Tribuna de opinión

Sobre los recursos hídricos en la provincia de Málaga

El embalse de La Viñuela. El embalse de La Viñuela.

El embalse de La Viñuela. / Javier Albiñana

Escrito por

Leandro Olalla | Doctor ingeniero agrónomo

UN reciente titular de un diario local, Andalucía se fija en la cuestión del agua en Israel, aludiendo al uso de aguas residuales depuradas (ARD) y aguas de desalinización (ADS), me hace pensar una vez más sobre el gravísimo problema que tenemos, sobre todo en la parte oriental de la provincia –también en la mayor parte de España– para satisfacer las demandas actuales, especialmente las agrícolas.

Y siendo evidentemente cierto lo que sugieren esos titulares, habría que matizarlos algo más. Porque el modelo tan eficiente de ese país se basa, primero, en un control exhaustivo y riguroso de todas sus aguas superficiales, además de efectivamente usar a tope los dos recursos citados, ARD y ADS. Y cuando hablo de un control riguroso, quiero decir que es una organización a nivel de estado, que distribuye esas aguas según calidades y necesidades.

En relación con las ARD, en alguna ocasión ya se ha alertado sobre la posibilidad de dificultades a medio plazo. Hay literatura científica que se puede consultar, en parte local (publicaciones del IFAPA Málaga) en los años 90, y más reciente de investigadores del propio Israel, que alertan de deterioros en suelos, posiblemente derivados de una mayor concentración de sodio en las ARD, y también de pérdidas lentas pero sostenidas de productividad en aguacate y otros frutales.

De hecho, ellos sugieren la mezcla de estas aguas con otras de mejor calidad para el uso agrícola. Y el problema con las ADS, sin duda aguas de buena calidad, es la suma de costes de tratamiento e impulsión, que las ponen fuera del alcance de los usos agrícolas habituales, salvo que se utilizaran también en mezclas.

Pero todo esto, que debiera ser sabido y se ha manifestado en algunos informes de la Academia Malagueña de Ciencias, en el fondo lo que está haciendo es ocultar la falta de toma de decisiones para utilizar aguas superficiales existentes dentro de la provincia, por otra parte ya previstos en antiguos planes hidrológicos, por ejemplo, la ampliación de la presa del río Verde, y la utilización de las aguas del río Genal, cuya última propuesta hace ya muchos años era a mi entender, bastante respetuosa con el medio ambiente.

Comprendo que hoy día hay una fuerte oposición a este tipo de actuaciones con argumentos medioambientales y de sostenibilidad, pero también hay argumentos a favor, porque, al final, de una manera o de otra el agua es fuente de riqueza, y habría margen para un diálogo y un acuerdo. Pero estas actuaciones tendían que ir acompañadas, como es el caso de Israel, de una planificación territorial también exhaustiva y rigurosa sobre sus usos, y de una gestión muy cercana a la realidad, que deje fuera de juego a cualquier actuación ilegal o alegal en el mismo momento en que se produzca (no como ha sucedido hasta ahora). Gestión que debería pasar primero por un mantenimiento adecuado de lo que ya existe, por ejemplo, limpiando las conducciones que hacen el trasvase de agua de los arroyos cercanos al agua al embalse de la Viñuela.

No es tarea fácil, pero podría hacerse si se ponen a trabajar juntas a todas las partes implicadas, administración, agricultores, ayuntamientos, organizaciones a favor y organizaciones en contra. Creo en el diálogo como fuente de consenso y de búsqueda de soluciones.

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