Javier Gutiérrez | Actor “Mi espejo sigue siendo ese mal llamado costumbrismo español”

  • El protagonista de ‘Campeones’, en pleno rodaje del ‘thriller’ de Lluís Quílez ‘Bajo cero’, recibió este domingo el Premio Málaga en reconocimiento a su contribución al cine español

Javier Gutiérrez, este domingo, antes de recibir el Premio Málaga en el Cervantes. Javier Gutiérrez, este domingo, antes de recibir el Premio Málaga en el Cervantes.

Javier Gutiérrez, este domingo, antes de recibir el Premio Málaga en el Cervantes. / Marilú Báez (Málaga)

Llega Javier Gutiérrez (Luanco, Asturias, 1971) con una afonía notable a cuenta del rodaje de Bajo cero, el nuevo thriller de Lluis Quílez, en el que nuestro hombre comparte reparto con Karra Elejalde y Luis Callejo: “Estamos sometidos a un desgaste físico considerable, el rodaje es durísimo, pero estoy seguro de que será una gran película”, confirma. El protagonista de Campeones y La isla mínima, ganador de dos Premios Goya, recibió este domingo en el Teatro Cervantes el Premio Málaga que concede el Festival de Cine en Español por su contribución al cine español.

-Empecemos por una curiosidad: ¿le habría gustado hacer cine en otra época, trabajar a los órdenes de Bardem o Berlanga?

-Tengo un respeto reverencial hacia esa estirpe de cómicos a la que tanto debemos. Por supuesto, me habría encantado formar parte de un elenco en el Teatro María Guerrero dirigido por Luis Escobar. Nunca hay que olvidar cuántos directores, en una época muy oscura de este país, trajeron a España obras de Ionesco y de Arthur Miller, o eran capaces de hacer un Valle-Inclán ante la estupefacción del público. Y desde que luego que me habría gustado rodar Calle Mayor, o El pisito, o Bienvenido Mr. Marshall. A ver, estoy muy contento y muy orgulloso de algunos trabajos que he podido hacer ahora, pero aquel blanco y negro y aquella forma de vivir este oficio entrañaban una pasión que se ha perdido. Sospecho que las nuevas generaciones prefieren la inmediatez, la llegada del éxito cuanto antes. Se ha perdido el espíritu romántico que yo tenía cuando llegué a Madrid con 18 años y lo primero que hice fue dejarme cien pesetas en la taquilla del Teatro Español para ver uno de los últimos trabajos de José María Rodero. Me temo que demasiada gente joven desconoce quién fue José María Rodero.

-¿Se siente entonces parte de esta tradición?

-Sí, el espejo en el que me he mirado siempre es el que está en nuestro ADN, en ese mal llamado costumbrismo español. Mis referentes son Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Fernando Fernán Gómez, gente que era capaz de hacer un día una comedia disparatada y al otro una tragedia. Pero no dejo de reconocer en el teatro mi mejor escuela desde Animalario. El trabajo que hice con Andrés Lima resultó fundamental en mi definición como actor.

-¿Hay algún papel fetiche para el que querría verse convocado?

-Hay muchos personajes a los que uno querría interpretar, tanto en el cine como en el teatro, desde Calígula a Ricardo III. Y hay una obra que siempre tengo en mente y que me encantaría hacer, lo mismo en el cine que en el teatro, que es Edmond, de David Mamet. Me queda mucho por hacer y por aprender.

-¿Son para un actor el cine y el teatro oficios distintos?

-El trabajo intelectual que compartes con un director a la hora de definir y crear un personaje es siempre el mismo, al menos en esencia. Se trata de entender a fondo el personaje, comprender bien cada matiz de la historia que estás contando y transmitirla así al espectador. Pero a partir de aquí los procesos difieren. Yo llegué tarde al cine y la televisión y la verdad es que me costó hacerme a la idea de actuar ante la cámara, hasta que asumí la importancia de que ahí se da siempre la ley por la que menos es más. En el teatro esto hay que tenerlo en cuenta también, pero cuando te pones a actuar en una sala delante de ochocientas personas tienes que echar mano de herramientas relativas a la dicción y al gesto que no tienen nada que ver con el cine. De todas formas, un buen actor sabe cómo tiene que comunicar lo mismo ante la cámara que en un escenario para que el público te vea y te escuche de la forma más natural posible.

-¿Cambian algo las reglas cuando toca actuar en streaming?

-Yo encaro siempre mi trabajo desde el mismo lugar: el respeto que siento por el espectador. A partir de ahí, me da igual cómo se va a consumir ese trabajo. Tengo mi opinión acerca de la irrupción de un gigante como Netflix, una apisonadora que ha venido a revolucionar la manera de hacer y disfrutar el cine, pero como actor no me planteo en qué condiciones se va a dar eso. Lo que no quita que como espectador sienta cierta zozobra, ya que me mantengo fiel a la idea romántica de la sala de cine. A la hora de trabajar, sin embargo, el formato es lo de menos.

-¿Echa de menos la posibilidad de hacer más teatro?

-Sí, pero uno no es tan dueño de lo que hace como quisiera. Y la verdad es que el cine y la televisión me han ofrecido proyectos muy apetitosos, con directores y con actores con los que me apetecía mucho trabajar, así que no podía negarme. De todas formas, el teatro va a estar siempre ahí. He sido productor de los últimos espectáculos que he hecho, así que se que cuando quiera levantar un proyecto ya tendré el camino aprendido, aunque me sigan llamando para el cine y la televisión.

-¿Le tienta la dirección?

-Nunca me he planteado dirigir cine. Admiro mucho a los directores de cine, viven en una batalla diaria, invierten dos y hasta tres años de su vida en proyectos que yo no me podría permitir, y además no sé hacerlo. En el caso del teatro sí que fantaseo con la idea. Espero que sea más pronto que tarde.

-¿Ha abierto Campeones una puerta al cine español que no debería volver a cerrarse en lo que a producción se refiere?

-El éxito de Campeones tiene que ver con creer en un proyecto y llevarlo a sus últimas consecuencias, con la perseverancia de Javier Fesser a abrirse camino a veces en entornos adversos. El cine español está demasiado sujeto a criterios de cadenas de televisión y a un sentido de la financiación que rige lo que tiene que ver el espectador, pero Fesser ha tirado en medio de todo esto con una idea que ha roto moldes. Ojalá cambie la manera de hacer y ver cine, que al menos quien tiene poder decisión se piense más de una vez y más de dos qué es lo que va a ofrecer al espectador. Hay que tener en cuenta el talento de los directores, atender a los proyectos, no sólo al rendimiento potencial en taquilla.

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