Cultura

Jornada de espera, en Compañía

  • Primer día de puertas abiertas en el Museo Thyssen

No hay nada mejor que levantarse un viernes temprano para guardar cola. Sobre todo si la espera no se hace a las puertas de cualquier oficina del Inem. Al menos las de ayer en el centro de Málaga respondían a una motivación más placentera. El anuncio de tres días de puertas abiertas (hasta el domingo) para visitar el nuevo Museo Thyssen pareció despertar entre los malagueños una curiosidad inusitada. El horario de visitas gratuitas comienza a las 10:00 pero, como mandan los cánones, tocaba ser previsor y dar forma a la espera desde varias horas antes. Al parecer a las seis de la mañana llegaron los primeros visitantes a coger sitio en la calle Compañía, aunque a Puri Martín y sus amigas del centro de adultos de Portada Alta les bastó con llegar a las nueve y media para poder estar “justo a las diez dentro”, aseguraba. Del recorrido por las tres plantas expositivas del Palacio Villalón se quedan con “la decoración y la limpieza” y ese “toque andaluz que la baronesa le ha querido dar”, explicaba Pilar. “Orgullosas” de poder contar con un museo de estas características en pleno corazón de la ciudad, las señoras se quedan con este inmueble frente a su homólogo de Madrid, aunque echan en falta “los grandes maestros impresionistas” que sí cuelgan del otro Thyssen capitalino.

A las once y media de la mañanala calle Compañía seguía ocupada por pacientes amantes del arte gratuito, o de la novedad. Mucha gente mayor, parejas con niños y algún que otro estudiante emocionado con poder hacer la ‘piarda’ con un poco de cultura como excusa. Jaime Carrasco y sus compañeros de colegio mayor pertenecían a este grupo. Acababan de incorporarse a la cola casi desde la Tribuna de los Pobres, y por qué no, cambiar las dos horas de clases en el campus de Teatinos por un empacho de arte costumbrista del siglo XIX “gratis y el primera día de apertura”, subrayaba el joven. Las visitas a los museos no son su fuerte excepto para Mª Sedeño, habituada a tenerlo como rutina. “Todo lo que sea cultura es bueno para la ciudad. Además creo que éste está mejor que el CAC y el Picasso”, afirmaban casi al unísono, eso sí, antes de comprobarlo por ellos mismos.

Pasaban las horas y la fila de curiosos avanzaba a buen ritmo alimentada continuamente por nuevas incorporaciones. Ajenos al tema del día, algunos viandantes intentaban abrirse paso a ambos lados de la cola, en uno y otro sentido. Uno de ellos se decidía a verbalizar en voz alta el pensamiento de otros tantos: “como se nota que todo esto es gratis”.

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