Música

La vida con Philip Glass: es sólo música

  • Marbella acoge este sábado la proyección de ‘Portrait in 12 parts’, documental de Scott Hicks sobre el compositor

Philip Glass (Baltimore, 1937), a través del cristal. Philip Glass (Baltimore, 1937), a través del cristal.

Philip Glass (Baltimore, 1937), a través del cristal. / Andreas Bitesnich

Por mucho que ya hubiera puesto todas las cartas sobre la mesa, el definitivo órdago minimalista de Philip Glass (Baltimore, 1937), especialmente en lo que a aceptación popular se refiere, llegó con Music in twelve parts, el ciclo que el músico compuso entre 1971 y 1974 para diez instrumentos (tres órganos eléctricos, dos flautas, cuatro saxofones y una voz soprano) a ejecutar por sólo cinco intérpretes. Cuando el director de cine australiano Scott Hicks, quien despuntó a nivel internacional en 1996 con Shine (biopic del pianista David Helfgott), decidió rodar un documental consagrado a la figura y la obra de Philip Glass, optó por este referente y tituló su película Glass: A portrait of Philip in 12 parts. El acercamiento de Hicks comenzó en julio de 2005: fue entonces cuando el cineasta pidió al músico que se dejara acompañar con la idea de que el documental resultante formara parte de la celebración del 70 cumpleaños de Glass en 2007. El compositor aceptó, de manera que Hicks se mantuvo pegado a él cámara en mano con la ambición de registrarlo todo durante un plazo que se prolongó durante nada menos que 18 meses. El resultado es una de las películas musicales más estimulantes de lo que llevamos de siglo, aunque su querencia underground la convirtió demasiado pronto en pieza de coleccionista. Ahora, los melómanos de la Costa del Sol que no lo hayan hecho podrán quitarse la espinita (y quienes conozcan el filme, siempre podrán repetir en pantalla grande): este Portrait in 12 parts se proyectará el próximo sábado 23 a las 20:00 en el Vasari Center de Marbella (en la urbanización La Alzambra, en Puerto Banús) en un acto organizado por el Centro de Divulgación Musical del Mediterráneo para el que las entradas, que incluyen el acceso al cocktail posterior a la proyección, están ya disponibles al precio de 12 euros.

En su empeño por no perderse nada, Hicks acompañó a Glass durante el año y medio en que se prolongó el rodaje a los más variopintos lugares, desde Coney Island hasta Australia en busca del mejor sonido del didgeridoo pasando por el estreno de sus óperas en Europa. El filme recupera igualmente imágenes del estreno en 1976 en el Festival de Aviñón de Einstein on the beach, la ópera que unió el nombre de Glass al del creador escénico Robert Wilson; e incluye entrevistas a cómplices como el artista Chuck Close, músicos como Nico Muhly y Ravi Shankar y cineastas como Woody Allen y Martin Scorsese (para quienes compuso respectivamente las bandas sonoras de El sueño de Casandra en 2007 y Kundun en 1997). La película da cuenta también de los rituales cotidianos de Philip Glass en su quehacer diario, su adscripción religiosa entre el budismo y sus raíces judías, la relación con sus hijos y su vida amorosa (también se incluyen entrevistas con su primera esposa, JoAnne Akalaitis; así como con la cuarta, Holly Critchlow, de la que se divorció igualmente). Pero, por encima de cualquier otra circunstancia, Scott Hicks indaga en su obra en los lazos que unen la existencia de un hombre cualquiera con el alumbramiento de una producción musical capaz de despertar por igual la mayor admiración y la mayor controversia. Si el documental permite comprobar hasta qué punto es Philip Glass un creador complejo, el mayor acierto de Hicks es explicar sus propios procesos artísticos de manera natural, sencilla, directa e ilustrativa. Pero, ante todo, ofrece un testimonio de primera mano sobre las razones por las que el minimalismo musical parecía abocado a nacer en el contexto propio del siglo XX; un testimonio sólo igualado por el que ofreció el propio Philip Glass en su libro de memorias, Palabras sin música, publicado en España por la editorial Malpaso en 2017.

Creador de una veintena de óperas, once sinfonías, numerosos conciertos y un ingente catálogo de partituras y estudios para piano, además de abundante música para el cine y el teatro, Philip Glass es uno de los artistas que con mayor precisión han definido el mundo moderno. Aliado de creadores como Paul Simon, Doris Lessing, Yo-Yo Ma y David Bowie, Glass es tan clásico como popular, tan misterioso como accesible. Su influencia, gigantesca, perdura.

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