Málaga

Una pirámide transparente para coronar la transformación de la Alameda de Málaga

  • El arquitecto Pau Soler. responsable de proyectos como el de La Coracha, el Parque y Muelle Uno, participa en el desarrollo de la estructura 

Trabajos de instalación de la pirámide en la Alameda Principal. Trabajos de instalación de la pirámide en la Alameda Principal.

Trabajos de instalación de la pirámide en la Alameda Principal. / Javier Albiñana

El nombre de Pau Soler está vinculado de manera directa a Málaga desde hace décadas. Su firma está impresa en las operaciones de regeneración del barrio de La Coracha, de la última rehabilitación del Parque y de la transformación en centro comercial del muelle 1 del puerto de la capital. Trabajos de enorme trascendencia en el pasado más cercano de la capital de la Costa del Sol a los que ahora suma uno de mucha menor entidad, pero de una carga simbólica clara: la pirámide que la Junta de Andalucía instalará en la Alameda Principal para permitir la visualización de parte de los restos del antiguo fuerte de San Lorenzo.

Aunque la base del diseño de la estructura parte del trabajo del servicio de Arquitectura de la Gerencia de Urbanismo, departamento que apostó abiertamente por aprovechar la oportunidad que presentaba la conservación del muro oeste del fuerte, la propuesta final tiene detrás la labor de Soler. Así lo confirmaron a este periódico varias fuentes consultadas y conocedoras de la operación. 

La llegada del arquitecto se produce, según las fuentes, a propuesta de las empresas adjudicatarias de la obra del Metro en la parte final de su recorrido, Acciona y Sando, ante la discrepancia que el diseño planteado por Urbanismo generaba en la Delegación de Cultura. 

El punto de fricción radicaba en la decisión de los responsables municipales de Arquitectura por utilizar acero corten en uno de los lados de la pirámide, material al que se negó Cultura ante la posibilidad de que pudiese desprender óxido, perjudicando la instalación final. 

Es en este punto en el que se demanda la colaboración de Soler, quien ha servido como "desarrollador" del diseño inicial. "Lo que ha hecho ha sido acotarlo, poner la estructura, decidir cómo se sujetan los cristales", expusieron las fuentes consultadas. Ante los peros de Cultura, la propuesta final pasa por una pirámide irregular completamente transparente

A modo de semejanza, la instalación guardará mucha similitud con la actualmente instalada en la calle Alcazabilla y a través de la cual se pueden ver parte de los restos del Teatro Romano. La principal diferencia estriba en el hecho de que, a diferencia de ésta, la contemplada en la Alameda Principal será irregular. Es decir, todas sus caras no serán iguales en tamaño. La previsión es que alcance los dos metros de altura.

El fuerte de San Lorenzo, que se encuentra delimitados mediante placas de metal en el pavimento de la Alameda Principal, data de los siglos XVI-XVII. La estructura defensiva está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), circunstancia que obligó no solo a mantenerla sino también a ajustar la construcción del suburbano, de manera que los restos no fuesen afectados. La Consejería de Fomento desarrolló una solución técnica que permitió ejecutar los muros pantalla que dan forma al túnel soterrado.

Para evitar imprevistos, se optó, tanto en el muro este como en el oeste, trocearlos y trasladarlos a un almacén donde fueron custodiados y conservados para, una vez finalizadas la obra correspondientes, reponerlos en sus localizaciones originales. Mientras la parte este del fuerte ya fue enterrada, la parte oeste se mantendrá parcialmente visible.

Este muro es el que se localiza en la zona más cercana al río Guadalmedina, que cruza la Alameda norte con una orientación sensiblemente perpendicular. El mismo fue erigido con una función clara de protección de la ciudad por la zona occidental y servir de apoyo a las instalaciones portuarias. Tenía una planta irregular, con aposentos para las tropas y zonas de almacenes. Las fuentes ubican el mencionado castillo en una isleta que ocuparía lo que en la actualidad es el extremo oeste de la Alameda Principal. El edificio se mantuvo hasta finales del siglo XVIII, en el que Godoy ordenó su demolición.

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