Resultado y crónica del Deportivo - Málaga CF Orden, redención, júbilo (0-2)

  • El Málaga toma Riazor y rompe una racha de diez partidos seguidos sin ganar

El Málaga celebra en bloque el 0-2. El Málaga celebra en bloque el 0-2.

El Málaga celebra en bloque el 0-2. / LOF

El Málaga se resume en Keidi Bare celebrando haber boicoteado un disparo de Borja Valle en el área cuando la acción seguía con vida. Un gesto de una sinceridad absoluta, imposible de controlar y de impostar. Ahora se le pueden añadir palabras hasta contar mil, pero es la imagen no del partido, sino de la temporada. Hasta tal punto alcanzaba la frustración y la desesperación de los elementos blanquiazules. A su vez refleja que el vestuario está vivo e implicado. El triunfo quita el pie del cuello y refuerza los vínculos de los jugadores con Víctor y de la afición con todos. Llega la victoria justo donde todo terminó de derrumbarse la pasada campaña y eso tiene algo de poético. Otra vez una cita con el Dépor como punto de inflexión. Veremos si positivo, veremos si sólido.

El Dépor comenzó como un adolescente en su primera cita, tembloroso e inseguro. El Málaga olió el miedo, aunque parecía que venía estudiado de casa. Presión alta y bien organizada, asfixiando a los gallegos desde el origen de todo. Así monopolizó el balón en los primeros 25 minutos y gozó de acercamientos de cierta entidad y alguna ocasión decente.

Todo construido desde la lógico. Víctor hizo siete cambios en el once con respecto a Cádiz y tiró de un dibujo algo más clásico. Línea de cuatro atrás y otros cuatro por delante, dejando a Antoñín circular por el campo con cierta libertad y Sadiku a lo suyo. Y lo cierto es que en toda la primera mitad (y casi en el partido) prácticamente no se vieron los guantes de Munir.

El gol de Mikel llegó por derribo. No fue un acoso malaguista pero sí la sensación constante de que cada equis acciones algo se movía. Pese a ello, el Málaga no terminó de cuajar una acción de ataque con precisión y tuvo que ser a través del balón parado. El reto era mantener la ventaja y romper la nefasta racha.

Bautizada la segunda mitad, Cristo estuvo a punto de hacer el segundo después de poner a bailar a Peru Nolaskoain. Fantasía e irreverencia sin premio. A partir de ahí los de Luis César trataron de ejercer de local, algo que se vio con cuentagotas en la primera. Incluso, empezó a arrimarse con malas intenciones a la portería de Munir.

El Málaga continuó escribiendo el partido que quería. A medida que se estiraba el Dépor, también iba dejando rastros. Los de Víctor tuvieron múltiples ocasiones para reventar el marcador, pero Sadiku se chocó hasta tres veces consigo mismo. El albanés podía haber salido muy tocado de Riazor pero logró redimirse aprovechando un mal despeje del portero deportivista.

Una liberación para todos, con el banquillo estallando de júbilo, sabiendo que por fin se cortaba una racha agobiante y que estaba cercenando la poca confianza que quedaba en el vestuario después de un triunfo que se resistía desde la jornada 1. De paso, se asesta una puñalada al rival más directo que había hasta la fecha. El conjunto que arrebató el sueño del ascenso, colista a cuatro puntos.

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