Málaga se tiñe de morado en un 8M que vuelve a llenar las calles

Unas 5.000 personas, según las cifras que maneja la Policía, recorren el centro en una manifestación marcada por la reivindicación feminista, los mensajes contra la violencia machista y las referencias a las guerras que atraviesan el mundo

La manifestación del 8M en Málaga, en fotos

La manifestación del 8M en Málaga, en fotos
La manifestación del 8M en Málaga, en fotos / Ana Jiménez

El color de hoy no ha sido el rojo, característico del Festival de Cine: ha sido el morado. El centro de Málaga se ha teñido completamente de ese color característico en el 8M, y no como metáfora fácil, sino como una realidad física, visible e imposible de ignorar. Unas 5.000 personas, según estimaciones realizadas por la Policía Nacional, han tomado las calles este 8 de marzo en una manifestación que ha recordado que el feminismo también se vive como una forma de guerra. Una guerra interna que muchas mujeres libran contra el miedo, contra las desigualdades y contra los límites que aún persisten. Una guerra externa contra el machismo que sigue atravesando la sociedad. Y también una guerra que conecta con otras violencias que hoy sacuden al mundo, desde los conflictos armados hasta la realidad de mujeres que viven bajo el peso de los conflictos bélicos, como ocurre ahora mismo en Irán.

A las doce en punto del mediodía, la Plaza de la Merced ya estaba llena. Pancartas en alto, camisetas moradas, tambores marcando el ritmo y una sensación que se repite cada 8M pero que nunca pierde fuerza, la de una ciudad que, durante unas horas, decide caminar junta para exigir algo tan básico como vivir libres de violencia y con los mismos derechos.

La manifestación comenzó a avanzar poco después, formando una marea morada de mujeres jóvenes, mujeres mayores, niñas subidas a hombros, colectivos feministas históricos, asociaciones vecinales, sindicatos, estudiantes y familias enteras. Un retrato plural de la ciudad que hoy se ha concentrado en torno a una reivindicación compartida, y que vuelve a enseñarnos que Málaga no es solo una postal bonita que colgar en la nevera a la vuelta de las vacaciones, sino una ciudad concienciada con las causas que de verdad importan.

Los lemas se multiplicaban a cada paso. Algunos coreados en voz alta, otros escritos con rotulador sobre cartulinas improvisadas. Contra la violencia machista, por la igualdad real, por el reconocimiento de los cuidados, por la libertad de las mujeres en todos los ámbitos de la vida. Mensajes directos, a veces duros, otras veces irónicos, pero todos atravesados por la misma certeza de que los avances logrados no son suficientes y que el feminismo sigue siendo una herramienta imprescindible.

También había banderas de muchos colores. Banderas feministas, banderas del colectivo LGTBI, pancartas de sindicatos, colectivos sociales, países y asociaciones vecinales. Y también mensajes contra la guerra. En un momento político internacional especialmente convulso, con el conflicto que continúa en Irán como telón de fondo, muchas participantes recordaban que el feminismo también es una posición política frente a la violencia en todas sus formas.

El recorrido fue transformando el paisaje habitual del centro. Calles que normalmente pertenecen al turismo o al comercio se convirtieron durante un par de horas en un espacio de protesta y de memoria por las que ya no pueden marchar en este día tan importante. La ciudad, acostumbrada a proyectarse hacia fuera como un destino cultural y abierto, mostró también su dimensión más reivindicativa.

Uno de los momentos más curiosos del recorrido se produjo al pasar por el entorno del AC Málaga Palacio. A las puertas del hotel ya se concentraba bastante gente esperando a ver salir a algunos de los invitados del Festival de Cine. Móviles preparados, cámaras listas y la expectación habitual de estos días en los que el glamour del cine se instala en la ciudad. Durante unos minutos, ambas escenas convivieron en el mismo lugar. Mientras algunos aguardaban la aparición de actores o directores, miles de mujeres atravesaban la zona entre cánticos y pancartas. El glamour del festival y la fuerza de la protesta cruzándose en el mismo punto, como dos formas muy distintas de entender el protagonismo de una ciudad.

Algo similar ocurrió en Calle Larios. Allí donde estos días se despliega la alfombra roja del festival, la manifestación avanzó por encima de ella. Bajo los pasos de miles de personas, esa alfombra cambió de significado durante un rato. Dejó de ser solo un símbolo del cine para convertirse, al menos simbólicamente, en una alfombra morada siendo una imagen de la reivindicación feminista atravesando el escenario habitual del espectáculo. La escena, desde luego, era de cine.

En algunos momentos el ambiente tenía algo de celebración colectiva. Sonaban altavoces con música, los cánticos se convertían en coros espontáneos y muchas personas se sumaban desde las aceras o desde los balcones. Pero bajo esa energía también estaba muy presente el motivo de la convocatoria. Las cifras de violencia machista, las desigualdades laborales, las brechas que siguen atravesando la vida cotidiana de muchas mujeres.

La jornada dejó también un gesto final cargado de simbolismo. Alrededor de la una de la tarde, cuando la concentración ya se dispersaba, la fuente de la Plaza de la Constitución apareció teñida de rojo.

El gesto, explicaban algunas participantes, pretendía representar la sangre de tantas mujeres asesinadas por la violencia machista. Un recordatorio incómodo pero directo de lo que todavía está en juego. La sangre de quienes ya no están y la de tantas mujeres que siguen sufriendo violencia en distintos lugares del mundo, también en contextos bélicos.

El final, como año, estaba marcado por la lectura del manifiesto feminista preparado para este 8 de marzo. Un texto que volvió a insistir en las principales demandas del movimiento: el fin de la violencia contra las mujeres, políticas públicas que garanticen igualdad efectiva, la defensa de los derechos conquistados y la alerta frente a cualquier retroceso.

Entre los asistentes había representantes políticos, como suele ocurrir en este tipo de convocatorias, pero no han sido el centro de la jornada. Hoy la verdadera protagonista ha sido la ciudadanía. Las mujeres que han llenado las calles con su presencia y con sus voces.

Porque si algo ha quedado claro en esta jornada es que Málaga puede albergar muchas cosas al mismo tiempo. Puede desplegar el brillo del cine y, al mismo tiempo, convertirse en escenario de una reivindicación que atraviesa generaciones. Hoy el centro no solo estaba lleno de cultura o de focos. También estaba lleno de lucha.

Cuando el centro empezó a recuperar su ritmo habitual, una sensación difícil de ignorar resonaba a lo lejos. Durante unas horas, Málaga se había llenado de voces que reclamaban algo tan simple como vivir en igualdad.

Una certeza que se repite cada 8 de marzo: que mientras existan desigualdades, las calles seguirán llenándose de morado. Porque frente a todas las guerras, las visibles y las que se libran en silencio, el feminismo sigue siendo una forma de resistencia colectiva.

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