La Tanke y La Toñi: Los transformistas de la Marbella dorada
Seguidoras de Lola Flores, amenizaron las ferias del pueblo y las fiestas de la jet, su relación con la nobleza y la burguesía local no les libró de padecer redadas policiales
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Lola me decía: “Eres muy gracioso y tienes mucho arte. Eso es de nacimiento, cantas con tu voz”. Yo hacía todo por Lola Flores. Repetía sus trabalenguas, le copiaba todas las cosas. Y Antonio Pineda Gil, La Toñi, se larga: Mi abuelita tenía una olla, la metía debajo la cama/ Y a la olla no sé lo que hacía, que la convertía en bola infernal/ Y en la bola dice que veía lo que cualquier día nos puede pasar/ Mi abuelita metía en la olla el hocico de una mona tonta, el pico de un loro, ajo y perejil/ un poquito de yerba luisa, canela y limón/ Y moviendo, moviendo las manos de la misma olla salió un maricón.
De colegio, muy poco. A los doce años trabajaba en el campo con las bestias, en La Estación de Gaucín, como un hombre más. He sido muy fuerte siempre, mis manos son demasiado grandes, es el complejo que tengo. Arrancábamos de raíz las cepas de brezo con las que se hacen las pipas de fumar tabaco. Pasaba las jornadas con un pedazo de morcilla o de chorizo, un trozo de pan y una pera. Yo quería salir del pueblo, donde fuera. Un primo, que estaba en Francia, me consiguió un contrato para una tenería, donde se curten las pieles de animales, a las afueras de Estrasburgo. Estuve tres meses, no pude soportar el olor, que se sentía a un kilómetro de distancia.
“Que me pongan en el vestíbulo del Teatro Calderón, para que pase la gente, los mariquitas, que me quieren mucho, y toda la gente que es admiradora de mi arte, que son muchos.Ya sé hasta lo que van a decir: Ay, qué lástima, Lola, con lo graciosa que era”, dijo en televisiónLa Faraona, convertida en un icono gay, cuando imaginó su despedida.
–El día que murió yo lloré muchísimo, todavía me emociono, era mi ídolo. Las actuaciones de Lola Flores, su pose, la forma de mover el abanico, me han impactado, tenía un duende. Ella se bañaba en la playita, llegaba por la mañana y daba una vuelta. He vivido y disfrutado cada actuación que hizo por aquí.
–Yo le hacía los arreglos de la ropa, cuando venía a Marbella me llamaba. Me gustaba mucho Lola, la recuerdo en las fiestas, dice Juan Llamas, La Tanke, que en los años sesenta gastaba pestañas hechas en cartulina negra y confeccionaba sus vestidos con papel de aluminio dorado. Maquillaje había poco, nos pintábamos los ojos con corchos quemados, las pelucas eran postizos, que se sujetaban con pañuelos o cabezas de cartón de las muñecas. Trabajé en el Marbella Club de camarero y luego en el hotel Hilton, de mayordomo. Durante 24 años fui cocinero de la familia del notario Luis Oliver; aún sigo en contacto con sus hijas, que me invitan a cenar.
La Tanke y La Toñi han sido por décadas los transformistas más populares de Marbella. Se conocieron en una feria del pueblo hace sesenta años. La Tanke natural de Sidi Ifni (antigua colonia española), vivió en Tánger y Cádiz.
–Tomamos una copa e hice amistad con La Tanke. Me dijo que venía de un pueblo de Jerez, hablaba francés, inglés y algo de alemán. Cuando llegué a Marbella, en 1965, me coloqué en una obra, donde trabajaba y dormía. Paquito, Francisco Jesús García, fue la mejor persona que conocí, me ofreció quedarme en su casa, me dio pantalones y zapatos, cuando murió lo sentí como alguien de mi familia.
En la feria de Marbella actuaba una orquesta. La Toñi le pidió a los músicos que la dejaran subir al escenario y cantar una canción.
–Cuando vieron cómo cantaba, de pequeño ya lo hacía muy bien, me sugirieron montar un ballet de transformistas. Nunca hice playback, cantar en directo y andar con arte siempre se me dieron muy bien. Tenía unas piernas muy bonitas, me gustaba llevar minifaldas y tacones. La Tanke usaba manoletinas, como los toreros, se pintaba y quedaba muy guapa.
Así nació La Tanke y su ballet, el grupo de transformistas por el que pasaron Lolita de Córdoba, Sarita, Marisol, Embajadora, Karina o Juana La Yegua.
–La Tanke tenía un Seat 600 azul, para esa época era como tener un Mercedes. Teníamos coche para ir a Málaga, Torremolinos, a todos lados. Donde íbamos, triunfábamos. La Tanke cosía en su máquina industrial, en La Divina Pastora. Hacía todos los vestidos. Viajábamos a Canarias a comprar la ropa, las telas y las plumas. Nos invitaban a actuar en todas las bodas y bautizos. Desde los sesenta hasta hace poco, que lo dejamos.
En una de las actuaciones en la feria, donde ahora está el Pirulí, pusieron una caseta inmensa. Hicimos un mano a mano, Esmeralda de Sevilla y La Tanke y su ballet. La gente peleándose por pasar, faltaron entradas. Pepe Ravira, que tenía un chiringuito muy lindo, montó una caseta de ensueño y mucho estilo, le puso una moqueta roja como si fuera Mónaco.
Los empresarios de Marbella y San Pedro, en 1973, nos invitaron a Frankfurt (Alemania) para ver un partido de fútbol entre España y Yugoslavia. En el avión, con los palillos, me puse a cantar La Bomba Gitana, de Lola Flores. Cuando nos veníamos, el personal del hotel salió a despedirnos: Auf Wiedersehen, Tschüs, Danke, Danke. La Tanke se volvió y nos dijo: ¡Hay que ver lo famosa que soy, me conocen hasta en Frankfurt!
La Tanke cocinaba muy bien, se colocó de mayordomo en el Hilton. La Toñi trabajaba en el Estrella del Mar, desde donde recorría por la playa el escaso kilómetro que les separaba.
–El director del Hilton era Diego de Cosío, un mexicano, que en una ocasión tuvo de invitada a María Félix. La artista mexicana, guapísima, habló mucho con la Tanke, que lástima no poder tener una foto de La Tanke y La Toñi con María Félix.
–A mí quien más me impresionó fue Farah Diba, la última emperatriz de Persia, dice La Tanke.
–En el Estrella del Mar vino un director que no aceptó mi forma de andar. Yo me dije: cómo este tío tan feo me va odiar y repudiar a mí, con veintitantos años y lo guapísimo que soy; le pedí la cuenta. Don Antonio Ávila me recomendó para el Hotel del Golf de don José Banús. Por ahí vi pasar a Montserrat Caballé, Sara Montiel, Massiel y cantantes franceses. Llevaba una semana en el hotel, cuando una noche fui al tablao de La Cañeta, donde iba José Banús con gente de Madrid. Canté Cómo me la maravillaría yo y La Cañeta me sacó a bailar una sevillanita. Cuando terminamos, Banús le dijo a su mujer: si ese es el chico que tenemos trabajando en el hotel. Me dio la mano y noté un papel, eran 500 pesetas. Yo ganaba dos mil al mes.
La duquesa de Alba iba al restaurante de Beni, en Puerto Banús, y nos invitaba siempre. Le gustaba lo que hacíamos, era una señora agradable y muy cariñosa. Se llevaba muy bien con los transformistas, los mariquitas, nos adoraba. Le encantaba como tocaba los palillos, me sacó a bailar una sevillana y la terraza se puso que no se cabía.
En La Cañeta, que estaba al lado, me hice fotos con El Cordobés, allí iban todos los artistas. También conocí a Aristóteles Onassis, venía con María Callas a Puerto Banús. Se montaban fiestas con farolillos y mesas, igual que la feria de Sevilla. Hasta en el turismo se nota la clase, ya no es lo que era los sesenta o setenta.
Cuando Liza Minnelli vino a actuar a la Plaza de Toros de Puerto Banús, ella era lo máximo. En el hotel yo estaba de valet de chambre; vamos, de camarera de piso, me encargaba de limpiar los cristales y hacer las camas. Subí las ropas a su habitación, toqué el timbre, me abrió la puerta un tío muy grande, su marido. Le vi el culo a Liza Minnelli, estaba en la cama desnuda, tendida boca abajo, leyendo una novela.
–No problem, me dijo.
–¡Qué guapa eres!, me salió.
Las fiestas que daba el notario Luis Oliver en su casa eran una maravilla, allí iba a actuar y cantar y luego ayudaba a quitar la mesa y limpiar vasos. En El Venero, un chalé inmenso y bonito, el embajador de Cuba en Francia y su señora, guapísima y de ojos azules, daban muchas fiestas. Venían las hermanas del rey Juan Carlos, Alfonso de Hohenlohe, el conde Rudi, gente de mucho poderío. La cubertería de plata y la mantelería, era para sacarse el sombrero; le caí muy bien a la señora, me regalaba muchas cosas.
–La primera elección de Miss Dragón [el título de travestís que se celebró en San Pedro Alcántara en 1967] lo gané yo. La Toñi salió Miss Turismo por sus piernas largas. Estaba Paquito Guerrero, La Dragona, que tuvo el bar en su casa y luego en Cortijo Blanco. Venían a vernos Antonio El Bailarín, matrimonios, gente de bien, recuerda La Tanke.
Hasta que en 1973 la Guardia Civil protagonizó una redada en la fiesta que se celebraba en el hotel Pueblo Andaluz.
–Unas huyeron por las ventanas, otras cayeron a la piscina o perdieron las pelucas. Todos los mariquitas bajo la noche de más lluvia. Nos corrieron por la playa, como a los inmigrantes. Ana María, del tablao, daba vueltas con su coche para recoger alguna. Nos llevaron al cuartel del Castillo, donde había unos marroquíes detenidos, cuando nos vieron tan guapas, todos querían misterio.
–Ay, mujeras, decían. Y nosotros con todos los colores. Tuvimos la suerte de que no fuera a más. El conde Rudi, que tenía a un chico de mayordomo, y mi jefe, Luis Oliver, hablaron con las autoridades. Al final el cura don Rodrigo nos sacó de allí.
–Que no te pudieras poner un vestido o una minifalda, ni disfrazar, porque estaba prohibido, yo lo entendía. En esa época íbamos a Canarias donde había zonas privadas, en las que se hacían fiestas y nos vestíamos. Mis amigos de Jerez me dicen que hemos vivido el mejor tiempo del mundo, y nosotros mucho más. Teníamos seguridad, salíamos con un anillo, un reloj y nadie se metía con nadie, dice La Toñi.
El guionista y periodista Miguel Ángel Parra, que recogió los testimonios de La Toñi y La Tanke en su novela Miss Dragón, explica: “En ellas no hay activismo, cuando sus vidas son un modelo de libertad. No lo entienden así, no dan la importancia que tiene a lo que hicieron”. Señala a Marbella, como escenario de una mezcla de clases sociales, donde “las señoras de la casa en las que trabajaban los transformistas, les dejaban los trajes y las joyas, con las que deseaban que su patrocinado ganara el concurso”.
“Estas personas tenían lazos, fundamentalmente laborales, pero estrechos con la burguesía lo cual les daba cierto apoyo a su expresión artística o transformista, aunque fuera una relación un tanto paternalista. Creo que el transformismo está aquí muy ligado al auge del turismo y a los cambios en los roles de género, pero, aun así, era dura y arbitrariamente reprimido por las autoridades franquistas”, apunta Álvaro González Montero, investigador por la Universidad de Leeds (Reino Unido), autor del artículo Revuelta mariquita en San Pedro Alcántara
–Con casi 60 años, cuando cerraron el hotel, donde estuve trabajando 25 años, me dije ¿adónde voy? Julián Muñoz me vio en la feria. Mañana voy a verte al Ayuntamiento, le dije. A las dos de la tarde ya estaba con el carro, barriendo en Ricardo Soriano. Con un trapo y lejía limpiaba hasta los semáforos. Hasta que me jubilé.
Hace tres años el Ayuntamiento de Marbella, les dedicó a La Tanke y su ballet una placa en el arco del ferial “por su participación en las Fiestas de San Bernabé y su trayectoria artística”.
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