Andalucía cierra 2025 con los embalses al alza tras una primavera decisiva

Las reservas hídricas vivieron en 2025 una montaña rusa: del impulso extraordinario de marzo y el máximo de abril al descenso continuado del verano

El embalse de Melonares en la Sierra Norte de Sevilla, el pasado noviembre, casi al 95% de su capacidad. / José Manuel Vidal / EFE

2025 empezó en Andalucía con los embalses todavía en niveles propios de una resaca de sequía. En enero, las reservas rondaban el 34-37% de la capacidad total, una situación lejos de la normalidad, pero ya con señales de repunte en algunas semanas húmedas. El gran giro del año llegó con marzo, un mes excepcionalmente lluvioso que cambió el guion en muy poco tiempo: las aportaciones se dispararon y permitieron recuperar en semanas volúmenes que, en un año medio, suelen tardar mucho más en consolidarse.

Ese salto se vio con claridad en abril, cuando los pantanos alcanzaron su techo anual, rozando el 61% de llenado. La fotografía de esa primavera, además, dejó una idea importante: la recuperación no fue uniforme. Mientras algunas demarcaciones se colocaron en niveles relativamente desahogados, otras se movieron en rangos más contenidos, recordando que el “promedio andaluz” puede ocultar realidades muy distintas según la cuenca.

A partir de ahí, el año siguió el patrón habitual de la región: una transición desde la recarga rápida de primavera a una fase de descenso sostenido conforme avanzan el calor y la demanda. En verano, el sistema empezó a perder volumen semana tras semana por una combinación de consumo, necesidades agrarias y evaporación. A finales de julio, Andalucía había bajado ya a poco más del 53%, una caída notable, aunque todavía claramente mejor que en el mismo tramo de 2024 y también por encima de la media reciente, lo que aportaba un margen de tranquilidad relativa.

El final del verano y el arranque del otoño consolidaron la “cuesta abajo”. En septiembre, las reservas se situaban en torno al 45-46%, y el contexto meteorológico no ayudó: el mes fue muy seco y muy cálido, un cóctel que suele traducirse en menos aportes a los ríos y más presión sobre los almacenamientos. Con ese telón de fondo, el valle anual llegó a finales de octubre, cuando los embalses descendieron a alrededor del 43%. En términos de gestión, ese punto suele marcar el momento en que se reactivan las alertas: no necesariamente por entrar en un escenario extremo, sino porque obliga a planificar el invierno con prudencia si no se encadenan episodios de lluvia suficientes.

El tramo final del año trajo una recuperación moderada gracias a las precipitaciones de diciembre. En la última semana antes de Navidad, Andalucía se movía ya en torno al 47-48%, y el cierre de 2025 confirmó ese avance: el año terminó claramente mejor que 2024 y también por encima de la media de la última década. En cifras, el balance es el de un año con un “subidón” primaveral muy marcado —con marzo como motor— y un descenso prolongado después, que evidencia tanto la capacidad del sistema para recuperarse cuando la atmósfera acompaña como su fragilidad cuando el verano se alarga y el otoño no compensa.

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