Literatura

Pálido Fuego, por amor a Evan Dara

  • El sello malagueño publica ‘La cadena fácil’, del autor estadounidense

Detalle de la portada de ‘La cadena fácil’, de Evan Dara, en la edición de Pálido Fuego. Detalle de la portada de ‘La cadena fácil’, de Evan Dara, en la edición de Pálido Fuego.

Detalle de la portada de ‘La cadena fácil’, de Evan Dara, en la edición de Pálido Fuego. / Pálido Fuego

¿Quién es Evan Dara? Poco se sabe de la persona que se oculta tras este seudónimo, salvo que se trata de un escritor estadounidense residente (al menos durante largas temporadas) en Europa, posiblemente en París; que ha publicado hasta el momento tres novelas y una obra de teatro de manera radicalmente independiente y que, en virtud de semejante secretismo, es el protagonista de uno de los fenómenos más asombrosos y a la vez secretos, fuera de cualquier atisbo próximo al mainstream, de la literatura norteamericana de las tres últimas décadas. Sostienen ciertos críticos que tras el telón de Evan Dara se esconde el novelista Richard Powers, quien admite únicamente su condición de depositario de los manuscritos del autor. El propio Evan Dara, en su concienzuda emulación pynchoniana, apenas se ha manifestado de manera pública en un par de ocasiones para confirmar que Evan Dara es un seudónimo y para negar la influencia de William Gaddis que buena parte de los exégetas daban por sentada. De cualquier forma, si nuestro hombre constituye uno de los enigmas mejor guardados de la narrativa estadounidense, a día de hoy no se puede decir que sea un desconocido para el lector en lengua española. Y no lo es por obra y gracia de la editorial malagueña Pálido Fuego, que publicó en 2015 la primera novela de Dara, The lost scrapbook, aparecida originalmente en 1995 y traducida por José Luis Amores como El cuaderno perdido. Amores, impulsor esencial de Pálido Fuego, emprendió una tarea realmente titánica para verter al castellano una novela que, más allá de cualquier etiqueta experimental, conectaba al lector con una experiencia única de la realidad a lo largo de un relato orgánico disuelto en mil y una células. Su empeño no sólo llamó la atención del mismo sector editorial estadounidense que había tachado la novela de Dara de intraducible, sino que se vio reconocido con el premio de Estado Crítico a la mejor traducción aquel mismo año. Ahora, el idilio de Pálido Fuego con Evan Dara continúa con la segunda novela del autor, The easy chain, publicada originalmente en 2008 y que llegará a las librerías como La cadena fácil a partir del próximo 23 de septiembre, de nuevo con la traducción de José Luis Amores como proverbial carta de amor.

La editorial ya publicó en 2015 la primera novela de Evan Dara, ‘El cuaderno perdido’

A través de su protagonista, Lincoln Selwyn, un joven británico criado en Holanda que llega a Chicago en el año 2000 para estudiar Humanidades (y, de paso, para protagonizar una irresistible historia de ascenso social), Evan Dara narra el desarrollo de un fraude pero, en una odisea cargada de intenciones, ahonda en los límites que separan la verdad de la mentira y propone un turbio juego de espejos respecto a la posibilidad de asentar un equilibrio entre ambas. Para ello, el autor diluye fondo y forma y termina sumiendo al lector en la diatriba respecto a cuánto hay de verdadero y falso en el mismo hecho de narrar, en qué medida es posible contar una historia supuestamente fidedigna sin inventar. Si en El cuaderno perdido el protagonista era una colectividad cuya historia denunciaba hasta qué punto el desarrollo último del capitalismo ha convertido en fraude cualquier tentativa de comunidad social (y, por extensión, de identidad, reconocimiento y cultura), La cadena fácil funciona como un nuevo espantador de espejismos a un nivel más íntimo y personal, lo que seguramente planteará una exigencia más peliaguda al lector para su satisfacción. De cualquier forma, La cadena fácil significa, como lo hizo El cuaderno perdido, un nuevo hito en la atención prestada desde España a la narrativa contemporánea norteamericana: la que se sigue preguntando cómo contar llevados los postulados de la postmodernidad a sus extremos.

Y dentro de este hito se sitúa en primera línea Pálido Fuego, que en su aún corta historia ha dado igual brío en castellano a otros autores como Robert Coover, Tom McCarthy, William T. Vollmann, Mark Z. Danielewski, Theodore Roszak y David Foster Wallace. El advenimiento de un otoño eléctrico queda al alcance de la mano.

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