'Mestiza' | Crítica

La madre de todas las lenguas

Gloria Muñoz y Julián Ortega, en 'Mestiza'. Gloria Muñoz y Julián Ortega, en 'Mestiza'.

Gloria Muñoz y Julián Ortega, en 'Mestiza'. / David Ruiz

El título de la obra Mestiza hace referencia a Francisca Pizarro Yupanqui, hija de Francisco Pizarro y primera mestiza del Perú; pero también va dirigido, con no menos intención, a la lengua española, nacida y crecida desde aportaciones diversas, distantes hasta quedar separadas por océanos, sin padres reconocibles y fruto de semillas múltiples. Y es así gracias al maravilloso texto de Julieta Soria, toda una celebración de la lengua precisamente en su calidad mestiza, que a pesar de su amplio vocabulario y su calidad expandida se ofrece al oído del espectador ligero y suave, musical y amable, cómplice, nunca adverso. Pero si el contenido verbal de la obra merece todos los elogios, el mismo no podría entenderse sin su encarnación en Gloria Muñoz. Hacía tiempo que un servidor no disfrutaba una complicidad tan perfecta entre un texto ambicioso y bello y una intérprete en verdadero estado de gracia que lo hiciera suyo hasta conferirle un sentido más pleno, y eso es justo lo que ofrece Mestiza. Julieta Soria demuestra que sí es posible crear un texto dramático con verdadera ambición literaria, sin miedo y a bocajarro, y es Gloria Muñoz quien en su construcción de Francisca Pizarro alumbra en su personaje una verdad tremenda, tan humana como permite el teatro. Si en algún momento alguien se despistó respecto a los mimbres del teatro contemporáneo, aquí tendrá un perfecto punto de partida.

Ante tales valores, Yayo Cáceres opta por vestir la dirección con lo justo, y acierta. Con la música interpretada en directo por un dúo de lujo, el montaje relaja un tanto el desmadre barroco para contenerse en un calidez más humanista, justamente más dicha al oído, y funciona al oído. Julián Ortega compone un Tirso de Molina con igual verdad en una difícil papeleta, resuelta a base de técnica, limpieza y alma. Por su condición de alegato radical a favor de la libertad de expresión, habrá que recordar siempre a Mestiza. Esta lengua no tiene padre, pero madre sí: se llama Gloria Muñoz. Amén.

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