Málaga

El suelo maldito de Arraijanal

  • La Junta ya aplaza la materialización del parque metropolitano comprometido hace once años al nuevo programa de fondos europeos

Perspectiva de los terrenos de Arraijanal. Perspectiva de los terrenos de Arraijanal.

Perspectiva de los terrenos de Arraijanal.

Casi 40 años después de que los redactores del Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de Málaga lo reservasen como el espacio de natural crecimiento turístico de la capital de la Costal del Sol, Arraijanal sigue siendo un suelo maldito. Su localización privilegiada, casi en la frontera con Torremolinos, y la particularidad que le confiere el ser una de los pocos espacios del litoral aún libre de ladrillo, no han sido suficientes alicientes como para ver el desarrollo de sus algo más de 540.000 metros cuadrados.

Ninguna de las operaciones urbanísticas dibujadas sobre este paraje, ya sea con la iniciativa privada o pública como promotora, ha cuajado al punto de hacerse realidad. Ni la ya muy antigua apuesta por construir una gran marina deportiva como complemento de un desarrollo residencial de hasta 1.300 viviendas ni la más reciente apuesta por materializar un parque metropolitano, han avanzado.

Lo más que se levanta en la actualidad sobre la finca es parte del esqueleto de lo que ya debería ser la primera fase de la ciudad deportiva del Málaga CF, proyecto alternativo a los usos inicialmente contemplados, que fue aplaudido en los tiempos en los que el jeque Abdullah Al Thani era casi comparado con el Rey Midas.

La maldición que pesa sobre Arraijanal toca también de lleno a estas instalaciones, que cinco años después de que fuese firmado el acuerdo entre el Ayuntamiento y la Fundación del Málaga para cederle algo más de 100.000 metros cuadrados, sigue lastrada y sin horizonte claro de culminación. Un proyecto fracasado, de momento, que se da la mano con la incapacidad cierta de la Junta de sentar las bases de la gran zona verde prometida hace ahora once años.

Fue un 24 de junio de 2009 cuando el entonces consejero de Ordenación del Territorio, ahora alcalde de Sevilla, Juan Espadas, sorprendió a todos garantizando la salvaguarda de esta finca con el compromiso autonómico por desarrollar un parque metropolitano en la totalidad del sector.

La importancia que el Gobierno andaluz daba en aquel momento a este sector era tal que condicionó la aprobación posterior de la revisión del planeamiento urbanístico de la ciudad a que el Ayuntamiento asumiese la obligación de reservar el espacio como zona verde, así como que articulase los mecanismos para hacerse con la propiedad de los terrenos. Operación que supuso una carga próxima a los 60 millones de euros en compensaciones a los propietarios privados.

Con el avance de los años, ni una sola consignación presupuestaria de entidad suficiente como para entender que la actuación pública iba hacia adelante. Y el todo quedó en una parte del sector, reservando el resto para la Academia. El cambio de protagonistas al frente del Gobierno andaluz no ha supuesto un cambio en el panorama. Los actuales responsables de la Consejería de Fomento, con Marifrán Carazo al frente, arguyen que al poco de llegar a la institución encontraron una actuación sin proyecto alguno y carente de financiación.

De acuerdo con su tesis, el parque era uno de los muchos proyectos cuya materialización se concebía bajo el paraguas de los fondos europeos, dinero que ha acabado desapareciendo. "Estaba prevista la ejecución de las obras del parque en el marco de fondos europeos 2014-2020; sin embargo, no se ha suscrito por varias dificultades como el no contar con la disponibilidad de los terrenos", dicen oficialmente desde la Administración regional, apostillando que la iniciativa "estaba paralizada al llegar el nuevo Gobierno".

Circunstancias que han supuesto "la desprogramación de la financiación de los fondos FEDER de la actual convocatoria, por lo que una vez resuelto el convenio se volverá a solicitar la financiación a través de los fondos europeos". O lo que es lo mismo, habrá que esperar a la nueva convocatoria correspondiente al periodo 2021-2027. Una nueva espera para que Arraijanal salga del ostracismo en el que lleva instalado algunas décadas.

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