La tragedia de Maqueda
El hombre abatido el miércoles por la Policía tras agredir a su hija, al novio y a dos agentes que intentaron detenerle era un albañil en paro de 54 años, aficionado a la caza y que no aceptaba la relación de ésta con su nueva pareja sentimental
Eran las 16:46 del miércoles. "Fue una docena de disparos cruzados. El tiroteo duró diez o quince segundos. Vi al hombre, no sé si dentro de su coche o atrincherado detrás del morro, pero vi el cañón de su escopeta. El hombre disparó primero. Yo me metí dentro. Después hubo disparos cruzados hasta que lo abatieron". David Tobelem estaba justamente entrando en la nave de Maqueda donde trabaja cuando presenció el tiroteo que se saldó con un vecino de la barriada muerto y dos policías nacionales heridos. La patrulla lo perseguía porque minutos antes presuntamente había herido con un arma blanca a su hija y a su pareja sentimental.
Las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad de la empresa Tobelem coinciden con su relato. A esa hora se ve cómo un vehículo policial va pisándole los talones a un vehículo y lo detiene cruzándole el coche patrulla por delante. Los agentes se bajan, pero tienen que parapetarse en la nave. Aparentemente, debido a los disparos del hombre. Los dos agentes resultaron heridos -uno de gravedad y otro en una zona no vital- y el hombre fue abatido allí mismo. A las 17:03 llegó la ambulancia del 061. Sólo pudo certificar su fallecimiento.
La tranquila barriada de Maqueda se despertó ayer conmocionada por la tragedia. Sus vecinos intentaban explicarse las razones que llevaron a Antonio -un albañil de 54 años en paro- a agredir primero a su hija y a su novio y a enfrentarse luego a la Policía. Unos recordaban que hace tiempo tuvo una orden de alejamiento de su mujer. "Pero luego se la retiró y vivían juntos", añadían. Otros decían que Antonio S.F., aficionado a la caza y apodado el manzanilla, más de una vez había disparado al aire y que bebía. "Sí, bebía, pero no se metía con nadie y era educado. Además, últimamente, tomaba cerveza sin alcohol en aquel banco", contaron vecinos que lo conocían desde la infancia, cuando aún todos vivían en Peñarrubia. Ayer, debajo de su banco había una botella de cerveza normal y un montón de latas de San Miguel 0,0.
Estaba en paro, pero tenía por delante dos años de un buen desempleo, afirmaban quienes no veían problemas económicos detrás de lo sucedido. Alguien apuntó que le habían embargado la casa por un coche que le avaló a la hija. Pero según otros vecinos de esta barriada del extrarradio, las desavenencias comenzaron cuando su hija -R.S.S.G., de 31 años- rompió con su marido y se fue a vivir con su actual pareja, E.R., a quien Antonio no aceptaba.
La familia vivía en tres casas muy próximas de la calle Paz. En una vivía el matrimonio con una hija minusválida, al lado la hija a la que agredió y muy cerca un hijo. Estas dos últimas casas las habían construido ellos mismos.
"Era una familia normal, trabajadora", relataban. Sin embargo, el miércoles poco antes de las 16:30 tras una discusión, Antonio agredió a su hija con un arma blanca. Su novio intentó evitarlo y se llevó un navajazo en la pierna. Ninguno necesitó hospitalización. El agresor salió y volvió con una escopeta. En la puerta de la casa de la hija había ayer un agujero de 1,5 centímetro de diámetro que supuestamente hizo él antes de huir al ver llegar a la Policía.
Ahí comenzó la persecución que se prolongó cerca de dos kilómetros hasta un camino que hay a la derecha, ya casi a la salida de la barriada, junto al restaurante Camposol. El subdelegado del Gobierno, Hilario López Luna, calificó el suceso de "desgraciado y triste", pero defendió la actuación de los agentes porque fue "en legítima defensa".
Según relató el representante de la Administración central, el hombre "salió de su vehículo con una escopeta de caza, disparando contra los dos funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía quienes repelieron la agresión". El Hospital Clínico informó ayer que J.D.G. -el policía de 34 años ingresado en ese centro sanitario tras el tiroteo- presenta heridas de escopeta en el tórax, el abdomen y cerca del hígado. Según el subdelegado del Gobierno, su vida no corre peligro. El otro agente que resultó herido en el tiroteo recibió el alta el mismo miércoles tras ser atendido por los servicios sanitarios. López Luna indicó además que el atestado policial ha sido trasladado ya al Juzgado de Instrucción número 11 de la capital que investiga los hechos.
"Y nosotros que pensábamos que eran petardos...", decía un empleado que trabaja al lado de donde se produjo el suceso, como si muchas horas después todavía no acabara de creerse un suceso que ha sacudido a la barriada y se ha saldado con un fallecido y cuatro heridos. Ayer, en el lugar donde fue abatido, las televisiones hacían sus conexiones en directo. A casi dos kilómetros, en su casa, donde comenzó la tragedia, en una ventana se aireaban sus botas. Estaban sucias, parecían llenas de mezcla.
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