Literatura

Chantal Maillard: la escritura o la vida

  • La autora reúne todos sus diarios en el libro ‘La arena entre los dedos’ (Pre-Textos), que llegará a las librerías el próximo 2 de diciembre

Chantal Maillard (Bruselas, 1951), en una lectura poética. Chantal Maillard (Bruselas, 1951), en una lectura poética.

Chantal Maillard (Bruselas, 1951), en una lectura poética. / Tristán Pérez-Martín

En una entrevista concedida a este periódico en 2014 con motivo de la aparición del libro India (Pre- Textos), en el que reunía todos sus ensayos, diarios y poemas escritos en torno al territorio asiático, Chantal Maillard (Bruselas, 1951) respondía así a una pregunta sobre la presunta invención del yo a cargo de Sigmund Freud: “Supongo que a Freud hay que situarlo en su época para comprender lo innovadoras que fueron sus teorías. La invención de un subconsciente, sin embargo, no le pertenece a él tan sólo. También los pensadores del yogacara, una escuela del budismo que data del siglo IV, hablaron de las impresiones latentes que podían reactivarse al contacto con nuevas vivencias. En realidad, ni el psicoanálisis inicial ni el posterior han llegado tan lejos en su conocimiento de la mente y en la sutileza de sus observaciones como las distintas escuelas indias. La cuestión es que el yo, que nosotros, occidentales, hemos tomado tan en serio, no es para ellos más que un proceso en cadena sin más realidad que esas chispas a las que también Leucipo, Demócrito y Epicuro hacían referencia en su física”. Lo cierto es que la misma Chantal Maillard ha creado un singular corpus estético y poético en torno a esas chispas, especialmente a través de sus diarios, concebidos de una manera diametralmente opuesta a la norma común (por no hablar de la harto explotada fórmula de la autoficción): si por lo general los escritores acuden al diario en busca de una cierta afirmación, incluso de una cierta épica, en torno a los acontecimientos de los que han sido (o tomado) parte, Maillard ha acudido de manera habitual al diario con un ánimo de disolución, en una escritura cada vez más depurada e inclinada al silencio (mención aparte merecen libros híbridos en los que la naturaleza autobiográfica se conjuga con el ensayo y otros registros, como en La mujer de pie que vio la luz en Galaxia Gutenberg en 2016). Ahora, el lector podrá acompañar a la poeta y pensadora malagueña (por hecho y por derecho) en este tránsito de disolución en el libro La arena entre los dedos, que reúne sus cuatro libros de diarios publicados hasta la fecha: Filosofía en los días críticos (2001), Diarios indios (2005), Husos. Notas al margen (2006) y Bélgica (2011), publicados todos por la citada Pre-Textos, que lanzará La arena entre los dedos el próximo 2 de diciembre. La edición incluye un breve ensayo introductorio, La escritura como método, en el que Chantal Maillard desgrana las confluencias entre escritura y existencia. O, simplemente, vida.

El volumen incluye los cuatro libros de diarios publicados entre 2001 y 2011 en Pre-Textos

En realidad, La arena entre los dedos abarca un periodo de creación mucho más amplio que el que comprende la publicación de los cuatro libros. Ya Filosofía en los días críticos incluía los diarios escritos entre 1996 y 1998 a partir de los cuadernos en los que Maillard empezó a trabajar en 1993. En la introducción a la edición de Pre-Textos (donde también aparecía el Diario de Benarés publicado originalmente en Málaga por El Árbol de Poe en 2001), la autora apuntaba: “Definiré estos escritos como un ejercicio de egocentrismo. ¿Qué diario no lo es? La cuestión de si el yo es o no un valor, en este punto, es irrelevante; lo cierto es que uno siempre habla y escribe desde sí, desde esos fragmentos de vida que des-doblamos y mostramos re-flexionados en la escritura”. Y añadía: “El sentido que la escritura le otorga a la vida, ese sentido que viene dado por la reflexión, es decir, por el hecho de que se la vea re-flexionada sobre sí misma, es fragmentario, adviene por sacudidas; la naturaleza de todo hacer y de todo pensar es la interrupción”. Respecto a este sentido fragmentario, merece especial atención la recuperación de Bélgica, una suerte de itinerario de conciencia (más que diario o biografía al uso) en el que Maillard volvía a los años de su infancia y adolescencia: “Ítaca, cualquier Ítaca, es un lugar interior. Ese origen al que, en determinados momentos de nuestra vida marcados por un esencial cansancio, anhelamos volver no es un lugar geográfico, ni tampoco metafísico, sino un estado (...) Y si del territorio en el que transcurrió nos vimos, por cualquier motivo, exiliados, es a él al que ingenuamente creemos que hemos de volver para recuperarla. Mi Ítaca es, o ha sido, Bélgica”. La nuestra bien puede ser su obra.

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