Exposición fotográfica

El corazón del infierno, la mirada en los límites

  • La Sociedad Económica de Amigos del País acoge hasta el 6 de diciembre la exposición 'Fronteras', con 40 fotografías de Emilio Morenatti y Manu Brabo tomadas en campos de refugiados y ciudades en guerra como testimonio excepcional 

Una fotografía de Manu Brabo, en la exposición de la Sociedad Económica. Una fotografía de Manu Brabo, en la exposición de la Sociedad Económica.

Una fotografía de Manu Brabo, en la exposición de la Sociedad Económica. / Javier Albiñana (Málaga)

Ante el objetivo de Manu Brabo, un hombre que huye de la guerra de Sudán del Sur y que ha sido detenido en el campo de inmigrantes de Gueryan, a ochenta kilómetros de Trípoli, en Libia, muestra una inscripción tatuada en su pecho: God is love. Que alguien reivindique el amor de Dios en los campamentos de refugiados, en las ciudades sitiadas por la guerra y en el mar abierto convertido en cementerio de quienes se lanzan a la otra orilla consumidos por el horror es un impacto conceptual y emocionalmente difícil de sostener, pero si algo revela el infierno es su sustento en la más pura contradicción, mucho más allá de la tragedia absoluta que contiene. Lo difícil, en todo caso, es mirar y seguir mirando. Plantar aquí los ojos y mantenerse alerta, resistir la tentación de mirar para otro lado aunque el precio pueda llegar a ser la misma vida. Pero éste es exactamente el trabajo de los reporteros gráficos españoles Manu Brabo y Emilio Morenatti, dos referentes sin parangón en su oficio, ganador del Pulitzer el primero y del World Press Photo el segundo, publicados en los medios de comunicación más prestigiosos del mundo y reconocidos ampliamente por su valentía y empeño a la hora de plantar su objetivo donde muy pocos se han atrevido a mirar. Ahora, la Sociedad Económica de Amigos del País acoge hasta el 6 de diciembre la exposición Fronteras, una iniciativa de la Fundación Unicaja y el Consejo Social de la Universidad de Málaga que reúne 40 fotografías de ambos reporteros en una cartografía de los límites que demuestra en qué medida coinciden los humanos y los geográficos en este siglo XXI.

Fronteras (comisariada por Rafael Díaz, integrada en el Foro Tres Med que acoge estos días el Rectorado y presentada este martes a los medios por la responsable de artes plásticas y espacios museísticos de la Fundación Unicaja, Emilia Garrido; y por el presidente del Consejo Social de la UMA, Juan de Dios Mellado) lleva al visitante directamente a estos territorios y a la lucha de miles de personas por cruzarlos para huir de la muerte. La lectura política salta por sí sola, con las mismas fronteras como claros ejemplos de la determinación del poder en deshumanizar a los intrusos mucho más allá de su mera aniquilación; sin embargo, los fotógrafos se limitan a dar testimonio de lo que ven en un engrandecimiento colosal de la función social de periodismo: ante las imágenes, tomadas entre 2011 y 2017, no caben peros ni matices, sino la conciencia plena. Morenatti opta por el color para retratar la odisea de los inmigrantes africanos en el Estrecho, la situación de los habitantes del campo de inmigrantes de Calais, al norte de Francia, y las duras condiciones de vida en los campos de refugiados entre Libia y Túnez, que diversos organismos internacionales compararon sin reservas con los campos nazis de exterminio. Manu Brabo muestra en blanco y negro las hogueras de los campamentos de refugiados en la frontera entre Eslovenia y Austria, los trenes atestados de inmigrantes que parten desde Croacia en dirección a Viena, los disparos en Alepo, los edificios destruidos en la ciudad libia de Sirte tras la llegada del ISIS en 2016. Hay niños que intentan distraerse con un proyector de cine en un campo de refugiados en la frontera entre Grecia y Macedonia, ateridos de frío. Otros llegan extenuados a la costa de Lesbos después de un viaje en una balsa hinchable desde Turquía. Conducida a sus límites, la humanidad es una excepción y a la vez una realidad plena. Las miradas atrapadas en el objetivo delatan un mundo, el presente, el que corresponde a este siglo XXI, que ha decidido prescindir del futuro y convertirse en un éxodo ciego. Pero a la vez es un mundo reafirmado en los ojos que, a pesar de todo, quieren seguir mirando.

Morenatti y Brabo, en la Económica, junto a una foto del primero. Morenatti y Brabo, en la Económica, junto a una foto del primero.

Morenatti y Brabo, en la Económica, junto a una foto del primero. / Javier Albiñana (Málaga)

Los protagonistas de la muestra, Brabo y Morenatti, impartieron este martes un taller en el mismo Rectorado de la UMA antes de la inauguración de la muestra, donde brindaron sus respectivas lecturas de su trabajo. Para Manu Brabo, exposiciones como la que acoge ahora Málaga “constituyen una oportunidad para construir una narrativa de lo que hacemos, porque lo que se ve representa únicamente la punta del iceberg. Eso sí, todas las imágenes incluidas aquí tienen una razón de ser: servir de retrato de las causas, los procesos y las consecuencias no tanto de las migraciones como de las personas migrantes. En cualquier caso, el objetivo último es reflexionar sobre el destino al que queremos conducir a Europa”. Por su parte, Morenatti reivindicó la utilidad de estos proyectos “para desmontar las mentiras que se dicen continuamente desde los medios de comunicación sobre lo que los inmigrantes cuestan a los españoles, cuando la realidad es que aportan mucho más económicamente. Hay que desactivar esa intoxicación. Es un poco como cuando te mandan a un campo de refugiados. Piensas que vas a ir a una jungla en la que vas a perderlo todo, pero lo que encuentras por todas partes es hospitalidad, gente que comparte contigo su vaso de té y lo poco que tienen para comer. Hay una nobleza en la persona que huye que echo de menos en otros contextos”. Para Morenatti, el secreto de una buena foto es “la química que se da entre el fotógrafo y el fotografiado. El refugiado que te pide que le fotografíes inspira algo parecido a la piedad”.

Al término de la exposición de las fotografías de Brabo y Morenatti (seleccionadas para la ocasión por los propios fotógrafos e impresas en el Centro de Tecnología de la Imagen de la UMA) corresponde recordar los versos con los que Dante concluía su paseo por el Infierno: "Por un agujero vi las cosas / bellas del cielo. Y por allí salimos / a contemplar de nuevo las estrellas". Este tiempo exige, sin embargo, una mirada que prefiera no apartarse. Por más que el infierno no termine nunca.

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