Últimos deberes

A las necesidades de un portero y de un delantero, tras la actuación de Koné y Llorente en el inicio liguero se suma la de otro central

Llorente se queja de un golpe recibido por Roberto en el momento del 2-1.
Miguel Á. Gutiérrez Málaga

28 de agosto 2016 - 05:02

Ante el Espanyol, el Málaga dejó varias evidencias que invitan a cuestionar si el club tiene necesidades más urgentes que la de un portero y un delantero. Los dos goles que encajan los blanquiazules ayer fueron de difícil solución para Carlos Kameni, único meta de garantías de Juande Ramos. Pese a ello, se sigue barajando la opción en la que Denys Boyko vestiría la casaca malaguista.

Por otro lado, el Málaga el sábado logró ver puerta en dos ocasiones y bajo la presión y necesidad de hacerlo tras el doblete que firmó Gerard Moreno. Fueron Llorente, con la testa tras un libre directo, y Charles, actuando de 9 y aprovechando el mal hacer de la defensa perica. El gol estuvo y eso que no fue uno día productivo en la parcela ofensiva hasta el tramo final donde se volcó el equipo. Así, la figura del delantero centro quedó en entre dicho. Sandro es cierto que no termina de encajar en un modelo que prioriza tanto la labor de ambas bandas -Jony y Keko-. Charles, que no termina de encandilar a Juande, sí se asemeja a ese tipo de ariete que vive en el área y puede cazar todo lo que producen los extremos. Pero el técnico no termina de confíar en él pese a que en sus dos apariciones desde el banquillo el equipo mejoró y fue más incisivo y activo en el campo rival. Además, el debut de En-Nesyri deja una puerta abierta a lo que el marroquí puede ofrecer. Los minutos que tuvo, alrededor de un cuarto de hora, los gastó jugando como referencia, dejando a Sandro descolgado y a Charles como su pareja de baile. Y no desentonó.

Son las dos peticiones que hizo el de Pedro Muñoz pero, tras el encuentro del viernes, queda patente que la defensa queda lejos de mostrar la seguridad que requiere la categoría.

Bakary Koné fue el primero en dejarlo patente. Más que errores graves, que los tuvo, es la sensación que transmite a sus compañeros. Cuando el balón pasaba por sus pies, el burkinés parecía patoso e indeciso, con pocas ideas e inseguro. Ésto se traducía en pérdidas tras deshacerse del balón cuando la presión perica le agobiaba. De hecho, en uno de sus despejes, erró y regaló una ocasión frente a Kameni a Gerard Moreno, pero éste falló incomprensiblemente. En la segunda mitad, se confió en exceso al ceder con la cabeza un balón para Kameni y que alcanzó Hernán Pérez, aunque sin acierto. Cuestión de adaptación o de confianza, pero Koné no estuvo al nivel.

Su acompañante, Diego Llorente, tampoco firmó un gran partido. El madrileño quedó lejos de completar un buen choque. En ambos goles de los catalanes no brilló por su contundencia. Vio pasear por el área a Gerard Moreno en el primero hasta que acabó encontrando el hueco para disparar, y con fortuna, batir a Kameni. En el segundo, el mismo Gerard, se le anticipó en un balón aéreo para hacer el segundo. Además, se le notó despistado y algo impreciso en la toma de decisiones. El gol y el buen balón que filtra en el segundo tanto no borran su verdadera labor: la defensa.

Con éstas, y con el nivel físico de Weligton y la inexperiencia de Mikel Villanueva, la necesidad de firmar un central antes del cierre del mercado parece una obligación a la que habrá que recurrir para evitar disgustos. No fueron meros detalles que invitaran a pensar que aún hay que engrasar la maquinaria fueron 90 minutos en los que la pareja titular para Juande Ramos se mantuvo siempre en el suspenso.

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