"Asistimos al retorno de un movimiento misógino"
lola lópez mondéjar. escritora
La autora publica en Siruela 'La primera vez que no te quiero', una historia de afirmación personal
¿En qué consiste ser mujer? ¿Qué es ser una auténtica revolucionaria? ¿Sirve el conocimiento para cambiar el mundo? Son algunas de las preguntas que recorren La primera vez que no te quiero (Siruela), donde Lola López Mondéjar cuenta la historia de una afirmación personal que se inicia con un rotundo "no".
-El libro es la crónica de la evolución de una mujer con la Transición como telón de fondo. ¿Fue una época de mayor libertad, incluso en el plano sexual, que en la actualidad?
-La Transición inaugura en España un comportamiento sexual y afectivo que se aleja de los modos represivos de la sociedad anterior, marcada por el catolicismo y los imperativos patriarcales de género que obligaban a la mujer a enclaustrarse en el hogar. Fue una revolución cultural importantísima, que, sin embargo, no se está manteniendo en la actualidad. Creo que asistimos al retorno de un movimiento misógino que ya se dio durante el siglo XIX, y que, capitaneado por la Iglesia, está intentando que las mujeres vuelvan al interior de las casas, abandonen la vida pública y un lugar independiente en el mundo y repriman una sexualidad viva que las hace autónomas, para someterse de nuevo a los hombres, únicos actores de la historia según esta ideología reaccionaria.
-Su generación hizo una Transición, algo que muchos políticos llevan en su currículum como una medalla. ¿Le ofende ver que, hoy en día, muchas tropelías se escudan en esta Transición? ¿Fue tan modélica?
-Me sitúo en una posición equidistante entre quienes defienden la Transición a ultranza y quienes la señalan como la culpable de todos nuestros males. Considero que fue un momento de enorme capacidad creativa en todos los terrenos. En lo político-social se establecieron las bases del estado de bienestar que hoy está en peligro. Se externalizó a los enfermos mentales, se instauró una red de servicios sociales y sanitarios universales, becas, educación gratuita, derecho al aborto y al divorcio, democracia, en fin. Sin embargo, se dejaron de lado importantes cuestiones que aún hoy lastran nuestra insuficiente democracia: la separación radical entre los poderes ejecutivo y judicial, cuyo defecto sigue contaminando el ejercicio independiente de la justicia. También la ausencia de una ley de transparencia que dificulte las prácticas mafiosas en el interior de los partidos y las instituciones o la revisión real de la memoria histórica, entre otras cosas.
-¿El 15-M debería haber sido la Transición de los jóvenes de hoy en día?
-Así lo creo. El 15-M fue protagonizado por los hijos de Julia, que insisten en que esta democracia no es realmente tal, pero no pudo vehicular políticamente las protestas y las reivindicaciones, que considero justas. El problema es que la sociedad española desconfía hasta tal punto de los partidos políticos que su descontento no puede expresarse en las urnas porque siente que los partidos no la representan, y queda mudo, expresado tan solo en movilizaciones que, si bien son necesarias, se estrellan contra un partido que tiene la mayoría absoluta y dicta sus leyes sin contar con la opinión de los ciudadanos (la ley Wert es un ejemplo claro de ello), a los que solo se recurre cada cuatro años para votar. Una situación complicada para la democracia cuya salida habrá que seguir buscando.
-Muchas escritoras se han embarcado en novelas que se centran en la primera mitad del siglo XX y en muchas de ellas se muestra a mujeres con conceptos del siglo XXI. ¿Cree que la novela de éxito se está olvidando de retratar a su generación?
-Creo que hay escritoras comprometidas con su tiempo, que tratan de dar cuenta de los problemas que afectan a sus contemporáneos, y otras que buscan en la novela histórica sus argumentos. A mí me interesan más las primeras. El éxito comercial de las novelas de entretenimiento no es culpa de sus autoras, sino de una cultura lectora insuficiente, que amenaza con simplificar hasta la náusea la comprensión de lo humano.
-¿En qué ha influido su formación como psicóloga a la hora de construir esta historia?
-Es la primera vez que una protagonista de mis novelas es psicoanalista como yo, en ese sentido el paralelismo es grande. Creo que la literatura de calidad tiene un componente de análisis del ser humano anterior a la aparición de la psicología. Yo descreo de las apariencias, busco los motivos últimos de los comportamientos, y esto tiene que ver con mi doble vocación: literaria y psicoanalítica.
-¿En qué consiste ser mujer?
-El problema de las mujeres es que dejamos que esa pregunta la respondan otros, y no cada una de nosotras. El día en que cada mujer la responda por ella misma, según viva la experiencia de serlo, habremos avanzado mucho. Las mujeres, por nuestra particular educación sentimental, estamos habituadas a que nos digan cómo tenemos que ser, para ajustarnos luego a ese dictado. Siempre hay gurús (hombres y mujeres) que se ocupan de adaptarnos a los imperativos del pensamiento hegemónico, que es todavía muy machista.
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