha realizado estudios que señalan que hay zonas con índices muy elevados de envejecimiento como la Sierra de las Nieves, la comarca de Nororma o la Axarquía y otras con tasas bajas como la zona del Guadalhorce al ser una zona metropolitana elegida por muchas personas de mediana edad para tener una vivienda de mayor tamaño y mejor calidad de vida que en la urbe.

Remedios Larrubia, profesora de Geografía Humana: "Nos hemos acostumbrado a una vida cómoda y tener hijos es un sacrificio”

Desde el punto de vista demográfico Larrubia afirma que se está produciendo una feminización de la población, al tener la mujer una mayor esperanza de vida que la del hombre, y una masculinización del medio rural, porque numerosos hombres están volviendo a los pueblos para trabajar en el campo mientras que está habiendo una emigración femenina de los pueblos a las ciudades ante la dificultad que tienen las mujeres, sobre todo aquellas que tienen una formación universitaria, de encontrar un empleo acorde a su cualificación. “Este desequilibrio por sexo en este grupo de edad frena el emparejamiento en los pueblos y la natalidad”, indica la profesora de Geografía Humana.

Un señor mayor sentado en un banco. Un señor mayor sentado en un banco.

Un señor mayor sentado en un banco. / Javier Albiñana (Málaga)

Para que la tasa de dependencia entre las personas de la tercera edad y la población activa sea menor la solución más evidente es aumentar la natalidad, aunque es necesario crear más medidas de conciliación de la vida laboral y familiar. “La natalidad no va a ser como la que tenían nuestros abuelos porque nos hemos acostumbrado a una forma de vida cómoda y tener hijos es un sacrificio. Con uno o dos hijos les damos todo y nos permite tener una vida más descansada que si tuviéramos cinco o seis”, narra Larrubia.

Los economistas, sociólogos, geógrafos, políticos, empresarios, representantes sindicales, etcétera llevan años analizando cómo mantener una población envejecida con los recursos económicos y humanos existentes, es decir, cómo conseguir que cada vez menos personas coticen lo suficiente para mantener a más. Se ha propuesto retrasar la edad de jubilación, fomentar la natalidad, lanzar planes de pensiones privados... Pero hay un elemento que se tiene poco en cuenta y es clave. El salario medio en Málaga y, por tanto, su cotización es muy bajo y eso implica que las pensiones presentes y futuras vayan a ser peores. Expertos hablan de subir los sueldos, pero la realidad es bien distinta. ¿Aguantará el sistema público de pensiones? ¿Podrán vivir de forma digna las personas que ahora tienen 40 ó 50 años dentro de 20 ó 30 años? Hay muchas incógnitas sobre la mesa y solo una cosa clara: el envejecimiento es imparable.

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