Tiñen de rojo sangre el agua de la fuente de la Plaza de la Constitución de Málaga para denunciar el genocidio en Gaza
Un cartel con un mensaje recoge que la "sangre inocente derramada en Gaza brota en las fuentes de cada territorio vendido al sionismo”
Málaga se tiñe de morado en un 8M que vuelve a llenar las calles
La fuente de la Plaza de la Constitución, una de las más simbólicas de Málaga, ha aparecido teñida de rojo después de que se vertiera en el agua un tinte de color similar al de la sangre. La imagen ha sido posteriormente difundida en Instagram por el colectivo Transfeminismo Málaga acompañada de un texto en el que se destaca que la "sangre inocente derramada en Gaza brota en las fuentes de cada territorio vendido al sionismo”.
En la zona inferior de la pieza, de estilo renacentista, también ha sido hallado un cartel con referencias al genocidio. En él se podía leer el encabezado “Una Nakba interminable” y varias referencias al conflicto palestino, además de la firma “Transfeminismos contra el genocidio”. El mensaje menciona, además, a los “centenares de miles de cuerpos asesinados” y sitúa su marco temporal “de 1948 a la actualidad”.
También en otras ciudades españolas, caso de Madrid, activistas han denunciado, a través de esta iniciativa, el genocidio del pueblo palestino por parte del Estado de Israel, además de exigir al Gobierno español el embargo de armas a Israel.
En palabras de algunas de las 5.000 participantes que han recorrido este domingo el centro de Málaga en la manifestación del 8M, el testo de teñir de rojo el agua representa también la sangre de tantas mujeres asesinadas por la violencia machista. Un recordatorio a quienes ya no están y aquellas que siguen sufriendo violencia en distintos lugares del mundo, también en contextos bélicos.
Málaga se tiñe de morado en un 8M que vuelve a llenar las calles
El color de hoy no ha sido el rojo, característico del Festival de Cine: ha sido el morado. El centro de Málaga se ha teñido completamente de ese color característico en el 8M, y no como metáfora fácil, sino como una realidad física, visible e imposible de ignorar. En la manifiestación han recordado que el feminismo también se vive como una forma de guerra. Una guerra interna que muchas mujeres libran contra el miedo, contra las desigualdades y contra los límites que aún persisten. Una guerra externa contra el machismo que sigue atravesando la sociedad. Y también una guerra que conecta con otras violencias que hoy sacuden al mundo, desde los conflictos armados hasta la realidad de mujeres que viven bajo el peso de los conflictos bélicos, como ocurre ahora mismo en Irán.
A las doce en punto del mediodía, la Plaza de la Merced ya estaba llena. Pancartas en alto, camisetas moradas, tambores marcando el ritmo y una sensación que se repite cada 8M pero que nunca pierde fuerza, la de una ciudad que, durante unas horas, decide caminar junta para exigir algo tan básico como vivir libres de violencia y con los mismos derechos.
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