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Hamilton, epifanía y coraje

  • Disney Plus estrena este viernes en su parrilla ‘Hamilton’, versión filmada del musical sobre Alexander Hamilton que estrenó Lin-Manuel Miranda hace cinco años con gran éxito en Broadway

Lin-Manuel Miranda, en ’Hamilton, un musical americano’. Lin-Manuel Miranda, en ’Hamilton, un musical americano’.

Lin-Manuel Miranda, en ’Hamilton, un musical americano’. / Disney Plus

Para el que no esté familiarizado con el fenómeno, conviene advertir que trasponer la idea de Hamilton, un musical americano dentro de nuestras fronteras no resulta sencillo. Quizá en un esforzado ejercicio imaginativo podríamos emular el concepto partiendo de lo sencillo: de haberse hecho aquí, la obra seguiría siendo un musical político de tres horas. Nuestro equivalente podría versar, pongamos, sobre Cánovas y Sagasta. Pero escrito por C. Tangana. Arrancando musicalmente, ya que estamos, del trap. Pero coqueteando en ida y vuelta con el hip-hop, el ráchet, el flamenco. Añadamos a la traslación un reparto aleatoriamente disociado de la realidad de la época; y compongámoslo intencionalmente por tantas etnias como podamos encontrar hoy día en España. Roles intercambiables, claro está, según lo requiera el guión. Es decir, que si encontramos a un actor que interprete a Sagasta con musicalidad foránea, deberíamos subirle la apuesta en el segundo acto hasta un Angiolillo con deje castizo, sin que esto nos perturbe lo más mínimo. Con una dirección musical valiente; llegado el caso incluso temeraria. Una obra que, por supuesto, llenase el Cervantes. El Carpena. El Auditorio que no tenemos. Pero ya no un lleno de semanas, como Los miserables o La familia Adams: meses. Un fenómeno que, además, causara furor entre los jóvenes (sería trap, recuerdo) y recuperase el interés por la historia en los institutos, por cuyos pasillos los adolescentes beatboxearían los fraseos de una sesión parlamentaria de 1887. El auge suscitaría, de paso, una renovada identificación con la patria, en sus virtudes y defectos; pero esta vez desde la ilustración, no desde la marrullería. Sigamos imaginando que .dado que la epifanía le habría sobrevenido a Tangana leyendo a Galdós- citas de éste último inundarían los playbacks de Tiktok, los estados en WhatsApp, las stories de Instagram. Mientras, de Despeñaperros para arriba se rasgarían las vestiduras porque, pese a las peticiones online, el elenco titular de Ramos Marín no puede trasladarse en idéntica alineación a la Gran Vía. Las entradas se agotan igualmente en horas, y la reventa rebasa los abusos de un derby. Tras meses de correrse la voz, la fiebre traspasaría fronteras. Y más allá del Atlántico se interesarían como forofos por la reformulación hip-hopper de un apócrifo de O’Donnell, con la misma naturalidad con que en Huelin nos pudo enervar la corrupción en Baltimore. Porque al final, como decía Plá “en lo local está lo global”, y paremos aquí la metáfora. Pues algo homólogo a este hermoso –por improbable– delirio lo llevó a cabo Lin-Manuel Miranda en Broadway hace apenas cinco años. Y la versión filmada de ese musical sobre Alexander Hamilton, escritor y político fundador de los Estados Unidos, llega este viernes a Disney Plus.

Barack Obama, con el elenco de ‘Hamilton’, en la Casa Blanca, en un encuentro celebrado en 2016. Barack Obama, con el elenco de ‘Hamilton’, en la Casa Blanca, en un encuentro celebrado en 2016.

Barack Obama, con el elenco de ‘Hamilton’, en la Casa Blanca, en un encuentro celebrado en 2016. / Pete Souza / White House

Sin embargo, es poco probable que las aspiraciones de Miranda tras leer la biografía de Hamilton llegasen a tanto. Pese a experiencias previas en Broadway, el deslumbramiento tras la lectura le condujo en primera instancia hacia un álbum de hip-hop. Amante del freestyle, Miranda pensaba entonces en recorrer la biografía a través de pequeñas piezas, cuyo narrador curiosamente no era Hamilton (como sí es en el musical) sino su antagonista: Aaron Burr, su máximo rival político y, a la postre, su verdugo (no hay espoiler posible, se cuenta en el primer minuto). Con apenas unos meses de trabajo sobre la idea, Miranda acudió a la White House Poetry Jam en 2009, donde rapeó el tema principal en presencia de la familia Obama. Los gestos de incredulidad ante la propuesta aún pueden contemplarse hoy: el vídeo de la actuación está disponible en YouTube. El proyecto ganó cuerpo hasta convertirse en el musical estrenado en Broadway en 2015. “Creo que es la mayor obra de arte que he visto en cualquier formato”, corroboró Michelle Obama. Musicalmente fascinante, mención aparte merece el libreto, escrito por el propio Lin-Manuel que, a su vez, interpreta a Hamilton. Le acompañan rostros conocidos como Renée-Elise Goldberry (The good wife), y Daveed Diggs (Wonder) en el doble papel de Lafayette y Thomas Jefferson. En suma, un espectáculo local (y global) ante el que sólo cabe escuchar y disfrutar. Y dejarse sorprender por la empatía que suscitan los designios de un Secretario del Tesoro autor intelectual de Wall Street. Puntos imposibles de conectar de no ser por el talento y el coraje de Miranda. Once premios Tony, un Grammy y un Pulitzer después, Hamilton, el musical alcanza ahora las pantallas de medio mundo. “Creo que este musical es la única cosa sobre la que Dick Cheney y yo hemos estado de acuerdo”, sentenció Barack Obama. Ojalá C. Tangana se anime un día: Galdós aguarda.

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