Resultado y crónica del Málaga CF - Deportivo de play off Ganar perdiendo (0-1)

  • El Málaga cae ante el Dépor de manera cruel tras un error de Munir

  • La afición se exhibe y pone los cimientos de una comunión clave para el futuro

La afición aplaude a su equipo al terminar. La afición aplaude a su equipo al terminar.

La afición aplaude a su equipo al terminar. / Marilú Báez

Munir nos dejó el corazón helado cuando se derrumbó sobre el césped. La crueldad se ha cebado históricamente con el Málaga, que tiene una colección de cicatrices en el cielo. Cuando más alto vuela, cuanto más grande imagina, peor es su caída. Pero las lágrimas son agua y el agua es el principio de la vida. Quién dice que no se puede ganar perdiendo. De un triple que no entró se empezó a cimentar una trayectoria de leyenda. ¿En común? Málaga.

Por un momento, por unas horas, Málaga se olvidó de todo. De la enésima investidura del alcalde, de que el jeque no estuviera en el palco, de cuál será el maldito papel de BlueBay a partir de ahora, de si el día de mañana. Abrieron sus cancelas los malaguistas unos a otros, suspendiendo cualquier tipo de diferencia para conseguir un latido conjunto. La idea de que se estaba viviendo algo histórico planeaba en el ambiente cuando ni siquiera había un alma en el estadio.

Málaga se va a la casilla de salida y tendrá que esperar un año para volver a intentar asaltar los altares. Pero la comunión alcanzada con la gente común, con el malaguista anónimo, invita a querer pensar que los finales Disney a veces tardan más en llegar de lo que uno desea, pero llegan.

Málaga, otra vez Málaga, no vació el estadio hasta que pudo despedirse por derecho del equipo. El grito unánime para pedir a Munir destapó emociones sinceras y poco vistas en los céspedes del mundo. Pero el mensaje de verdad fue otro, la afición quiere a Víctor más tiempo.

Las noches que precisan de héroes te enseñan quiénes son realmente futbolistas. Ontiveros levantó la mano, por si alguien lo dudaba, para sacar de donde no había. Los postes negaron al marbellí y al Málaga conseguir el resultado momentáneo que daba la gloria. Pero se esfumó la primera mitad, que nos dejó a un Dépor armado y que construyó alrededor de su ventaja una manera de morir en La Rosaleda.

Le costaba al Málaga transformar la realidad a su antojo pese a la búsqueda incesante de tratar el balón como a un aliado. Martí retocó el once coruñés para darle algo más de fiabilidad atrás y provocar que la mayoría de las veces los blanquiazules acabaran en las rocas. Faltaron candidatos a ser protagonistas a pesar de que el Málaga salió con nervio.

Además del manantial de Ontiveros, se pidieron un par de penaltis que Díaz de Mera ignoró y que habría que ver bajo el foco del VAR. No sufrió mucho más Dani Giménez. Pudo Harper, que está vendido al Getafe, abrir la necesaria veda, pero se empachó de balón cuando lo tenía todo para marcar. Era ya la segunda mitad, que había comenzado de similares maneras. Blanco al fin logró verle los guantes al portero rival, pero cada vez se jugaba menos. Los futbolistas del Dépor tenían la lección más que aprendida y ponían el reloj a su favor para compensar la falta de todo lo demás.

Merecía otro final el Málaga, no tan desagradable ni tan cruel. El gol del Dépor fue una desgracia de Munir. El hombre que puso a una pared a su selección para estar en el play off termina siendo el retrato de los sueños rotos. Y así acabó la temporada para el conjunto blanquiazul que a nivel de club merece y necesita una reflexión profunda. Pero eso no puede ser hoy, no rotos de dolor. La gestión anímica de este varapalo necesitará de gente audaz en el club, pero si algo se ha demostrado desde luego es que con 30.000 es más fácil. Y que lo que hoy parece una derrota quizás sea un cimiento.

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