Orquesta Filarmónica de Málaga Sueños (filarmónicos) de una noche de verano

  • Bajo la dirección de Arturo Díez Boscovich, la OFM interpretó obras de Mozart y Beethoven en la plaza del Santuario de la Victoria con una gran acogida

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga, este viernes, en la plaza del Santuario de la Victoria. Concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga, este viernes, en la plaza del Santuario de la Victoria.

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Málaga, este viernes, en la plaza del Santuario de la Victoria. / Javier Albiñana (Málaga)

La premisa cae por su propio peso, como aquella advertencia por la cual si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Ante la posibilidad de que las condiciones sanitarias impuestas por la epidemia del coronavirus para tocar ante el público en recintos cerrados terminen siendo inasumibles, la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) ha planteado en los últimos meses diversas alternativas, como la emisión en televisión de los conciertos de la temporada de abono. Una de estas propuestas, a la sazón tanteada ya en multitud de ocasiones anteriores, era la celebración de conciertos en espacios al aire libre, donde las reglas a asumir para evitar los contagios son menos estrictas y los aforos permitidos son menos reducidos. Pero se trataba, de nuevo, de hacer de la necesidad virtud: muchos directores titulares han barajado las actuaciones al aire libre como escaparates idóneos con los que ganar nuevos públicos a la causa, y es ahora cuando, seguramente, tal envite tiene el mayor sentido. Dicho y hecho: la OFM acampó este viernes a lo largo y ancho de la plaza del Santuario de la Victoria para ofrecer el primer concierto de su ciclo extraordinario Clásicos Populares, llamado, precisamente, a meterse al más diverso personal en el bolsillo a base de partituras de indudable tirón.

El aforo quedó dispuesto con la distancia de seguridad y todas las medidas sanitarias. El aforo quedó dispuesto con la distancia de seguridad y todas las medidas sanitarias.

El aforo quedó dispuesto con la distancia de seguridad y todas las medidas sanitarias. / Javier Albiñana (Málaga)

Durante todo el día corrieron en el barrio rumores de variopinta índole sobre la utilidad de las sillas y el escenario dispuesto a las mismas puertas de la basílica. Las dudas quedaron finalmente despejadas cuando, caída ya la noche en sus primeros compases, los maestros de la OFM tomaron posición en la hermosa plaza con sus instrumentos. En la tarima hizo lo propio el director malagueño Arturo Díez Boscovich, viejo conocido de la orquesta que, precisamente, figura en la próxima temporada de abono como director invitado. Y, en el repertorio, obras de Mozart y Beethoven. Es decir, ases seguros donde los haya para que la música surta sus mejores efectos. Con la sonorización debida, la sorpresa general de los transeúntes, el entusiasmo de algunos y la curiosidad de la mayoría, la música clásica se convirtió, a las órdenes de Díez Boscovich, en materia urbanística. Y en herramienta de cohesión en un barrio que recibió la propuesta como un regalo.

El recorrido sinfónico por la obra de Beethoven causó sensación en el público

Sonaron, por parte de Mozart, las oberturas de sus óperas más celebradas: Le nozze di Fígaro, Don Giovanni, Cosi fan tutte, La clemenza di Tito y La flauta mágica. En cuanto a Beethoven, la Filarmónica brindó un suculento recorrido por su patrimonio sinfónico con paradas en las Sinfonías Quinta (el contenido clamor general se palpaba en el ambiente ante el primer movimiento), Sexta y Séptima. Hubo niños, mayores, jubilados y gente que se trajo helados de Casa Mira. La música reinó radiante en la tórrida noche de verano.

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