La 'toma' cordobesa de Los Boliches
Las familias de la provincia vecina que optan por pasar las vacaciones en esta playa de Fuengirola coinciden en su factor relajante y en la cercanía con la capital
En Los Boliches todo invita a la tranquilidad. Por el día, apenas el sonido de las olas, algún que otro griterío infantil aislado y la música -de bajos decibelios- de algún que otro chiringuito próximo a la playa alteran el ambicionado silencio. Por la noche, la situación apenas cambia un ápice con respecto a las horas en las que el sol golpea con más fuerza sobre la tela de las sombrillas. Hay una infinidad de motivos para recorrer los cerca de 200 kilómetros que separan Fuengirola de Córdoba, sobre todo para aquellos que esperan que la playa se convierta en el refugio del estrés al que han estado sometidos durante todo el año. Los espetos acompañados de una cerveza o un refresco bien fríos, la suavidad de las temperaturas y los apacibles paseos con el mar como telón de fondo pueden valer de ejemplo para abundar en el hecho de que este destino sirva, al menos, para atenuar el estrés sufrido.
En Bahía Playa, sin salir de Los Boliches, empieza la actividad desde muy temprano. Tras un cartel que anuncia el precio de las hamacas y sombrillas de cañizo, a cuatro euros el conjunto y a ocho si el alquiler incluye un par de tumbonas, el encargado del negocio procede a contar el material y a entregar los primeros paquetes de playa. Se limita a decir que "la cosa está mala" y que los precios "son los mismos que otros años, no suben y si acaso bajan un poco". La crisis, sin embargo, no evita que numerosas personas, entre ellas algún que otro cordobés, se apresuren a identificar el mejor sitio del paquete hamaca-sombrilla. Con la sombra absolutamente garantizada y, por ende, con algún que otro grado menos de temperatura, colocan la nevera y el piscolabis para darse un homenaje a partir del mediodía. "La playa no es sólo para bañarse", confiesa uno de los primeros inquilinos de estas tumbonas de Los Boliches.
Pero los cordobeses, en la mayoría de las ocasiones, suelen portar su propio parasol, las silletas y en un bolso todo aquellos necesario para no aburrirse (periódico, palas, petanca, crucigramas y ese largo etcétera imprescindible para pasar el día). Bernardino Solano, de Aguilar de la Frontera, es uno de ellos. Lleva alrededor de 20 años dejando cada julio la pastelería que regenta en este municipio de la Campiña cordobesa para pasar las vacaciones en Los Boliches. Aquí pasará todo el mes, en el mismo apartamento "de siempre". Otro de los aspectos que destaca este aguilarense es que "aquí te encuentras con mucha gente de la tierra de uno".
Un caso casi gemelo al de Bernardino, por la edad y por el tipo de vacaciones que elige -el alquiler-, es el de José López. Llegó a finales de junio con su mujer, su cuñada, su hija y su yerno. Sin embargo, a quien destaca por encima de todos es a su nieto, Gonzalo, de apenas 16 meses. "He jugado con él todo lo que he podido". Su verano es playa, chiringuito y trabajar en la casa lo menos posible. "Nos gusta comer fuera, nuestro pescaíto frito o lo que sea", declara, al tiempo que puntualiza que se decantó por Los Boliches, aparte de por la tranquilidad que se respira aquí, "porque en las zona de Huelva y Cádiz los precios son prohibitivos". A pocos metros, José Roldán, un profesor de Educación Física jubilado, toma el sol y lee. Aunque se jacta de haber viajado por medio mundo -ha estado en Estados Unidos, Canadá e Italia, entre otros-, asegura que le gusta "mucho" Málaga. "Lo mejor de todo es la idiosincrasia de la gente, la vida y la temperatura tan agradable de la que disfrutamos", señala.
Las familias con niños responden a otro perfil bastante abundante en esta zona de Fuengirola. En este grupo se encuentra José Manuel Fernández, de Peñarroya-Pueblonuevo. En Los Boliches estará los dos meses de vacaciones junto a su mujer, Marta, y sus hijos, también Marta y José Manuel, de 4 y 3 años respectivamente. Su plan es diferente al de los anteriores. "Algo menos tranquilo", espeta. El otro día aprovechó para darse un salto al zoológico de Fuengirola. "Los niños se lo pasaron muy bien viendo a los animales", precisa y lo compara con el de Córdoba: quizás sea mejor el de allí, porque no vimos ni elefante ni jirafa, pero en decoración la verdad es que éste es bastante bueno".
Esa mezcla de tranquilidad y de oferta de ocio relativamente a poca distancia es lo que hace de Los Boliches un destino muy apetecible para los cordobeses que buscan este tipo de turismo. Acompaña también el precio de los alquileres, que se sitúa entre los 1.000 y 1.200 euros al mes por un apartamento de mediano tamaño, una cifra muy alejada de los más de 2.000 que se llegan a pagar en determinados puntos de la Costa de la Luz (Cádiz y Huelva). Los precios prohibitivos a los que se refiere José López.
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