Entrevista

Santiago Auserón: "El nombre de Juan Perro me lo sugirió un músico de Danza Invisible en una noche de copas"

  • El cantante actúa esta tarde en la plaza de Toros de Málaga dentro del Festival Brisa en el homenaje por el 40 aniversario de Danza Invisible 

  • "Los discos no se venden y en el mundo de las descargas digitales si no estás dentro de las compañías multinacionales que controlan Spotify y similares no te comes nada", afirma

  • Festival Brisa: tres días de música que unen generaciones

Santiago Auserón, conocido artísticamente como Juan Perro, en un concierto.

Santiago Auserón, conocido artísticamente como Juan Perro, en un concierto. / Chusmi10

Santiago Auserón es pasado, presente y futuro de la música española. El fundador de Radio Futura, considerado por muchos el mejor grupo rock español de los 80 y 90, actúa con su alter ego Juan Perro desde que en 1995 lanzara Raíces al Viento, un disco para enmarcar al que siguieron otras obras maestras como La Huella Sonora (1997), Mr. Hambre (2000), Cantares de Vela (2002), Río Negro (2011) o El Viaje (2016) entre otros recopilatorios.

Tras el azote de la pandemia, que le supuso el durísimo golpe de perder a su guitarrista y amigo Joan Vinyals en enero, regresa con un nuevo disco, Libertad, que presenta este sábado en la plaza de Toros de Málaga dentro del festival Brisa, en el que se celebra el 40 aniversario de Danza Invisible. Curiosamente, un músico del grupo malagueño, Ricardo Texidó, fue el que le propuso el nombre de Juan Perro a Auserón. Esta y muchas otras historias las explica en una interesante y divertida entrevista concedida a este diario. 

-Su nuevo disco se llama Libertad. ¿Está ahora precisamente la libertad más amenazada que nunca con la guerra?

-Ha habido épocas peores, pero es un poco decepcionante ver cosas que ya creíamos haber dejado atrás para siempre como la amenaza de una confrontación a gran escala entre oriente y occidente. Es desalentador que eso vuelva a estar sobre la mesa. Pero hay que mirar la historia con perspectiva y la Humanidad ha superado muchos periodos de tensión. Espero que no lleguemos al desastre de las dos últimas guerras mundiales y creo que hay mecanismos para salvar la situación antes de llegar a eso pero la cosa está complicada. Es evidente que los rusos han cometido un importante desliz para mostrar fortaleza frente a la OTAN que les estaba comiendo el terreno. Se trata, más que de amenazas, de tener fuentes de riqueza que explotar.

Es una verdadera lástima que estén así dos pueblos de una enorme riqueza cultural, por ejemplo, en lo musical. Ucrania pertenece al corazón de Rusia desde hace siglos y ha hecho una aportación fundamental a la propia cultura rusa, pero es una nación que entendió que prefería llevar un estilo de vida más cercano a las democracias occidentales. Y el estilo de gobierno autócrata, corrompido y plutócrata de la Rusia actual ha impuesto unas acciones militares que nos enfrentan cuando, por otro lado, Rusia es un depósito de ideas y artes. La comunicación de Europa con Rusia es indestructible desde el punto de vista espiritual. Rusia es la música rusa, Dostoyevski, Tolstoi... Yo creo que los pueblos debemos fortalecernos en las coincidencias de las cosas que nos unen y que nos seguirán uniendo pasados los periodos de gran crisis. 

-Han pasado seis años desde que hizo su último disco, El viaje. ¿Habrá que esperar tanto para el siguiente o tiene ya la maquinaria en marcha?

-Normalmente soy lentito componiendo porque me gusta recrearme en las ideas y no contentarme con lo primero que salga. No me gusta repetir fórmulas salvo que la repetición venga por una querencia intensa a los patrones rítmicos, estilos de melodía y armonía o imágenes poéticas. Me gusta siempre buscar algo que no haya hecho exactamente antes. Y hasta que no tengo la sensación de que estoy acercándome a algo que no había hecho antes exactamente así no libero repertorio, no saco cosas a la calle. 

Por otro lado, editar registros fonográficos hoy en día es casi una manía demenciada porque realmente no se amortizan las producciones. Los discos no se venden y en el mundo de las descargas digitales si no estás dentro de las compañías multinacionales que controlan Spotify y similares realmente no te comes nada. Te llegan unos céntimos de euro al año que solo sirven para reírse de las cifras. A los autores de canciones y sonidos los registros nos sirven para fijar la obra, como un pintor en un lienzo, y para comunicar con el sector más cercano y activo de los aficionados, a los que nos siguen con asiduidad. Tal vez haya que inventar maneras nuevas y no romperse la cabeza y los dientes contra procesos industriales que, además, con la crisis de la pandemia, la guerra, el petróleo y todo esto se están degradando. Es muy difícil asegurar primero un proyecto que se amortice. Después un proyecto digno. Te metes a hacer vinilos porque hay gente que lo demanda y para obtener calidades dignas hay que luchar con uñas y dientes. Todos los procesos de fabricación están muy degradados, los cartones para editar discos físicos... Es casi una tarea imposible editar hoy. Sin embargo, el mundo del libro está mejor porque la pandemia ha hecho recobrar índices de lectura. Pero el del disco está prácticamente hundido. 

Juan Perro en una actuación. Juan Perro en una actuación.

Juan Perro en una actuación. / @ladiapo-19

-Habla de las plataformas digitales. Para los consumidores que venimos de la cinta de cassete, el vinilo, o el CD la llegada de Spotify, con toda la música en un mismo dispositivo y a un precio fijo mensual bajo o incluso gratis, era un sueño hace 30 años. 

-Sí, la accesibilidad para el consumidor está clara. Pero eso es rentable para las compañías que tienen un catálogo amplio, que controlan las ventas mayoritarias que les dicen, se pliegan a los designios y obedecen a las leyes del mercado. A esos artistas que no voy a citar pero que todo el mundo conoce sí le llegan rendimientos. Pero hay que pensar en una manera de usar los medios digitales que beneficien al usuario y protejan la creación. Tiene que haber un equilibrio entre los dos extremos de la cadena. 

-Dentro de Spotify, las canciones suyas que tienen más descargas son Veneno en la piel de Radio Futura y Charla del Pescado como Juan Perro. ¿Por qué cree que han triunfado más esas canciones?

-Son las que más se han promocionado, las que más reconocimiento industrial tienen. Las compañías han decidido que ese es el repertorio de Juan Perro que quieren promover y que tiene presencia en Spotify. Y para mí esas canciones fueron dos juguetitos que hice casi sin pensármelo mucho (se ríe). Jugando con humor a buscar un lenguaje popular, pero mi carrera va en otra dirección, en la investigación poética, musical y de voz más enriquecida y que puede volver el oficio de hacer canciones en algo apasionante y en un aprendizaje continuo a lo largo de la vida. Bueno, no es fácil que te siga mucha gente en ese camino pero Juan Perro lucha y extiende la oreja para ver por donde sopla el viento y sigo pensando que mi función es ir tan lejos como sea posible en la investigación musical y acercárselo a tanta gente como pueda. 

-Va a participar en el homenaje por el 40 aniversario de Danza Invisible. ¿Cuándo los conoció?

-Fue uno de los primeros grupos en los comienzos de los años 80 que visitaron el local de Radio Futura. Se plantaron allí en 1981 y venían a conocernos. A partir de ahí mantuvimos la amistad a lo largo del tiempo. Cada vez que veníamos por Málaga al principio de Radio Futura, con muy pocos medios, a veces nos quedábamos en un camping cercano a la capital, era una visita peligrosa porque los Danza nos agarraban y nos hacían recorrer una buena parte de la Costa del Sol cerrando bares. Era poner a prueba la salud de una manera muy seria (se ríe). Hemos sabido mantener la amistad y el respeto a lo largo de los años.

-¿Es verdad que el nombre de Juan Perro se lo sugirió precisamente un músico de Danza Invisible, Ricardo Texidó, en una noche de fiesta? 

-Sí, sí. Así es la historia. Estábamos en un hotel en La Coruña hablando de música, citando autores, productores y músicos de todo trapío y nos dieron las seis de la mañana en un bar en el que el camarero nos dijo que nos dejaba allí con la botella de whisky y que se iba. Le dije a Ricardo que era el momento de retirarse y conforme me iba yendo con paso inseguro hacia el ascensor para ir a la habitación detrás oí una voz que me decía "Adiós, Juan Perro". Y al día siguiente llamé a Ricardo y le pregunté qué era eso de Juan Perro porque me pareció una fórmula interesante. Me dijo que le decían eso en Torremolinos a la gente que no tiene casa. Pero luego investigué en mis fuentes antropológicas de Torremolinos y nadie me supo dar razón, me dijeron que era un cuento de Ricardo que se había inventado. Bueno, no sé de dónde sacaría ese nombre pero lo cierto es que lo citó y tiempo después, de acuerdo con mis compañeros de Radio Futura, le dije que quería utilizarlo para el título del disco que grabamos en Nueva York que se acabó llamando La canción de Juan Perro. Posteriormente, cuando decidimos disolver Radio Futura, me pareció que el nombre era una máscara adecuada porque yo tenía ganas de lanzarle un ladrido a la industria musical (se ríe) y Juan Perro me servía para eso. 

-Radio Futura fue considerado por muchos expertos el mejor grupo de rock español de los 80. ¿Qué diferencia hay entre el Santiago Auserón de hace 35 años y el Juan Perro de ahora?

-Esta noche no me recorrería la Costa del Sol cerrando bares. Es una diferencia importante para preservar un poco los huesos y seguir haciendo algunos conciertos más (se ríe). Creo que la conciencia del oficio ha mejorado. Nos dejamos llevar por la intensidad adolescente, era una locura apasionante de viajes y salidas al escenario, pero ahora mismo hay una conciencia de equipo, de creación musical muchísimo más refinada. Nos dedicamos a la creación de una sonoridad y al sostenimiento largo en el tiempo de un repertorio. Las canciones, al fin y al cabo, no se limitan a los registros fonográficos, que son una foto fría. La vida de las canciones se produce en el encuentro con la gente cada noche y a lo largo del tiempo las canciones van adquiriendo una especie de fortaleza a la vez que flexibilidad y esa es la lucha, es el trabajo más apasionante. Y eso uno lo entiende cuando va envejeciendo en el oficio. 

-Cuando se disolvió Radio Futura, ustedes comentaron que lo hacían porque ya se veía solo como un negocio, que había demasiada gente alrededor, que se perdía creatividad. Ahora que tiene su propia productora, La huella sonora, ¿se siente más feliz y con más libertad creativa?

-Sí, más feliz y más libre creativamente hablando. Y también tengo más problemas y más complicaciones para sacar un disco adelante o para mantener la banda unida. Para mantener los sueldos de un equipo pequeño e independiente de pocas personas. 

-Se ha vuelto empresario también.

-Claro, un administrador digamos que tiene que generar proyectos suficientes para que los sueldos y la protección de la Seguridad Social no corra peligro. Es una tarea dura, pero me siento más libre y más feliz por este camino y con todo el respeto por el pasado de un grupo como Radio Futura que vivimos con mucha intensidad y que ha dejado rastro. Afortunadamente todavía hay una generación joven que gracias a sus padres o sus hermanos mayores reconoce el repertorio de Radio Futura como un reto. Aunque Juan Perro no tenga el mismo reconocimiento popular, de algún modo Radio Futura está detrás, es como un escudo, un soporte, como un pedestal desde el cual Juan Perro puede seguir trabajando, asumiendo nuevos riesgos, acercándose más al jazz porque en las radiofórmulas, por ejemplo, todo lo que suena a jazz no pasa ni por la televisión, rechazando propuestas de talent shows o anuncios de cerveza. Arriesgando un poco y centrándonos en lo musical y lo poético y afortunadamente estamos tirando hacia delante. Hemos salido de la crisis de la pandemia, de los Ertes, hemos vuelto a los sueldecitos normales y tratando este año de resistir a base de conciertos. 

-¿Le molesta o le entristece que haya veinteañeros que no sepan quién es?

-No. Habría que hacer una prueba y preguntarle a los veinteañeros si conocen algún mito del siglo XX de mucha mayor proyección internacional que Juan Perro (se ríe). Por ejemplo hay jóvenes a los que les preguntan y no saben quién es Marilyn Monroe, James Dean o Bob Dylan. Y los Beatles de refilón. Hay muy poca conciencia en los más jóvenes de dónde vienen las cosas pero tienen tiempo para crecer y enterarse. En la adolescencia uno empieza en la música por cualquier sitio, por el que mete más candela, donde se enchufa con más energía. Pero luego, a lo largo del tiempo, el barquito con el que uno navega en los mares musicales puede llegar a cualquier costa. Yo conozco ahora a punkies que aprendieron a envejecer y que son capaces de escuchar a Bach o que ahora oyen jazz de Duke Ellington. Esto puede ocurrir. La gente de las músicas urbanas actuales puede que dentro de unos años visiten la historia del rock, el soul o el jazz. Debe ocurrir porque las generaciones avanzan en el tiempo reciclando elementos de la música del pasado. Unos reciclarán rock, otros música medieval y otros música griega o china antigua. La información está ahí al alcance de todos. 

Juan Perro y parte de su banda en un concierto Juan Perro y parte de su banda en un concierto

Juan Perro y parte de su banda en un concierto / Fotografía artística Rafael

-Totalmente. Ustedes empezaron de cero, en un bar en los 80, pero hoy en día hay cantantes que se hacen conocidos por Youtube, programas de televisión, otras redes sociales. ¿Es ahora más fácil triunfar rápidamente?

-No, no es nada fácil. Para un fenómeno mediático que surja en redes o un artistita que designa la academia televisiva para ser triunfito hay una gran cantidad de chavales que están peleando y bregando por hacerse un grupo, por tocar en su barrio, porque le dejen un escenario en el pub de la esquina. El consumo de música sigue aumentando y cada vez hay más jóvenes interesados en hacer música. Lo que sucede es que cada vez hay menos sitios para ganarse la vida con ella porque el negocio se ha restringido y lo controlan unos pocos. Lo controlan la gente que tiene los programas de televisión, las editoriales que controlan los derechos que genera la televisión, las tres grandes multinacionales que se han comido el mercado y que tienen en su mano las descargas digitales. Pero la inspiración y la necesidad de generar sonidos nuevos va a seguir existiendo. La música nos hace humanos y eso no va a cambiar. 

-A lo largo de su carrera ha hecho muchas colaboraciones con otros músicos. ¿Hay alguna que le hubiera gustado y no la ha hecho?

-Pues si me ha quedado alguna se va a quedar sin hacer porque he decidido no hacer más colaboraciones. Recibo y agradezco muchas propuestas de colaboraciones pero he estado 20 ó 25 años diciendo que sí a amigos y a desconocidos y después solo a los amigos pero ahora ya hasta a los amigos les voy a decir que necesito concentrarme en lo mío y que no tengo energías para tirar. Necesito concentrar las energías en las cosas que quiero hacer.

-Habla de energía. Usted cumple 68 años en unos días pero está en plena forma. ¿Hay Juan Perro para rato?

-Lo que quiera el destino, los dioses o los hados y aquí estamos para hacer frente a lo que tenga que venir. Yo voy a tratar de cuidarme un poco y de no tirar las energías porque creo que tengo todavía cosas por hacer. 

-Bueno, Fangoria dio un concierto espectacular hace unas semanas en Málaga, usted va a compartir escenario hoy con Danza Invisible y Mikel Erentxun, hay gira de Hombres G... Parece que vuelve con fuerza la música de los 80 y 90. 

-Sí, hay también muchos grupos nuevos en los pueblos y ciudades de toda la geografía española que suenan muy ochenteros. Parece que en la última década está de moda otra vez sonar a ochentero. No sé exactamente en qué consiste. A lo mejor hay que hacer como que no sabes tocar para sonar a ochentero (se ríe). 

-La última. Una de mis canciones favoritas de Juan Perro es Te convierto en canción del disco Mr. Hambre. ¿Alguna vez ha convertido en canción a alguien que le haya hecho daño como canta ahí?

-Bueno, estaba dramatizando un poco. Si he convertido en canción a algún amigo o amiga ha sido siempre para celebrar una parte de belleza que se me ha quedado dentro. Sin rencores. 

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