La muerte a pellizcos

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La grada se desesperó con el 0-0 ante el Levante, que apenas sacia la sed de puntos del Málaga

Llegaron los primeros cánticos contra Míchel

Los números hablan solos: ocho puntos de 42

Míchel se desgañita intentando dar instrucciones en la banda en el partido frente al Levante. / Javier Albiñana
Víctor Miralles

Málaga, 03 de diciembre 2017 - 02:11

Pasan los minutos. También los partidos y van 14. El empate contra el Levante fue otra piedra en el accidentado camino del Málaga esta temporada. Y la paciencia, pese a las recientes victorias contra Celta y Deportivo, se agota. El termómetro es la grada, que ya se había pronunciado varias veces contra la propiedad, pero el viernes se dio un paso más en el hartazgo de La Rosaleda y la crítica, que hasta entonces se había mostrado de algún modo condescendiente con Míchel, también tuvo palabras para el técnico madrileño.

El Málaga no dejaba su portería a cero desde el pasado 7 de mayo contra el Celta (3-0). Hasta ahí, bien. Pero lo cierto es que la lectura del partido ofrece 90 minutos difíciles de digerir. El equipo empezó bien, rápido y animado. Sin embargo, en cuanto las piernas empezaron a aflojar y aparecía la tensión por la urgencia de gol el Málaga se aturulló y dejó de producir. Pasó por el aro del Levante, cuyos jugadores reconocían la misión cumplida: sacar un punto que alivia en Valencia y mantiene distancias con la Costa del Sol.

La plantilla está descompensada y faltan jugadores en puestos clave. Bien hasta ahí, también. La lesión de Juan Carlos insta a incorporar un defensa más aparte del que se buscaba, así como un pivote que aporte desde el mismo instante de su contratación; lo que no quita la falta de ideas y especialmente alernativas que se exhibió ante el equipo de Muñiz, con una plantilla que aun con algunos buenos talentos como Bardhi o Morales aspira a cumplir el mismo objetivo que persigue el Málaga.

La comparativa con el equipo de hace un mes y medio da a ver cierta línea ascendente. Al menos en el asentamiento de una idea y un once tipo que había costado mucho encontrar. Se tuvieron que utilizar todos los esquemas y jugadores, incluso aquellos que no se confiaba en recuperar, para llegar a este 1-4-4-2 con Peñaranda y Rolan en punta. Cuando el Málaga no tiene el balón se siente algo más cómodo e intenta explotar la velocidad del vinotinto y el charrúa en transiciones rápidas. Ese es el concepto. Sin embargo el viernes no se vio mucho más allá y se echó en falta un plan B.

El Málaga acumuló un 62% de posesión ante el Levante que resultó un tanto estéril. Al igual que se vio frente al Numancia, el cuadro costasoleño abusó del centro al área. Laterales y al primer palo en los primeros compases; frontales cuando no había más que ponerla dentro mientras el choque agonizaba. El equipo puso 27 esféricos y únicamente encontraron remate siete de ellos (26%). Con ello se bombardeó sin inquietar realmente a la defensa granota. De 18 disparos, dos fueron a puerta -uno de ellos el remate de Diego González a bocajarro-. Y sin embargo el equipo de Muñiz solo necesitó una contra tras una mala falta lateral para encoger el corazón blanquiazul, que se encomendó a Roberto para seguir latiendo.

Los números son claros: ocho puntos de 42 posibles y promedios temibles en las áreas. 0.78 tantos a favor por partido y dos en contra habiendo pasado ya muchos rivales directos por La Rosaleda. Por delante, Real Sociedad, Betis, Alavés, Espanyol y Getafe para salvar la primera vuelta. El club respalda a Míchel, al menos hasta enero, pero la grada no perdona más.

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