Manuel Menchón | Cineasta y escritor “Tras errar con Lorca, el franquismo optó por hacer de Unamuno un Judas”

  • El autor presentó en el Centro Andaluz de las Letras ‘La doble muerte de Unamuno’, ensayo escrito a cuatro manos con Luis García Jambrina que desmonta la versión oficial de la muerte del pensador

Manuel Menchón (Málaga, 1977), este jueves, frente a la sede del Centro Andaluz de las Letras.

Manuel Menchón (Málaga, 1977), este jueves, frente a la sede del Centro Andaluz de las Letras. / Javier Albiñana (Málaga)

La atención prestada por Manuel Menchón (Málaga, 1977) a Miguel de Unamuno se ha vertido en tres proyectos de amplio calado: su largometraje La isla del viento (2016), protagonizado por José Luis Gómez y presentado en el Festival de Málaga, aborda el exilio del pensador en Fuerteventura; su aclamado documental Palabras para un fin del mundo (2020) revisa su biografía desde aquellos acontecimientos hasta su fallecimiento; y su libro La doble muerte de Unamuno (Capitán Swing), coescrito junto al profesor de la Universidad de Salamanca Luis García Jambrina, desmonta el relato oficial de su muerte así como su imagen proyectada desde entonces, la de un intelectual con cierta inclinación hacia el bando sublevado en la Guerra Civil. Menchón y García Jambrina presentaron este jueves su libro junto a la vicerrectora de Cultura de la Universidad de Málaga, Tecla Lumbreras; la artista Aixa Portero y Ramón de Unamuno, nieto del escritor, en la sede del Centro Andaluz de las Letras, en Málaga.

-¿Su interés por Unamuno ha sido igual desde el principio, o ha ido creciendo en cada proyecto?

-Unamuno ha generado en mi caso un verdadero río de ideas e inquietudes que, como dices, ha ido creciendo proyecto tras proyecto. Me llamaba la atención que nunca se hubiera rodado el enfrentamiento con Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca: de haberse dado un episodio así en Estados Unidos, habrían hecho tres películas y otras tantas series. Aquel interés me llevó a hacer La isla del viento, y desde ahí todo lo demás. Pero es que Unamuno siempre resulta interesante, aunque sólo sea porque se lo cuestionaba todo. Vivió 36 años del siglo XIX y otros 36 años del XX, entre la Guerra Carlista y la Guerra Civil. En este contexto, interesarse por Unamuno significa interesarse por cuestiones abiertas, candentes, que no quedaron bien resueltas en la Transición.

-¿Esa no resolución explica la imagen de Unamuno como intelectual perdido entre dos bandos que ha perdurado hasta hoy?

-Hay que tener clara una cosa: los que ganaron la guerra en España son los mismos que la perdieron en Europa. En Alemania nadie sería capaz de imaginar a Angela Merkel pactando con la ultraderecha, pero en Madrid hemos tenido las estaciones de Metro empapeladas con propaganda electoral contra los inmigrantes, y eso no se puede tolerar. Las heridas que no se curan bien, se infectan. Mira lo que ha pasado con la cuestión racial en EEUU. Unamuno es precisamente el primer intelectual europeo que denuncia la desinformación y la manipulación, y tras su muerte se convierte en objeto y víctima de todo esto. Hoy estamos en condiciones de afirmar que la versión oficial de su muerte es del todo falsa. Y en La doble muerte de Unamuno ofrecemos argumentos de sobra que la desmontan.

-¿Ha encontrado muchos obstáculos en su investigación?

-Sí. Muchos. Para hacer Palabras para un fin del mundo tuve acceso a archivos militares recién desclasificados cuando, cansado de pedir autorización y de recibir sólo negativas, daba ya por hecho que sería imposible. Gracias a ello pude incluir en el documental imágenes de la Guerra Civil que nunca se habían visto, como las de la quema de libros. En España ardieron más libros que en Alemania, eso no se había contado y había que hacerlo. Los obstáculos fueron tantos que tuve que encargarme no sólo de la producción del documental, también de su distribución, y con todo llegó a ser el segundo documental español con mayor recaudación en taquilla en 2020. He afrontado dificultades serias, he sido objeto de amenazas por parte de grupos de ultraderecha que han sido debidamente denunciadas, pero tal vez lo que más me costó encajar fue el miedo al comprobar que las atrocidades cometidas durante la Guerra Civil habían sido mucho mayores de lo que yo pensaba. En España hubo un genocidio de intelectuales. Me consuela saber que ahora La doble muerte de Unamuno está teniendo muy buena acogida en universidades europeas y americanas. Varios investigadores nos han transmitido su desconcierto por el hecho de que lo que contamos de su muerte no se haya sabido hasta ahora.

"En España ganaron la guerra los mismos que la perdieron en Europa. Y eso no está bien cerrado del todo"

-¿Se trataba de no repetir el error cometido con Lorca?

-Exacto. Hay que decir bien claro que Unamuno mostró siempre la mayor adhesión a los valores republicanos. Se enfrentó a Primo de Rivera y a Alfonso XIII, lo que le costó el exilio, mientras Lorca evitaba presentarse ante la opinión pública como un autor político. Al mismo tiempo, Unamuno era un intelectual muy estimado en Europa: llegó a formar parte del Comité Paneuropeo junto a Einstein, Freud y Zweig. El franquismo se cuidó de mucho de cometer el mismo error que cometió con Lorca, aunque en realidad la operación comenzó antes incluso de la Guerra Civil: en 1935 le fue negado el Premio Nobel por apoyar el fascismo, lo que nunca hizo, con lo que la difamación contra él se marcó un tanto decisivo. En la Guerra Civil, el franquismo cometió el error estratégico de matar a Lorca, de modo que con Unamuno cambiaron de estrategia y lo convirtieron en un Judas. Pero es que si se hubiera podido achacar su muerte al franquismo, el curso de la Guerra Civil podría haber sido distinto. Francia, seguramente, habría intervenido. Así, los golpistas optaron por subvertir y aniquilar moralmente lo que pudiera perdurar de su recuerdo. Hasta el punto de bautizar un campo de concentración en Madrid con su nombre.

-En La doble muerte de Unamuno, García Jambrina y usted reconstruyen el último día del escritor hasta donde les permite su investigación e invitan al lector a que saque sus propias conclusiones. Pero al final es tan fácil como sumar dos más dos.

-Sabemos que quien tomó acta de sus últimas palabras, Bartolomé Aragón, jefe de prensa y propaganda del bando franquista en Huelva, nunca fue discípulo suyo; que los que secuestraron su cadáver en el sepelio fueron falangistas, quienes procedieron a enterrarlo con los honores de la Falange; y que las famosas cinco mil pesetas que, por otra parte, no está del todo demostrado que pagase a los golpistas, eran un impuesto revolucionario que los mismos impusieron a todos los ciudadanos de Salamanca nada más tomarla. Por el contrario, sí sabemos que Millán Astray ordenó la ejecución de todos los intelectuales contrarios al régimen. Y que José María Pemán, del que tanto se ha vuelto a hablar ahora, dictaminó, vía BOE, la extinción, por las armas si era necesario, de todos los contaminadores adversos al espíritu nacional, sobre todo intelectuales y educadores. ¿Cómo no iba a morir Unamuno? Él mismo lo sabía bien: a mediados de diciembre, pocos días antes de su muerte, escribió: “Van a venir a asesinarme a mi casa. Estoy esperando que entren por la puerta”. Por supuesto, sabía que no le iban a llevar al paredón, como hicieron con Lorca. Pero es que hasta el mismo confesor de Franco y Carmen Polo le había acusado de ser masón en la radio. No había que ser muy listo. El general Mola llevaba ya cuatro años organizando junto a Mussolini el caos y el terror que debían desembocar en la Guerra Civil. Unamuno lo sabía y era muy consciente de la posición que ocupaba.

-¿Qué le pareció Mientras dure la guerra, de Amenábar?

-Me invitaron a verla en un pase privado cuando acababa de concluir la documentación para Palabras para un fin del mundo. Me dio mucha pena. La vi como una oportunidad perdida, como una película que nacía muerta a pesar de su gran presupuesto. Ahora bien, ¿habrían aceptado los productores contar la verdad que ya sabía sobre Unamuno? ¿Habría aceptado distribuirla Disney entonces? ¿Y habría aceptado hacerla Amenábar? Al menos, Unamuno ganó popularidad hasta el punto de que José Mota le imitó en televisión. Un 31 de diciembre, nada menos. 

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