Quién manda aquí
Quién manda aquí
La relación entre seguridad y libertad una relación dialéctica, a veces un juego de suma cero: lo que una de las variables gana, la otra lo pierde. En un pueblo pequeño puedes dejar la puerta de tu casa abierta. A cambio, tu privacidad allí nunca alcanzará los niveles de un barrio gran urbe: la vieja del visillo ve poco, pero te ve, y su contrastada y condición de fuente de información de cualquier chisme inundará sordamente las barras, las sesiones de baldeo, las plazas de abasto y, ya hoy, las eternas conversaciones de móvil sobre cotilleos, que se prolongan mucho más que la conversación de negocios de mayor nivel de negociación. Se casca todo, se sabe todo de ti: cuando vino a echar cuenta, ya era tarde y el forastero tenía mote. Por lo general, la preferencia de las personas por la seguridad o, alternativamente, la libertad o, dicho individualmente, la privacidad, cambia a lo largo del tiempo, y es mayor el afán de seguridad cuanto mayor eres, y más libertario es uno cuantos más joven es. En esto sucede como con la condición de conservador: uno lo es más cuantas más cosas tenga que conservar (en última instancia, la vida, pero antes, las posesiones, las certezas, las costumbres, la tradición, los hijos).
Ha quedado largo el párrafo, sobre todo porque, umbraliano, yo había venido aquí a hablar de la UCO. “Hola, UCO; qué tal, ¿se me escucha?, cambio”; “Alto y claro, ex ministra; no sabe usted cuanto, narcotraficante”. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil es un órgano de élite que investiga los delitos más graves y complejos, como el crimen organizado, la corrupción económica y política, el narcotráfico, el cibercrimen o los secuestros. Actúa con alta competencia y dotación tecnológica, y bajo la dirección de jueces y fiscales. No los encontrarás haciendo controles de alcoholemia o salvando a gente en la montaña. De toda la larga definición es razonable recordar a quién sirve la UCO. Lo haremos con una conversación de la película Excalibur. “¿Entonces, Perceval, a quién sirves?” “A vos, mi señor y rey, sois Arturo”. “¿Habéis hallado el secreto que he perdido?”. Al mando de la actividad operativa de la UCO deben estar los jueces y fiscales. No la política, no el poder ejecutivo. El peligro de sus operaciones –valiosísimas y sine qua non en muchos casos de corrupción– es que se autoafirme y autojustifique el poder que la Unidad ostenta. Que del Estado de derecho y su división de poderes se transforme, por la mano que a cualquier sitio llega y todo lo ve y puede confiscar, en una caza de brujas indiscriminada o en una trama a lo L.A. Confidential. No cabe, por ejemplo, aceptar que se nadie se incaute de objetos personales de alguien supuestamente relacionado con un supuesto delincuente sin, cabe reiterar, orden de una o las dos instancias judiciales. Y no es de recibo alegar que esa intervención será encofrada y sellada hasta nueva orden (nunca mejor dicho). Está pasando, me dice un amigo abogado. Al que la UCO confiscó móvil y ordenador sin esgrimir orden judicial alguna, aduciendo que lo iban a cerrar todo en una caja candada. Hasta nueva orden...
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