Raquel Hervás y Violeta Navas traen 'Pena y Pánico' a Málaga: reírse del miedo para que pese menos
El espectáculo, que combina guion con improvisación, será el 15 de febrero en La Cochera Cabaret
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El salto de hacer un podcast sobre el escenario surgió de manera natural. Después de varios "a ver si lo hacéis en directo", Raquel Hervás y Violeta Navas (La Prados) decidieron probar. En él, cuentan sus miedos y vivencias cotidianas con un toque de humor, sin caer en la "vergüenza ajena". La idea era la de "darnos a conocer y que la gente se lo pasara bien con nosotras", según comparte Raquel. Así nació Pena y Pánico Show, un formato vivo, en movimiento, y llega a La Cochera Cabaret el próximo 15 de febrero con entradas aún disponibles.
El humor, dicen, "no cura del todo, pero alivia". En ese juego de reírse de lo que no suele dar gracia, los miedos siguen ahí, incluso después de haberlos contado mil veces. "A mí me da mucho miedo la oscuridad", confiesa Raquel en una entrevista con este periódico. El de Violeta es más prosaico y generacional: "A ella le da mucho miedo enfrentarse a hacer facturas electrónicas". "Son miedos superficiales, pero cada una con lo suyo", resume entre risas.
El espectáculo se mueve entre la charla desenfadada y la comedia en vivo, con una estructura más sólida de lo que parece. "El principio y el final del show siempre están preparados y casi siempre son los mismos", aclara. Lo que cambia es el centro, ese espacio donde se sientan juntas y recuperan el espíritu del podcast: "Ahí empezamos a hablar sobre el tema que toque ese día". El caos, en realidad, también tiene método. Y la improvisación también tiene un toque de magia.
En Pena y Pánico hacen humor de lo que les da miedo a ellas, "que es casi todo". No se ríen de los miedos del público. Miedos cotidianos, "pena existencial", una generación que roza los 35 y se siente "con el cuerpo preparado para un embarazo geriátrico, pero yendo en pañales". Entre redes sociales, cambios de época y futuros inciertos, Raquel lo tiene claro: "A través del humor se pueden decir cosas, sí, pero yo no vengo a dar lecciones. Digo lo que pienso hoy, sabiendo que mañana puedo pensar otra cosa".
Aunque desde fuera parezcan polos opuestos, la química no es impostada. La explicación es porque tienen una amistad de hace mucho más tiempo. "Violeta y yo nos conocemos hace casi 10 años, la clave es que somos muy colegas", dice Raquel. Su vínculo amistoso vino mucho antes que el espectáculo cómico: "Primero fue la unión y luego fue el podcast, no al revés". El proyecto, insiste, es una prolongación natural de esa complicidad previa.
Raquel no escatima en elogios al hablar de su compañera. "Es la persona más rápida, más divertida del planeta", dice sin ironía. Admira "la visión que tiene de las cosas, los chistes improvisados que tira y su punto de vista de la vida". Sobre lo que ella aporta de diferente, se encoge de hombros: "No tengo ni idea, yo intento hacerlo lo mejor que sé, ser divertida y aportar puntos de vista diferentes".
Definen el show como "risoterapia, pero sin el cringe (vergüenza ajena)", y ahí marcan una frontera clara para no caer en ello. "El límite está en la autoconciencia, y si algo tenemos Violeta y yo es que somos muy autoconscientes la una de la otra", explica. Saben que "la gente que pasa por el cringe a veces conquista", pero ellas no quieren cruzar esa barrera: "No estamos dispuestas a dar vergüenza ajena".
El directo también implica exponerse a públicos distintos y a reacciones inesperadas. Alguna vez, cuenta, alguien se ha levantado y se ha ido. "Pasa cuando la gente viene sin saber lo que va a ver y se encuentra a dos chavalas desbarrando sobre sus movidas", reconoce. También cuando entran en política o en ideas personales. "Hemos hecho unos 25 shows y eso ha pasado en uno o dos", relativiza. Y se reafirma: "No pretendemos gustar a todo el mundo".
Lo habitual, de hecho, es lo contrario. "La gente está superagradecida, se ríe mucho con nosotras", dice Raquel, todavía sorprendida de que alguien la pare por la calle para decirle que el podcast "es increíble". "Porque lo que hacemos con dos micros lo hacemos luego sin micros", añade, restándole épica a algo que, precisamente por eso, conecta.
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