La operación ‘Florazo’ destapó en Málaga otra víctima de Lleida que entregó 300.000 euros a un falso actor de cine
La empresaria también fue estafada como la gerente de la agencia de viajes que se apropió de 100.000 euros de 55 clientes
Operación 'Florazo': una víctima del timo del amor estafa 100.000 euros a 55 clientes de su agencia de viajes en Málaga
La Policía Nacional siguió durante meses el rastro del dinero que había desaparecido de una agencia de viajes con solera en Málaga. Lo que comenzó como una posible estafa a manos de la responsable de un negocio cerrado sin previo aviso terminó destapando un presunto fraude amoroso. En el centro de esa trama, una segunda víctima, una empresaria catalana, despojada, en su caso, de más de 300.000 euros. Su historia, explica en una entrevista con este periódico la inspectora del Grupo de Investigación Patrimonial y Localización de Activos (IPAL) de la Comisaría provincial, es paralela a la de la gerente malagueña de Florín, que se había apropiado de 100.000 euros de sus clientes para entregárselo a un delincuente que, durante un año, se hizo pasar por su pareja. Dos mujeres y un mismo engaño.
"La tenía enganchada, estaba muy enamorada"
Cuando la agencia de viajes bajó la persiana, decenas de familias se quedaron sin viajes y sin ahorros. Hasta 55 afectados denunciaron en comisaría. Las primeras indagaciones se centraron en Florinda, la dueña de la empresa, que acabó en prisión. Si bien sabía, cree la investigadora, del perjuicio económico que estaba causando a las familias que confiaron en ella sus ahorros siguió adelante, confiada en un supuesto militar en apuros que decía estar a punto de jubilarse en El Líbano. “Ella le decía que estaba comprometiendo los sueños de sus clientes, llevándose sus ahorros para llevar a esos niños a Disney, pero estaba muy enamorada. Incluso pensaba que al salir de la cárcel seguiría con él”. La tenía “enganchada” y acabó siendo víctima de una estafa amorosa en la que perdió una suma de 240.000 euros.
Al tirar de hilo, los agentes descubrieron que gran parte del dinero defraudado había salido hacia seis destinatarios y que una cuenta bancaria destacaba sobre las demás: la de una mujer residente en Guissona, en Lleida, con cerca del 80% de los fondos.
La titular era una empresaria agraria, con una posición económica estable y una red familiar consolidada, la misma que destruiría tras verse, supuestamente, implicada en una trama de blanqueo y estafa. Según la investigación, también ella mantenía desde hacía un tiempo una relación virtual con un hombre que se presentaba, en su caso, como un reputado actor de cine, que tampoco existía.
Las conversaciones reproducían la dinámica de una pareja: confidencias, celos, apoyo emocional y promesas de futuro. El estafador, primero, logró conquistarla; después llegarían las peticiones de dinero. Le aseguraba que necesitaba fondos para desbloquear herencias o inversiones. Más tarde, le prometía que, si seguía enviando dinero a otras cuentas, podría recuperar lo perdido a cambio de comisiones irrisorias. Nunca ocurrió.
La mujer llegó a transferir más de 300.000 euros a un novio ficticio. Para conseguirlo, recurrió a amigas y familiares, y solicitó préstamos personales. Endeudó a su entorno, generando graves tensiones en su círculo familiar, que terminó desvinculándola de la empresa que gestionaba. Estuvo cerca de la “bancarrota”, afirma la inspectora al frente de la investigación. Reconocía su desesperación por recuperar lo perdido, se preguntaba qué había hecho mal y buscaba una salida que nunca llegaba.
Sin saberlo, estaba siendo utilizada como mula bancaria: recibía el dinero procedente de Málaga y lo reenviaba siguiendo las instrucciones de la red de engaño. También esta empresaria catalana estaba atrapada en un engaño virtual.
Desde Lleida, los fondos eran canalizados hacia plataformas de criptomonedas y empresas informáticas. A partir de ahí, el dinero viajaba a cuentas abiertas en países como Kenia o Nigeria, donde se perdía el rastro.
Los investigadores comprobaron que la mayoría del dinero de la agencia malagueña había pasado por sus manos. Era otra víctima, como la gerente de la agencia Florín, a la que habían manipulado emocionalmente, hasta convencerla de que recuperaría su inversión si seguía obedeciendo. Ambas fueron captadas con métodos similares y, ambas, acabaron arruinadas.
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