Teatro del Soho Caixabank | Antonio Banderas Un ‘Guernica’ para el Teatro del Soho

  • José Luis Puche es el autor de ‘Todos los mundos posibles’, el gran mural que desde hoy puede admirarse en el centro escénico impulsado por Antonio Banderas

José Luis Puche (Málaga, 1976) posa ante ‘Todos los mundos posibles’, su mural, en el Teatro del Soho Caixabank. José Luis Puche (Málaga, 1976) posa ante ‘Todos los mundos posibles’, su mural, en el Teatro del Soho Caixabank.

José Luis Puche (Málaga, 1976) posa ante ‘Todos los mundos posibles’, su mural, en el Teatro del Soho Caixabank. / Javier Albiñana (Málaga)

Hay encargos que se explican por sí solos: “Quiero que me hagas mi Guernica”. Así se dirigió Antonio Banderas al artista malagueño José Luis Puche, con los planos del futuro Teatro del Soho Caixabank sobre la mesa, en diciembre de 2017. Los dos se habían conocido el mes anterior, cuando el actor, interesado en la obra del artista, le compró una pieza para su colección personal. Banderas, que justo entonces rodaba en Málaga la serie Genius: Picasso, se decantó por él para materializar su empeño de instalar un gran mural en su teatro. ¿Cómo se asimila un reto de tal calibre? Pues a base de coraje: “Ha sido la obra que más me ha costado terminar, la más grande que he hecho [2,50 por 4,60 metros], la que más ideas me ha obligado a poner en juego, la que me ha llevado a un verdadero infierno. Pero ha valido la pena”, sentencia el artista. Y tanto: Todos los mundos posibles, que así se titula el mural, puede admirarse en el descansillo de acceso al patio de butacas y constituye, por sí solo, uno de los grandes valores del Teatro del Soho. Más que una alegoría del teatro, la obra es en sí puro teatro, en su más elevada expresión. Tanto, que el arquitecto responsable de la reforma del inmueble decidió situar a prudente distancia un banco de clara inspiración museística para que quien lo desee pueda sentarse y perderse a gusto en sus hechuras. Igual que el Teatro Cervantes tiene su Muñoz Degrain, Banderas tiene su Guernica; pero, más aún, Málaga tiene a su disposición una de las obras más interesantes de cuantas pueden verse hoy día fuera de sus museos.

El mural rinde homenaje al teatro, la música y la danza, e indaga en los límites entre representación y realidad. El mural rinde homenaje al teatro, la música y la danza, e indaga en los límites entre representación y realidad.

El mural rinde homenaje al teatro, la música y la danza, e indaga en los límites entre representación y realidad. / José Luis Gutiérrez

Si el instinto de Antonio Banderas en lo relativo al talento escénico ha quedado bien demostrado con el elenco de A Chorus Line, el musical con el que precisamente este viernes se inaugura el Teatro del Soho, su olfato artístico no es menor. José Luis Puche es, de hecho, uno de los artistas malagueños con mayor proyección internacional: el año que viene tiene ya comprometidas exposiciones importantes en Australia y Corea, y baraja ya la posibilidad de instalarse definitivamente en Nueva York dada la demanda de su obra al otro lado del charco. Pero tales premisas no sirven de mucho cuando del tajo se trata, especialmente si la suerte viene adversa: “Por una parte, al principio, costó bastante definir el lugar para la instalación del mural. Antonio apostaba al principio por el recibidor, en el mismo acceso del teatro, pero en el espacio hay dos grandes columnas que lo hacían muy difícil. Pensamos integrar de alguna forma las columnas, pero no había solución. Luego vimos la opción de ponerlo en la escalera, pero ahí quedaba demasiado al paso, no era una solución muy digna que digamos. La ubicación perfecta era la primera planta, donde está, pero teníamos el problema del acceso a la cabina de control, ya que el técnico tenía que entrar justo por donde debía instalarse el mural. Al final, se pudo habilitar un acceso alternativo para la cabina y dejar el espacio para la obra”. A partir de la pasada Semana Santa comenzaron las numerosas pruebas, bocetos, ideas descartadas y discusiones con Banderas, hasta que finalmente el mural quedó definido (“Antonio prefirió el primer boceto que hice”, apunta Puche), pero a la hora de trabajar volvieron los problemas: el proveedor habitual de papel (Todos los mundos posibles está realizado con carbón graso, lápiz de color y pastel graso sobre papel) envió una remesa con una trama distinta que se resentía especialmente con las altas temperaturas de los últimos meses. “Todo esto era letal para el proyecto, porque mi trabajo es muy orgánico: necesito deshacer los dibujos y volver a hacerlos, constantemente, hasta dar con el definitivo. Pero me encontré con que iba a tener que invertir mucho más tiempo”, explica Puche. Finalmente, el mural quedó listo tras cinco meses de trabajo. Eso sí, además del mural, el artista creó otras dos piezas de menor tamaño, Un sueño imposible y Fue posible, que ya están instaladas en el ambigú del teatro y que conforman con la anterior una significativa trilogía.

"Cualquier cosa es posible si la concretas en un mundo, y esto sucede en el teatro", explica José Luis Puche

El artista, junto a su obra. El artista, junto a su obra.

El artista, junto a su obra. / Javier Albiñana (Málaga)

En su fabulosa composición, el mural rinde homenaje al teatro, la música y la danza, en una secuencia en tres partes que ciertamente evoca al Guernica y con personajes diversos, entre lo humano y lo animal, que con disfraces y otras artimañas aparentan ser lo que no son. La fundamentación teórica del mural, como explica Puche, no anda muy lejos de Meyerhold: “Me interesa mucho el materialismo filosófico, la dialéctica materialista, todo lo que tiene que ver con la dualidad. El teatro se define por la oposición entre lo que es real y la ficción. El elefante que se ve en el centro del mural no es real, es un disfraz; pero, en virtud de la fábula, el espectador llega a aceptar como real lo que le parece convincente. A través de la figuración y la imaginación, el teatro es, esencialmente, un engaño. Pero el título Todos los mundos posibles es un guiño a la idea de que cualquier cosa es posible si logras concretarla en un mundo. Y esto se consigue gracias a la interpretación”. A nivel compositivo, con su estructura piramidal y con una alegoría (ahora sí) del mismo entorno urbanístico del Soho y sus arquitecturas curvas, la obra hunde sus raíces en el trigonométrico mundo clásico. Y el mismo ideal clásico comparece en la profundidad del mural, donde el público queda representado a través de tres grandes y coloridos espejos: “Esta obra es el preámbulo de lo que el espectador va a ver después. Y puede haber un espectáculo sin tramoyistas, incluso sin músicos, pero nunca sin espectadores”, explica Puche, quien señala que mientras hacía el mural desconocía aún que la escenografía de A Chorus Line iba a consistir en unos grandes espejos expuestos ante el público: “Ha sido una casualidad maravillosa”. Así suceden las mejores historias.

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