El diario de Próspero | Teatro

Ventana al drama en el reino de las plataformas

  • ‘Escenario 0’, la nueva propuesta de HBO, recupera para la televisión la inspiración teatral del legendario ‘Estudio 1’ con una intención decidida por la confluencia con el medio audiovisual

Bárbara Lennie e Irene Escolar en 'Hermanas', de Pascal Rambert. Bárbara Lennie e Irene Escolar en 'Hermanas', de Pascal Rambert.

Bárbara Lennie e Irene Escolar en 'Hermanas', de Pascal Rambert. / HBO España

Era cuestión de tiempo que, tras la ingente red de propuestas de teatro virtual puestas en marcha desde el confinamiento decretado el pasado marzo, con espectáculos creados para estrechas comunidades de internautas vía Zoom, Wasap y otras aplicaciones instantáneas, la ola terminara haciendo germinar proyectos más conscientes, decididos e intencionados, especialmente en lo formal. Y es aquí donde lo que parecía una revolución postmoderna nos devuelve, íntegros, los formatos que tanto disfrutaron los padres y abuelos de los presuntos revolucionarios. Escenario 0, la nueva serie de inspiración teatral que estrenará HBO el próximo día 13, con seis adaptaciones para la pequeña pantalla de otros tantos títulos imprescindibles del teatro español reciente, bebe de la fuente que constituye el legendario Estudio 1 de TVE, cuyas últimas reválidas no dieron los frutos esperados seguramente porque había que esperar al reino de las plataformas. La premisa del proyecto, impulsado por Bárbara Lennie e Irene Escolar, parte de la escena pero apuesta por una confluencia directa con el medio audiovisual; y, de hecho, lo más interesante se encuentra a priori en las alianzas concertadas entre creadores del teatro y del cine con vistas a la televisión. Si aquel Estudio 1 permitía invocar en el salón de casa a talentos descomunales como los de José Bódalo, José María Rodero e Irene Gutiérrez Caba, la clave fundamental de Escenario 0 tiene que ver, precisamente, con el mejor talento disponible hoy día para contar, interpretar y facturar una buena historia con la accesibilidad que permiten las plataformas. Lennie y Escolar idearon Escenario 0, también, como una respuesta a la clausura de teatros por la pandemia: la diferencia respecto al caos virtual tiene que ver con una ambición mayor, más ordenada, menos efímera y, seguramente, capaz de abrigar una oportunidad histórica.

Carmen Machi, en 'Juicio a una zorra', de Miguel del Arco. Carmen Machi, en 'Juicio a una zorra', de Miguel del Arco.

Carmen Machi, en 'Juicio a una zorra', de Miguel del Arco. / HBO España

Así que cabe mantener expectativas razonablemente elevadas sobre la mirada de Álex Rigola y Carla Simón (directora de la inolvidable Verano 1993) sobre Vania, la aproximación del primero a la obra de Chejov; o lo que dos cirujanos de la emoción como Pablo Messiez y Carlos Marques-Marcet, el primero en la escena y el segundo en el cine, tengan que decir sobre Todo el tiempo del mundo. Por no hablar de la revisión de Hermanas de Pascal Rambert, con las citadas Bárbara Lennie e Irene Escolar, junto a Diego Postigo. O de la Helena de Troya compuesta por Carmen Machi en Juicio a una zorra para Miguel del Arco, aquí mano a mano con Clara Roquet, en la traslación al plasma de la que seguramente es la lección más certera sobre la puesta en escena de los clásicos de cuantas se han podido ver en España en lo que va de siglo. Si Los mariachis, de Pablo Remón, ha servido en bandeja una preclara reivindicación de la comedia para el teatro presente, el encuentro con Lino Escalera (y con el reparto que encabezan Emilio Tomé, Francisco Reyes, Israel Elejalde y Luis Bermejo) promete estímulos del mismo calibre para disfrutar el órdago en casa. Y similares sensaciones despierta ya antes del estreno la lisérgica road-movie que es Mammón, de Nao Albert y Marcel Borrás, con Irene Escolar y Manel Sans entre otros intérpretes. Como primera remesa, difícilmente se podrían haber escogido otros títulos más favorables a su traducción audiovisual sin renunciar a su raíz dramática. Sólo cabe desear que el éxito estimule la producción de nuevas temporadas.

Eso sí, conviene advertir del riesgo que entraña la recepción de Escenario 0 como una sustitución: no se trata de llevar el teatro a la televisión a cuenta del coronavirus, por más que el origen del proyecto se encuentre en el confinamiento. Tal y como han demostrado los festivales de teatro que han podido celebrarse este verano (véanse los de Mérida y Almagro, con niveles de ocupación harto satisfactorios), existe un público ávido de funciones en directo que irá tomando posiciones en cuanto sea posible. Este patrimonio, por más que los agoreros de turno sigan a lo suyo, está garantizado. El quid es aquí cómo llevar las confluencias que comparten cine y teatro desde la misma invención del primero a las plataformas televisivas y comprobar en qué medida la iniciativa abre puertas reveladoras en semejante jungla. De entrada, la medida parece oportuna respecto a los puristas que siguen viendo en lo teatral un perjuicio para lo audiovisual: claro que la verdad acrisolada en el teatro puede tener su expresión particular en la pantalla. Será cuestión de hacerlo bien.

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