Factoría Echegaray Sobre la luz preservada

  • Sigfrid Monleón dirige a Alejandro Morales en ‘Resistencia y sumisión’, la obra de Alejandro Simón Partal que Factoría Echegaray estrena el día 8

Alejandro Morales, caracterizado como Dietrich Bonhoeffer, en un ensayo de ‘Resistencia y sumisión, este martes, en el Teatro Echegaray. Alejandro Morales, caracterizado como Dietrich Bonhoeffer, en un ensayo de ‘Resistencia y sumisión, este martes, en el Teatro Echegaray.

Alejandro Morales, caracterizado como Dietrich Bonhoeffer, en un ensayo de ‘Resistencia y sumisión, este martes, en el Teatro Echegaray. / Javier Albiñana (Málaga)

La historia de la resistencia alemana al nazismo (tan pendiente aún de ser contada) tiene una figura esencial en el teólogo Dietrich Bonhoeffer (Breslau, hoy Wroclaw, 1906 – Campo de concentración de Flossenbürg,1945), quien representa una poderosa excepción a la claudicación general de la Iglesia luterana al nazismo. Ordenado pastor a los 25 años, tras una formación desarrollada entre Berlín y Nueva York (con una breve pero significativa estancia en Barcelona a finales de los años 20), Bonhoeffer participó en la evacuación de judíos a Suiza organizada por la resistencia, razón por la que fue detenido en 1943. El régimen nazi vinculó al teólogo con diversos atentados frustrados contra Adolf Hitler y decidió condenarlo a la horca. Durante los dos años que estuvo en prisión Bonhoeffer continuó escribiendo, especialmente cartas; y buena parte de las mismas estaban dirigidas a un compañero, Eberhard Bethge, por quien el teólogo profesaba un amor tan espiritual como carnal. Si bien la homosexualidad de Bonhoeffer ha sido un asunto soslayado y difícil de encajar tanto por la Iglesia luterana como la católica, que lo incluyó entre sus mártires (pontífices como Pablo VI y Francisco han manifestado su admiración por Bonhoeffer en sus escritos), las cartas, que se publicaron posteriormente en un libro titulado Resistencia y sumisión, demuestran hasta qué punto el teólogo se aferró a aquel amor como expresión misma del amor de Dios con tal de abrir una puerta a la esperanza en su cautiverio (si bien escribió también cartas a su novia, Maria von Wedemeyer) . El poeta malagueño Alejandro Simón Partal convirtió las cartas de Bonhoeffer en primordial materia de estudios, dedicación que tuvo sus frutos en varios artículos y una obra de teatro titulada, precisamente, Resistencia y sumisión. Ahora, Factoría Echegaray se encarga de producir esta obra, un monólogo dirigido por Sigfrid Monleón y protagonizado por Alejandro Morales (en la piel de Bonhoeffer) que se estrena el próximo día 8 en el Teatro Echegaray, donde podrá verse con doce funciones hasta el 19.

El texto revisa la figura del teólogo Dietrich Bonhoeffer, ajusticiado por los nazis en 1945

Para despejar dudas, advierte Simón Partal de que su Resistencia y sumisión “no es una obra filosófica ni teológica: es, simplemente, una historia de amor. No aborda tanto el sufrimiento, sino algunas cuestiones inherentes al ser humano como la esperanza, la bondad, el deseo y la fe”. Y matiza el poeta y dramaturgo que “aunque la bondad ha terminado adquiriendo un significado cercano a la debilidad de carácter, aquí la reivindicamos como una actitud política, de construcción del mundo. Y la fe se orienta hacia el futuro, como la convicción de que el mañana podrá ser mejor”. En su vocación de teatro político, la obra aprovecha la figura de Dietrich Bonhoeffer para referirse, también, al presente, “donde se dan tendencias que podrían desembocar en situaciones parecidas a las que cundieron en la Europa de los años 30 y 40”. El director de cine y teatro Sigfrid Monleón se muestra singularmente explícito al respecto: “Vivimos en un contexto de intolerancia, exclusión y racismo que tiene mucho que ver con los peores años del siglo XX. Y a menudo tendemos a recluirnos en nuestras celdas a modo de respuesta. Resistencia y sumisión aborda por tanto el presente, pero no de una manera historicista, sino más bien abstracta”.

El director, Sigfrid Monleón, da instrucciones al intérprete en escena. El director, Sigfrid Monleón, da instrucciones al intérprete en escena.

El director, Sigfrid Monleón, da instrucciones al intérprete en escena. / Javier Albiñana (Málaga)

La austera puesta en escena, con Alejandro Morales y una silla como únicas presencias en una superficie cuadrada que evoca la celda de Bonhoeffer, invita a pensar en el espacio vacío, pero Monleón aclara que el intérprete mantiene “una continua interacción con la luz, que es un elemento fundamental del montaje. La intención es representar la soledad de un personaje que sigue abierto hacia el mundo, mostrar lo que no muere en un hombre que acepta su destino trágico y, sobre todo, invitar a escuchar. Es más, diría que Resistencia y sumisión es, sobre todo, una obra sobre el hecho de escuchar”. En cuanto al texto, Simón Partal puntualiza que tras leer las cartas de Bonhoeffer decidió recrear para la escena “el contexto en el que pudieron ser escritas”. Las cartas también hacen acto de presencia, aunque convenientemente adaptadas e intervenidas por el autor para el desarrollo dramático de la obra: “En sus escritos, por ejemplo, Bonhoeffer hace mucha referencia al amor, pero no tanto al deseo, y en la obra resultaba interesante que sí lo hiciera”. El objeto es claro: “Espero y deseo que el público salga del teatro con más ganas de vivir”.

Bonhoeffer fue ejecutado en abril de 1945 tras pronunciar sus últimas palabras: “Esto no es el fin para mí, no; es el comienzo de la vida”. El Estado alemán lo absolvió de sus cargos en 1995.

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