En brazos de la reina eterna
Cleopatra VII. Más allá del mito
Alfredo Táján revisa en el ensayo ‘Cleopatra VII. Más allá del mito’ la figura de la última gobernante egipcia de la dinastía ptolemaica, condenada a la desfiguración histórica a cuenta de la iconografía popular
La némesis y el espejo
Su lengua natal era la koiné griega, pero, al contrario que los predecesores de su dinastía, decidió aprender el antiguo idioma egipcio. Sus pasos en la tierra quedaron más cerca de la invención del Iphone que de la construcción de las antiguas pirámides. Fue la reina de Egipto, pero su mundo era griego: su muerte puso punto y final al periodo helenístico, con lo que su país se incorporó a Roma como una provincia más. En realidad, su mundo se resolvió entre la extinción y lo imprevisible, la caída y el misterio. La historia sostiene que Cleopatra VII, nacida en el 69 a. C., se quitó la vida a los 39 años para evitar que Octavio la exhibiera como trofeo de su conquista. Su fama de gobernante férrea y decidida en un mundo de hombres, su tormentosa historia de amor con Marco Antonio y la decisión de su suicidio (dejándose morder por un áspid, según la leyenda, aunque parece más probable que, de optar por inocularse el veneno, lo hiciera a través de una aguja o con un ungüento) convirtieron a Cleopatra en un personaje idóneo para la inspiración literaria y la industria cinematográfica: ya Horacio la prefiguró como poco menos que un diablo procurador de desgracias, mucho antes de que William Shakespeare la presentara como una faraona tiránica y cruel, en la que el deseo sexual y la obsesión por el control político confluían como un mismo asunto, en su tragedia Antonio y Cleopatra. Después, el cine, el cómic y las múltiples variantes de la cultura popular acuñaron en el imaginario colectivo del siglo XX una percepción de la reina más afín al mito que a la verdad histórica, en virtud de una tendencia ya plenamente instaurada desde el Romanticismo y de poderosa vigencia en la actualidad. Ahora, el escritor Alfredo Taján, director de la Casa Gerald Brenan y agitador esencial de la Málaga cultural, viene a hacer justicia con su ensayo Cleopatra VII. Más allá del mito, publicado por la editorial EDA, con epílogo de Juan Laborda Barceló.
Para no dejar dudas al respecto, Taján da buena cuenta de su intención en las primeras páginas de su libro: “El nombre de Cleopatra, únicamente el nombre, sin titulatura, en primer lugar aparece asociado a una sucesión de tópicos, mitos y fábulas, y solo en segundo término, a la última de las siete reinas del Egipto ptolemaico, en concreto, a Cleopatra VII, una de las mujeres más célebres y controvertidas de la Historia de la antigüedad, cuya imagen […] aún hoy pervive como modelo de contrarios, en el imaginario socio-cultural, nutriendo sin reparos la crónica de una falsificación”. Esta deriva parece obedecer, según Taján, no solo a la fascinación colectiva que el personaje ha ejercido en cada generación, también a razones políticas: “Quizá su misterio se fundamenta en que los vestigios de su autoridad, y en definitiva de su dinastía, fueron poco a poco demolidos por las sucesivas invasiones y conquistas militares, no solo la romana, que padeció Egipto en los siglos posteriores a su suicidio”. La reivindicación del personaje histórico por encima del mito requiere, por tanto, la forja de un criterio firme para la exploración de fuentes directas e indirectas a menudo contradictorias y de debilidad bien disfrazada, pero esa es precisamente la tarea que resuelve Taján con este libro. El ensayo, por supuesto, hará las delicias de los amantes del mundo antiguo, pero el pulso narrativo de Alfredo Taján (sin afección alguna para el rigor discursivo) hace de Cleopatra VII. Más allá del mito una lectura amena para cualquier lector que se deje cautivar por la última reina ptolemaica de Egipto.
Así, el autor admite el carácter “apoteósico” de la entrada de Cleopatra en Roma en el año 46 a. C. (en claro contraste con la que su hermana Arsínoe habría protagonizado solo unos meses antes, encadenada como botín incautado por César en la Guerra Civil Alejandrina), aunque añade a renglón seguido que la misma ha sido “exagerada hasta el delirio por cronistas, literatos y cineastas”. En su aproximación a la relación que mantuvieron Cleopatra y Marco Antonio, Taján mantiene el mismo pulso histórico, aunque sazonado con recursos novelísticos que dan también cuenta de la devoción del autor: “La reina-faraón del Alto y Bajo Nilo, mujer sofisticada y culta, descendió al submundo de cazadores nocturnos y pervertidos de la Vía Canopea, la amplia y ancha avenida por donde el gran Antonio, Héroe de Occidente, al caer la noche, transitaba frecuentemente con una partida de borrachos y rameras entre las que se hallaba, enmascarada en su infinita variedad, la mismísima Cleopatra”. Esta infinita variedad, según el lema acuñado por Shakespeare, por la que Cleopatra se nos presenta como una mujer habitada por otras muchas, a menudo irreconciliables (en plena confluencia de tesis y antítesis, como afirmó Hegel precisamente respecto a los personajes de Shakespeare), conforma en gran medida el perfil del personaje histórico que presenta Alfredo Taján. Como sostiene Laborda Barceló en el epílogo, “hay un halo de intangibilidad en el estruendo que rodea al mito. Es algo así como el transcurso de la tormenta. Observamos primero el destello del relámpago y queda entonces esperar el trueno. Así sabremos a qué distancia está la galerna”. En la disolución del mito y la recuperación de Cleopatra VII Neo Thea Filopátor seguimos, todavía, esperando el trueno, ahora bajo la guía de la escritura de Alfredo Taján.
No hay comentarios