Historia de Málaga Las anchoas de Magallanes

  • El Archivo Histórico Provincial expone el documento de compra de los alimentos adquiridos en Málaga para la primera vuelta al mundo en 1519

Ilustración del siglo XIX que recrea la expedición al mando de Fernando de Magallanes. Ilustración del siglo XIX que recrea la expedición al mando de Fernando de Magallanes.

Ilustración del siglo XIX que recrea la expedición al mando de Fernando de Magallanes. / M. H.

Nuestro protagonista responde al nombre de Baltasar Genovés, al que la Historia recuerda como contramaestre de la nao Trinidad, en la que viajó Fernando de Magallanes para abrir el primer paso marítimo a las Indias desde el Atlántico y, en consecuencia, completar la primera circunnavegación de la Tierra en 1519. Genovés recibió de Magallanes la orden de abastecer el navío de víveres antes de su partida de Sanlúcar de Barrameda, fijada para el 20 de septiembre. La tarea encomendada no era precisamente sencilla: la Trinidad habría de contar con la mayor tripulación de las cinco naves implicadas (la San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago eran las otras cuatro), con 62 hombres a bordo de un total de 239. Y el tiempo que habría que invertir en completar la misión era un enigma: en los mapas de aquel mismo año, cuanto se extendía al sur de Centroamérica constituía aún un enigma exento de cartografía. En todo caso, hacían falta alimentos imperecederos que pudieran conservarse con las mayores garantías y con el mayor aprovechamiento del espacio, y Genovés expresó su particular eureka cuando encontró la solución en la señera industria de salazones de Málaga. Acudió en junio a la ciudad con una orden firmada por el propio Fernando de Magallanes en busca del comerciante marítimo con mayor nivel de producción, que resultó ser Alonso Yanes. Mientras tanto, la Trinidad, con sus 132 toneladas de capacidad y sus velas cuadradas, se desplazaba al Puerto de Málaga para incorporar un cargamento extraordinario: nada menos que doscientos barriles de anchovas, convenientemente conservadas en salmuera mediante la técnica del salpresado. Sanjuán de Amézaga, otro maestre del mismo navío, se hizo cargo de la operación, mientras que Bernardo del Castillo se responsabilizó de la custodia de los barriles una vez guardados en la bodega, tras lo que la Trinidad partió a Cádiz donde esperó ya su incorporación a la expedición de Fernando Magallanes y Juan Sebastián Elcano. De este modo, aunque los historiadores no descartan el origen malagueño de alguno (o algunos) de los 239 hombres que partieron de Sanlúcar de Barrameda (y cabe recordar que en una Málaga recién reconquistada para la Corona y en plena repoblación, los efectivos que pudieran contar con experiencia en la mar eran cuanto menos escasos), lo que sí queda claro es que la mayor aportación de esta Málaga a la primera vuelta al mundo fue de índole comercial con las anchoas que alimentaron a los 62 hombres de la nao Trinidad, incluido Magallanes. Lo curioso es que el acta notarial que acredita la compra de los doscientos barriles en junio de 1519 se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Málaga, donde podrá contemplarse en todo su original esplendor durante las próximas semanas como Documento del mes.

Carmen Casero y Esther Cruces, en la presentación del documento. Carmen Casero y Esther Cruces, en la presentación del documento.

Carmen Casero y Esther Cruces, en la presentación del documento. / M. H.

La directora del propio Archivo, Esther Cruces, y la delegada provincial de Cultura y Patrimonio Histórico, Carmen Casero, presentaron este miércoles el documento ahora expuesto, un texto de tres páginas sorprendentemente bien conservadas a pesar de sus quinientos años de historia. Tal y como explicaron Cruces y Casero, que esta factura de compra se haya conservado en Málaga constituye una rareza, ya que todo el comercio de Castilla con las Indias se gestionaba entonces desde Sevilla; únicamente se dio a otros puertos la posibilidad de participar de forma activa en esta actividad mercantil a partir de 1529, pero el privilegio se concedía sólo en lo referente a la partida, ya que a su regreso todos los barcos tenían la obligación de proceder a su descarga en Sevilla (tal y como hizo de hecho en 1522 la nao Victoria, la única de las cinco naves que regresó tras completar la circunnavegación, al mando de Juan Sebastián Elcano y con sólo dieciocho supervivientes a bordo). Posiblemente, el potencial productivo demostrado en cuanto a las anchoas conservadas en salmuera (las mismas que a partir del siglo XIX pasaron a llamarse boquerones una vez fritas), o acaso la más fortuita de las casualidades, contribuyeron a que el documento se quedase en la misma plaza donde se tornó vinculante. En la exposición del Documento del mes, además del susodicho, se exhibe una copia del registro del Archivo de Indias que da cuenta de la compra de los doscientos barriles, un mapamundi con la ruta que siguió la expedición de Magallanes y Elcano y un ejemplar de la revista Andalucía en la Historia que incluye a su vez un dossier sobre la odisea que cambió para siempre la imagen del mundo.

La conservación del acta en Málaga constituye una rareza dada la hegemonía archivística sevillana respecto a las Indias

Lo que dieran de sí los doscientos barriles repletos de anchoas también forma parte del misterio, pero lo que sí se sabe es que la aportación malagueña a la causa no arrojó demasiada suerte. En marzo de 1520, mientras las naves bordeaban la Patagonia, las escasas reservas de alimentos y la desesperanza respecto a la posible salida al Pacífico por el sur ya hicieron estallar un motín que Magallanes sólo pudo reprimir con algunas ejecuciones. Un año después, en abril de 1521, tras cruzar el estrecho que después llevó su nombre y después de insoportables hambrunas y enfermedades que diezmaron la tripulación, Magallanes murió en Filipinas a manos de los indígenas a los que pretendía convertir al cristianismo. Para entonces, la expedición había perdido tres naves y sólo podían continuar la marcha la Trinidad y la Victoria. Tras numerosos motines y relevos en los mandos, Gonzalo Gómez de Espinosa quedó al frente de la primera y Juan Sebastián Elcano fue nombrado nuevo capitán de la segunda. Para diciembre de 1521 ambas embarcaciones habían logrado llenar sus despensas de clavo, pero a su paso por las Molucas se descubrió una fatal vía de agua en la Trinidad. Se decidió que la Victoria continuara su regreso a España por la ruta habitual de las Indias, bordeando África, y que la Trinidad desanduviera el camino por el Pacífico tras su reparación hasta Panamá. Pero la nave ya no pudo resistir las tormentas. A punto de irse a pique fue tomada por un navío portugués, cuyo capitán detuvo a la tripulación. Sólo cinco hombres sobrevivieron al cautiverio y pudieron regresar a España en 1527.

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