Crónica del Málaga CF - UD Almería Ni amor ni victoria (1-1)

  • El Málaga deja escapar la victoria en el tiempo añadido ante un Almería que nunca dejó de creer

  • El público terminó enfadado con el equipo blanquiazul, que fue despedido con pitos

Un momento del Málaga-Almería. Un momento del Málaga-Almería.

Un momento del Málaga-Almería. / LaLiga (Málaga)

El Málaga no enamora. No lo hace cuando su ritmo es el de los triunfos. Así que si lo baja hasta el de los empates, la tendencia es aún peor. La afición despidió con pitos al equipo tras dejarse empatar por el Almería en el tiempo de prolongación. No es tanto el resultado en sí como las formas. Se veía venir que si no era capaz de matar el partido ni de controlarlo, terminaría sucediendo. En el Mediterráneo fue similar, la diferencia es que entonces Munir estaba inspirado y fue el héroe. En esta cita apenas hizo una parada.

Llegó la lluvia acompañada de un viento desagradable a Martiricos. La mayoría de la gente que había (que no era la mayoría que anhela Muñiz) buscó escapar de las inclemencias del tiempo. Todo invitaba a pensar que el partido no acompañaría. Pero no fue así. No hubo lugar para el aburrimiento en el derbi del Mediterráneo.

Velocidad y ocasiones para los dos equipos, que se conocen de sobra. Muñiz experimentó aprovechando bajas, llegadas y apariciones. Fran Fernández lo apostó todo a su cuarteto de ataque. Había pasión en el césped, intensidad bien entendida, fútbol al peso. Sacó oro el Málaga con el gol de Adrián, que demuestra que su sitio está cerca del área. Su virtud es el gol, todo lo demás es hojana. La relativa libertad del madrileño y de Renato contaba con el amparo de una medular fuerte con Erik Morán, N’Diaye y Keidi Bare.

El Málaga se pudo ir con algún tanto más de ventaja, sobre todo gracias a dos faltas directas de Renato Santos. Una la sacó René con dificultad y la otra hizo temblar la portería tras golpear con fiereza la zona donde el travesaño y el poste se besan. Blanco Leschuk reclamó un par de penaltis y se marchó a la caseta comentándolo con el colegiado. Pero se podía dar por satisfecho el Málaga con el marcador. Los rojiblancos no se amilanaron, al contrario. Tuvieron ocasiones. Y de las buenas. Dos las sacó Cifu. Otra –de Juan Carlos– el poste.

No había certezas para la segunda parte a pesar de la ventaja local. Descendieron las ocasiones en cantidad, pero el choque estaba abierto. Muñiz varió la apuesta. Primero metió a Ontiveros y luego cambió a un fichaje por otro (Morán por Seleznov), volviendo a esa idea que tanto le gusta de jugar con dos delanteros.

A los rojiblancos no les asustaba nada. Los de Fran Fernández sabían cómo abrir el campo y no dejaron de meter balones al área a la mínima ocasión. Por suerte para los de Muñiz, Demirovic no terminó de afinar. Sus compañeros, tampoco. Pero se veía venir. El Málaga estaba cada vez más atrás, achicando balones sin orden ni sentido. El rival, en cambio, supo por moverse mejor en el desconcierto. Luis Rioja, que hace un año andaba por Marbella con Corpas, aprovechó para colarse en el área y batir a Munir. El cómo es casi lo de menos. Cuando sucede algo así en el minuto 91 de un partido, la cuestión casi siempre es por qué. 

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