Cultura

Razones para no dormir

  • Bajo el lema 'Musas y creadoras', la Noche en Blanco cumplió ayer el guion previsto con colas en museos, calles atestadas y una participación masiva en las actividades ofrecidas

Ojos en la calle Larios para reivindicar una mirada femenina. Ojos en la calle Larios para reivindicar una mirada femenina.

Ojos en la calle Larios para reivindicar una mirada femenina. / fotografías: marilú báez

Pues no estaba anunciado en ninguna parte, pero poco antes de las nueve y media de la noche era un mariachi el que agrupaba en torno a sí un mayor gentío en la calle Larios, con todo el respetable entonando al unísono Cielito lindo. Luego, claro, comenzó el concierto de Efecto Mariposa en la Plaza de la Constitución y los polos magnéticos cambiaron de sitio, pero, más allá de la programación municipal, la Noche en Blanco representa la excusa perfecta para que cada cual se luzca a gusto haciendo lo que sabe, o lo que puede. Es decir, por derecho propio, y por una mera cuestión de afluencia, la tuna que le daba a los Clavelitos en Granada esquina Santa Lucía y las dos ruidosas despedidas de soltera que confluyeron en Uncibay habrían merecido un puesto en la citada programación. El mayor espectáculo, de cualquier forma, y como siempre en la Noche en Blanco, es la gente: el público multidisciplinar y variopinto que casi se daba de tortas por hacerse con el programita en la Plaza de la Marina mientras unos esmerados artistas le daban al graffiti allí al lado, mayores, pequeños, familias, parejas dispuestas a darse el lote cuando todo estuviese más tranquilo, pandillas de amigos y excursiones venidas en autobús desde diversos municipios conformaban un mar humano verdaderamente alucinógeno. Ni siquiera el Festival de Eurovisión significó una competencia a la altura. Nadie se quedó en su casa en una noche en la que sobraban razones para no dormir. Aunque hiciese un pelín de frío más del previsto.

Ya a eso de las 22:00 quedaba claro que la afluencia parecía dispuesta a superar, o cuento menos igualar, el récord de los 230.000 participantes del año pasado, lo que no es precisamente poco en una ciudad de menos de 600.000 habitantes. A esa hora había que tener muchas ganas de liarse a esperar a entrar al Museo Carmen Thyssen, donde la cola casi llegaba a la calle Nueva. Eso sí, el Ayuntamiento parece ser ya consciente de que no necesita llenarlo todo de ganchos para que la gente quede convencida. Lejos quedan aquellas instalaciones tan coloridas y visuales que ocupaban buena parte de la calle Larios; ayer bastó con unos ojos colgados para recordar el leit motiv de la undécima edición: Miradas de mujeres que no vieron la luz. Unas musas de fantasía hacían honor al lema Musas y creadoras y a la apuesta por visibilizar la aportación de las mujeres a la historia de la cultura desde la Noche en Blanco, aunque hubo algún transeúnte tan despistado que esperaba que las susodichas se arrancaran al cante en plan chirigota. Llamaba también la atención que, a la misma hora, la única atracción disponible en la Plaza de la Merced fuese la caravana promocional de la Gamepolis que acogerá el Palacio de Ferias en julio. Y que en la calle Alcazabilla, donde antaño se multiplicaran carpas y talleres, se alzara únicamente un tablao en el que se sortearon la soprano Claudia Teruel y el coro góspel Hoy es Tiempo. Estrictamente, la verdadera instalación urbana de la Noche en Blanco la pusieron los alumnos de la Escuela de Arquitectura en el Muelle Uno con La dama de acero. Pero a estas alturas el público ya sabe que debe acudir a la Noche en Blanco con los deberes hechos y que todo se reduce a las ganas de hacer cola. Y las hubo, no sólo en el Thyssen. También en el Pompidou, y en la Casa Natal, y en el Museo Ruso, y en el Picasso, aunque bastante más entrada la noche. Digna de reseñar fue también la jugosa entrada en centros que abren gratis todo el año, como el Museo de Málaga y el CAC, donde se entregaron los premios Málaga Crea en la modalidad de artes plásticas; aunque ya se sabe que ir de noche a los sitios donde cualquier puede ir de día tiene un encanto especial. Cuidado, que también había que guardar cola en el Instituto Gaona, donde hubo musas musicales y una muy recomendable actuación del Coro Mar de Voces y la bailarina Nourham Nuala. Y en el Museo Revello de Toro, que volvió a llenar de luz y color la calle Afligidos mientras a un tiro de piedra, en el Jardín de los Naranjos, el tradicional concierto de piano clásico del entorno colgaba también el cartel de aforo completo. Para entrar a la Alcazaba también había que echarle notable paciencia, aunque desde que el Ayuntamiento decidió imponer un precio de 2 euros para el acceso seguramente las colas en la Noche en Blanco tienen más sentido.

Para adquirir conciencia de la clave femenina del asunto lo mejor era subir a la terraza del Hotel Sallés Málaga Centro y asistir al espectáculo Vive la Historia, en la que la musa Clío revelaba a los visitantes la importancia de las mujeres en la cultura. Y siempre podía uno moverse un poco y descubrir en el yacimiento de La Araña toda la verdad sobre la triple Diosa a la que cantara Robert Graves. Pero, por lo general, el invento concedió bastante más protagonismo a las musas que a las creadores, cuando lo deseable habría sido justo lo contrario. De vuelta a lo musical, la mayor relevancia se la terminó llevando, por méritos indiscutibles, la Big Band del Conservatorio Superior, que en la retirada atalaya de su sede, lejos del frenesí que crecía en el centro, regaló una actuación de aúpa bajo el título, bien reivindicativo, The moon is a woman. También hubo jazz del bueno en la Sala María Cristina con el Pareja Quartet, así como en la facha del Thyssen de la mano de las espléndidas Yes They Camm. Y quienes acudieron al Museo Interactivo de la Música para disfrutar con la historia de Ella Fitzgerald especialmente dirigida a los más pequeños, dentro del escaparate llamado La Nochecita en Blanco, no salieron defraudados. La Fundación Musical de Málaga puso su piano abierto en la Plaza del Obispo un año más. Y el Coro del Colegio de Arquitectos, que no se diga, hizo lo propio en la Sociedad Económica de Amigos del País.

Total, la Noche en Blanco contó bien pronto el éxito que había ido a buscar. Pero también se puede considerar una oportunidad perdida, por cuanto el mensaje que pretendía inculcar quedó diluido, seguramente sin remedio, en virtud de una demanda mucho más primaria. Si se trataba de invitar a mirar de otra forma la creación de la cultura contemporánea, en clave de género, el mero hecho de hacer cola no contribuye mucho a la causa. Eso sí, La Noche en Blanco garantiza una afluencia masiva para la próxima vez. Habrá que poner más intención.

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