Natalia Menéndez | Directora teatral y dramaturga

“En el teatro, cuanto más te desnudes, menos se te ve a ti y más se ve al personaje”

  • La creadora escénica presenta este miércoles en el Cervantes, dentro del Festival de Teatro, ‘Tebas Land’, la aclamada obra del dramaturgo uruguayo Sergio Blanco

La dramaturga y directora escénica Natalia Menéndez (Madrid, 1967). La dramaturga y directora escénica Natalia Menéndez (Madrid, 1967).

La dramaturga y directora escénica Natalia Menéndez (Madrid, 1967). / M. C.

Comenzó como actriz, aunque Natalia Menéndez (Madrid, 1967) no tardó en conducir su vocación a la escritura y la dirección escénica, lo mismo con el Don Juan Tenorio en la versión de Yolanda Pallín que estrenó en 2004 que con el muy recordado montaje de El invierno bajo la mesa de Roland Topor que el Centro Dramático Nacional visitó de largo en 2005. Después vinieron otras funciones memorables, como las de Tres versiones de la vida de Jasmina Reza (2007), Tantas voces a partir de varias obras de Luigi Pirandello (2009), Realidad de Tom Stoppard (2010) y La amante inglesa de Marguerite Duras (2013). Entre 2010 y 2018 dirigió el Festival de Teatro Clásico de Almagro, a cuya proyección internacional y consolidación contribuyó en un periodo singularmente difícil para las artes escénicas. Este miércoles presenta en el Teatro Cervantes a las 20:00, dentro del Festival de Teatro, la aclamada Tebas Land, del autor uruguayo Sergio Blanco, en la que el hálito del Edipo Rey de Sófocles sobrevuela en las entrevistas que un dramaturgo mantiene con un joven acusado de matar a su padre.

-Cuando se hizo usted cargo del montaje español de Tebas Land, la obra de Sergio Blanco ya había causado un gran impacto en varios países de América Latina. ¿Contribuyó esta premisa a su decisión de dirigirla?

-Fue mucho más sencillo. Estando en Almagro, llegó alguien de Uruguay con la obra bajo el brazo y me la dio para que la leyera, convencido de que me iba a gustar. Nada más leerla, supe que quería dirigirla. Conocí después a Sergio Blanco, en el master que coordina Juan Mayorga; nos pusimos a hablar y comprobamos enseguida que compartíamos muchos puntos de vista sobre la obra. Y después rodó todo en la dirección oportuna. Pero antes de leer la obra yo no la conocía, ni había oído hablar de ella. Cuando leo una obra no investigo sobre ella, no me pongo a analizar su trayectoria. Sólo me fío del instinto que me conduce a querer montarla cuando la he leído.

-¿Aborda Tebas Land el modo en que las grandes obras del teatro clásico siguen interrogándonos?

-En mi trayectoria he dirigido y adaptado tanto a autores clásicos como contemporáneos, aunque mi periodo al frente del Festival de Almagro haya inclinado mi imagen hacia los clásicos. En este sentido, he dirigido Tebas Land como lo que es, la obra de un autor contemporáneo. Tenemos por un lado un parricidio y por otro un dramaturgo que trabaja en su creación, puestos en paralelo, y la obra se pregunta constantemente hasta qué punto podemos incluir la vida en la creación artística, en qué medida podemos acudir a ella sin faltar a la verdad. Tenemos un hijo que mata a su padre, abusos, incestos, pero Sergio Blanco acude lo mismo a Edipo que a Mozart para armar su obra, sin pedanterías, de manera muy directa. Durante la función, el público va tomando partido por el parricida o por el dramaturgo, y a medida que todo avanza su parecer irá cambiando. Es un texto tremendo, muy sugerente, que invita a la reflexión y al debate y se mueve entre lo consciente y lo inconsciente. Tal vez el asunto más importante de cuantos trata Tebas Land sea la mirada, especialmente la adopción del punto de vista del otro.

-¿La conclusión es que, a pesar del apogeo audiovisual, el teatro sigue siendo un instrumento válido para tocar el corazón del espectador en el siglo XXI?

-Absolutamente. De hecho, en la obra hay un elemento audiovisual muy importante, en el que se sostiene mucho el montaje. Pero todo forma parte del mismo hecho teatral, que es lo que se reivindica. A través del personaje del dramaturgo, Sergio Blanco construye cierta autoficción desde la que defiende que un creador escénico actual tiene la obligación de poner en juego nuevos lenguajes, investigar, buscar y experimentar.

-¿Cómo fue el trabajo con los actores de la obra, Pablo Gómez-Pando y Víctor Sevilla?

-Estupendo. El montaje es un juego muy poético, algo simbólico, con muchos espacios abiertos. Nuestra intención era servirlo todo con un realismo poético que el público pudiera percibir casi como una puesta en escena naturalista. Y para eso hacía falta un equilibrio preciso en la interpretación que hemos logrado con creces, gracias al talento de los intérpretes.

-Se lo pregunto por la respuesta de los actores al abordar asuntos tan delicados como el parricidio, los abusos y el incesto.

-Siempre digo a mis actores que no juzguen a sus personajes. Que basta con interpretarlos y hacer la mejor construcción posible. Eso sí, tengo claro que, en el teatro, hay que desnudarse. Porque cuanto más te desnudas, menos se te ve a ti y más se ve al personaje. Por eso les pido atrevimiento. Que se desnuden. Sin juzgar al personaje, porque de eso se encargará el público. Y sin ahondar en experiencias personales. Uno puede desnudarse sin sacar a la luz cosas de su vida privada. No hace falta.

"Málaga comprendió que lo del sol y la playa no iba a durar siempre y apostó por la cultura. Es lo que hay que hacer"

-¿Nada de método, entonces?

-No. O, si acaso, preferiría un método distinto, más basado en esencias. Cuando trabajamos, a mí no me sirve de nada saber cuestiones de la vida privada de mis actores. A ver, es evidente que cuando hay confianza se cuentan cosas, pero eso no forma parte del trabajo. Quiero decir que, para referirnos al abuso, no es necesario que un actor saque su propia historia. Todos sabemos qué es el abuso, en qué consiste, cómo funciona. Con ese conocimiento es suficiente. No hace falta llegar más lejos

-¿Y cómo reacciona el público que va a ver Tebas Land?

-Puesto en pie.

-¿A pesar de lo duro del menú?

-Sí. Lo que más le cuesta al público es entrar. Tebas Land es un título difícil. Y no hay caras famosas de la televisión. Pero, una vez dentro, las emociones que se viven son muy intensas, me gustaría pensar que inolvidables. Te contaré una cosa: el mismo Sergio Blanco me confesó, entre lágrimas, que el montaje que más le había gustado de su obra era el nuestro.

-¿Qué ha aprendido dirigiendo el Festival de Almagro?

-He aprendido mucho en lo profesional, pero más aún, si te digo la verdad, en lo personal. He aprendido a utilizar un lenguaje muy preciso, que es el de la política cultural. Y a llevar un equipo, a coordinar a un grupo de gente que ama lo que hace y que permite obtener mucho con poco. He aprendido a ser tenaz en lo que pido y a pedir no más que lo necesario. Entre todos hemos conseguido darle un vuelo alto al festival, cuidando al público, a los artistas y al equipo. Porque también he aprendido que si descuidas a uno de los tres, los otros dos también se resienten.

-¿Y qué ha encontrado en el teatro español fuera de Almagro?

-Pues he encontrado la misma cuestión: que de la dirección escénica no se come. Ni siquiera los directores que están en el top ten comen de su trabajo. Hay un descuido en la distribución y en otros muchos procesos relativos al teatro muy, muy grande. Contamos con grandes creadores y con un nivel artístico muy importante, pero las administraciones deberían preocuparse de darle combustible a esta maquinaria. Hay que entender que la cultura es nuestro patrimonio. Eso Málaga parece haberlo comprendido muy bien: vio que lo del sol y la playa no iba a durar para siempre y apostó por la cultura. Es lo que hay que hacer.

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