El jardín de los monos

Por el país de los cátaros XIX: El mito cátaro

Paisaje II. Midí Pirinée. Paisaje II. Midí Pirinée.

Paisaje II. Midí Pirinée. / Luis Machuca

Escrito por

Juan López Cohard

En 1244, la cruzada albigense había terminado. Los cátaros desaparecieron pero dejaron una semilla. Ellos habían luchado contra la Iglesia de Roma constituyendo otra que abominaba de los grandes pecados cometidos por aquella. Ese germen aparecería vigorosamente dos siglos después provocando el cisma que vino a denominarse protestantismo y también el Languedoc, cómo no, acogería con fuerza éste movimiento religioso contrario a la ortodoxia católica, hasta el punto de que Montouban llegó a ser la capital francesa de la nueva herejía luterana.

El final de la cruzada vino al caer el último bastión, el gran símbolo cátaro que fue Montségur. A raíz de la toma y destrucción del castillo, con la huida de algunos cátaros, comenzaron las leyendas. La historia no nos ha desvelado qué hicieron los perfectos cátaros del castillo en los quince días que pidieron de tregua. Sólo conocemos que unos cuantos huyeron, supuestamente, con lo que podía ser el llamado “tesoro cátaro”. Eso ha dado lugar a todo tipo de especulaciones.

Algunos creen que los cátaros, que habían estado organizados como una iglesia, habían recibido muchas ayudas en forma de donaciones. Es lógico pensar que, si la pobreza era un principio fundamental de su forma de vida, todos aquellos que habían llegado a la perfección, esto es, que habían recibido el consolamentum y pertenecían a la nobleza o la alta burguesía, hubiesen legado sus bienes a la iglesia cátara. Por tanto deberían tener en su último refugio toda esa riqueza acumulada. Por eso el “tesoro cátaro” ha sido buscado por tanta gente.

Se ha llegado a especular con que el tesoro cátaro fuese el Santo Grial

Pero otros muchos creen que los cátaros lo que pusieron a salvo en esos quince días fueron todos sus documentos y secretos religiosos, algunos de los cuales podían ser de mucho valor e importancia por haber sido traídos por caballeros cruzados de Tierra Santa. Supuestamente, esos caballeros, influenciados por las religiones orientales, se habían acercado a la herejía cátara. Esos documentos han podido despertar un gran interés en numerosas organizaciones secretas y en la propia Iglesia Católica. De estas fabulaciones proviene que se haya relacionado a los templarios con los cátaros.

Pero lo más increíble de las leyendas habidas sobre los cátaros es que se haya llegado a especular con que el tesoro cátaro fuese el Santo Grial. La conexión de los cátaros con la leyenda artúrica, dentro de ser extravagante, no resulta tan extraña. En el siglo XIII, apenas comenzada la cruzada, un alemán llamado Wolfran von Eschembach, escribió un poema épico, Parzival, basado en la obra de Chrétien de Troyes llamada Perceval, el cuento del Grial. En ella se relata la búsqueda del Santo Grial por Perceval, un caballero de la Tabla Redonda en la corte del Rey Arturo. Pero la historia del alemán procede, como él mismo dice, de la Provenza. Historia que, a su vez, quién se la contó la tradujo del árabe y fue escrita por un judío de Toledo. El caso es que dio lugar a la existencia de un Grial del Languedoc paralelo al de la leyenda artúrica.

La leyenda vuelve a resurgir en el siglo XIX con los románticos

La leyenda vuelve a resurgir en el siglo XIX con los románticos, aunque realmente adquiere una especial relevancia cuando Wagner la consagra como tema de su ópera “Parsifal”. Pero, para relacionar la leyenda de Perceval y su búsqueda del Grial con los cátaros, hay que esperar al primer tercio del siglo XX cuándo otro alemán pro-nazi, Otto Rahn, después de recorrer los castillos cátaros, escribe una obra llamada “Cruzada contra el Grial” que vio la luz en 1933. En dicha obra sostiene que, en su poema, Wolfran von Eschembach cuando habla de Montsalvat (la montaña donde estaba el Grial) se refiere a Montségur, que Perceval se correspondía con la figura de Raynomd Roger Trencavel, vizconde de Carcassonne y que su hermana, la guardiana del Grial, era la perfecta Esclarmonde de Foix. Esas suposiciones de Otto Rahn llegaron a oídos de Hitler quién mandó buscar el “tesoro cátaro” pensando que era el Grial. En la más rabiosa actualidad, Perceval ha pasado a ser Indiana Jones.

También ha evolucionado de forma increíble la leyenda sobre la naturaleza del Grial. En un principio el Grial buscado era la copa en la que bebió Jesús en la Última Cena; después pasó a ser la copa que contenía la sangre de Cristo recogida por José de Arimatea; siguió evolucionando la leyenda y el Grial se convirtió en la “piedra sagrada” que daba poderes omnipotentes a quién la poseía y, finalmente (asentido como el gran secreto de los cátaros), el Grial no sería otra cosa que la prueba de que Jesucristo había tenido descendencia con María Magdalena, procreando así un linaje destinado a gobernar el mundo. O sea que ha terminado como tema del best seller: El Código Da Vinci.

Paisaje II. Midí Pirinée. Paisaje II. Midí Pirinée.

Paisaje II. Midí Pirinée. / Luis Machuca

Así pues, la leyenda ha dado mucho juego. Supuestamente el secreto ha sido siempre conocido y guardado sólo por unas pocas personas en el mundo. Personas pertenecientes a sociedades secretas identificadas según la época con los Templarios, el Priorato de Sión, la Masonería, la Orden del Toisón de Oro o la de La Jarretera. Según algunos la dinastía de Jesucristo comenzó con el rey David y siguió con los merovingios, los borbones y ha terminado en las casas reales de Inglaterra o España.

Por otra parte, a todo ello se le ha añadido el posible interés que podría tener la Iglesia de que ese secreto no salga a la luz. Es lógico, dadas las consecuencias que sobre la teología que sustenta el credo católico podrían derivarse de salir probado documentalmente que Jesús tuvo hijos con María Magdalena, convirtiéndose ésta en su sucesora en lugar de San Pedro. Esa es la base de toda la trama sobre la que Dan Brouwn desarrolla su Código Da Vinci metiendo al Opus Dei de por medio para secuestrar el secreto cátaro.

El best-seller 'Los hijos del Grial'

Quizás sea esa la novela más conocida sobre el tema, sin embargo hay otras que también han sido auténticos best-seller, como la del escritor y actor Peter Berling, allá por la década de los noventa, Los hijos del Grial, que trata el tema considerando que los descendientes vivos, dos niños, de Jesús y María Magdalena, son el auténtico tesoro que sacaron los cátaros de Montségur. Estamos ante la figura de un Grial que es un ser vivo.

Merece la pena aquí hacer un recuerdo del citado actor y escritor alemán Peter Berling. Fue el protagonista de la maravillosa película alemana, Aguirre, la cólera de Dios basada en la extraordinaria y genial novela de Ramón J. Sender La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Y trabajó también en El nombre de la rosa, interpretando el papel del legado papal que manda quemar a la pobre muchacha que se acostó con el joven monje Adso de Melk, relator de la trama.

Aparte de todas éstas fabulaciones en torno al tesoro de los cátaros, aún existen más apológicos relatos derivados de las propias creencias de la fe de los cátaros, ya que nació toda una literatura en torno a la reencarnación. Una fe que se corresponde con la existente en el budismo.

La leyenda cátara sigue dando literatura y filmografía abundante

Ese tema ya está presente en el Parsifal de Wagner que, por otra parte, tuvo gran interés en el budismo por influencia del filósofo representante del pesimismo filosófico y el ateísmo, Schopenhauer. La verdad es que la leyenda cátara está cargada de una poética romántica que ha durado hasta nuestros días y que sigue dando literatura y filmografía abundante. Y bien que lo han aprovechado los franceses del Languedoc actual. Es actualmente un importante puntal de su turismo.

De todas formas, el País de los Cataros es una de las zonas más bellas de toda Europa. Su gastronomía es de una exquisitez sin igual. La conservación de edificios y pueblos es sobresaliente, la amabilidad de sus gentes, su natural elegancia y, en general, su savoir.faire hacen del visitante un turista feliz.

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