Miguel Campello | Músico

“Deberían prohibir las canciones de desamor de una vez por todas”

  • El cantante y compositor llega a la Sala París 15 este sábado en el tramo final de su gira ‘Agua, pan, amor y vino’ y sólo unos días antes del lanzamiento de su nuevo disco, ‘Entre mil historias’

Miguel Campello (Elche, 1979), en una imagen promocional. Miguel Campello (Elche, 1979), en una imagen promocional.

Miguel Campello (Elche, 1979), en una imagen promocional. / M. H.

La fusión ya estaba más que inventada cuando Miguel Campello (Elche, 1979) puso el negocio patas arriba al frente de Elbicho, pero pocos han llevado la mescolanza de géneros a los límites artísticos y populares en los que este músico sabe desenvolverse. En solitario, reconvertido en Chatarrero, sus premisas son las mismas, pero la posibilidad de viajar más ligero de equipaje le permite probar cualquier fórmula con más libertad y determinación. El próximo día 23 saldrá a la venta su nuevo disco, Entre mil historias, en el que revisa un puñado de canciones ya publicadas (además de algunas inéditas) tanto en solitario como con Elbicho en formato acústico. Pero antes, este sábado 17, llegará a la Sala París 15 de Málaga dentro del tramo final de la gira de presentación de su anterior trabajo, Agua, pan, amor y vino, en marcha desde hace dos años. La pereza no es desde luego lo suyo.

-Todavía no ha terminado la gira de presentación de un disco y ya anuncia el lanzamiento de otro. ¿Acaso tiene usted prisa por llegar a algún sitio?

-No, son sólo modos diferentes de hacer las cosas. Hay quien necesita estar largo tiempo sin hacer nada entre proyecto y proyecto. Yo, si no hago nada, me aburro sin remedio. Es más, si te digo la verdad tengo muchas más cosas guardadas con la intención de grabarlas más adelante. Lo que pasa es que a la vez que voy componiendo, me apetece descubrir cosas nuevas con las canciones que ya están terminadas. Darles una segunda vida. De ahí la razón de hacer un disco como Entre mil historias.

-¿Cabe interpretar aquí el formato acústico escogido como un signo de madurez?

-No, basta con verlo como un deseo de desnudar las canciones. Muchos de mis discos favoritos son vacíos, están grabados sólo con guitarra y voz, como algunos de Silvio Rodríguez. Y desde hace mucho tiempo me apetecía probar algo así. Lo que pasa es que dentro de un grupo como Elbicho, en el que trabajábamos muchos músicos, cada uno ponía sus ideas sobre la mesa y eso había que aceptarlo sin remedio, había que encontrar la manera de darle cabida a todo, por lo que era muy difícil encontrar oportunidades para la desnudez. En solitario es más fácil. De hecho, lo que más me apetecía era poder presentar las canciones al natural, de la forma más parecida posible a como nacen. Siempre digo que en el estudio las pistas son gratis: puedes añadir cosas y más cosas y no cansarte nunca. Y ahora me apetecía trabajar de otra manera, quitando en vez de añadiendo. En mi día a día escucho de todo, de Björk a Radiohead pasando por el mismo Silvio Rodríguez. Si quiero que mi música sea un reflejo de esta inquietud, inevitablemente tenía que pasar por esto.

-¿Tiene en mente hacer una siguiente gira con este mismo formato acústico?

-Sí, así es. La idea ya está en marcha, estamos diseñando una gira con Entre mil historias. Pero será algo distinto, claro. No podemos ir a tocar en acústico a los mismos festivales en los que actuamos por ahora, por ejemplo. Nuestra intención es hacer una gira por teatros y salas más reducidas, por espacios más íntimos en los que esa desnudez se perciba con claridad.

-Su actitud en el escenario es de todo menos íntima. ¿Le obligará esa gira futura a reinventarse?

-¿Sabes qué pasa? A menudo ponemos los nombres a las cosas para hacerlas más reconocibles, sobre todo de cara al público. Un poco para invitar a la gente a que venga a un concierto o compre un disco bajo la marca de lo nuevo. Pero luego, en el día a día, en mi trabajo de músico, no percibo paréntesis ni puntos y aparte en mi carrera respecto a lo que hago. Por ejemplo, los conciertos como el que vamos a hacer en Málaga se inscriben en una idea llamada Fin de gira, pero yo no tengo la sensación de estar terminando nada. Entonces, no me planteo una gira en acústico como algo extraño ni distinto. Simplemente es otra cosa, un nuevo peldaño. Como te decía, para mí es importante no parar. Porque si paras, echar a andar otra vez cuesta mucho más.

-Pero ¿no conviene parar de vez en cuando para tomar una perspectiva más clara respecto al siguiente paso?

-Sí, pero esa necesidad de parar se da de manera natural. Y si no se da, lo mejor es no hacerlo, seguir trabajando. Hay veces en que por cuestiones de agenda tienes que esperar un tiempo antes de presentar un nuevo proyecto, con lo que estás obligado a parar de alguna forma. Pero lo que no puedo hacer nunca es parar de escribir. Siempre estoy anotando ideas. Me sale de forma espontánea.

"He aprendido a entender las cosas como vienen. Lo mejor es no dejar de sentir la magia de siempre”

-¿Se considera un aprendiz, o ya lo tiene todo aprendido?

-Sí, claro que soy un aprendiz. En lo musical por supuesto, pero más aún a la hora de escribir y contar historias. Me interesa sobre todo contar lo que no cuentan otros, salirme de lo general. Ahora, por ejemplo, todo el mundo hace canciones de desamor, y ha llegado el asunto a tal saturación que lo mejor que se podría hacer es prohibirlas de una vez por todas, porque parece que no se habla de otra cosa. Me atrae mucho más el rap como expresión poética de la vida cotidiana, igual que el cante jondo o la canción de autor. Donde haya un matiz poético allí estoy yo aprendiendo, desde luego.

-¿Ha tomado alguna vez una decisión de la que se haya arrepentido después?

-La verdad es que no. Antes de que salgan las cosas hay un proceso de selección y muchas acaban en un cajón. Eso me da garantías.

-¿Y la mayor alegría?

-Llegar a un concierto y encontrar que la gente se sabía las canciones hace quince años era algo tremendo. Que ahora se las sepan sus hijos es más tremendo todavía. He aprendido a entender las cosas como vienen. Lo mejor es no dejar de sentir esa misma magia.

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