En el año 2005, Juan Antonio Rodríguez Fernández dejaba el puerto. Con su marcha, desaparecía el último maletero que quedaba en los muelles malagueños. Convertido este trabajo en una labor que durante siglos dio de comer a muchas familias, datar el origen de los maleteros resulta bastante complicado. Atendiendo a documentos que se remontan al siglo XVI, en el puerto de Málaga existían los denominados palanquines; una especie de estibadores que, entre otras tareas movían los equipajes de las personas que embarcaban o desembarcaban. Con la curiosa circunstancia de no poder traspasar los límites portuarios, la labor de llevar bultos menores a determinados lugares corría a cargo de los mozos de cordel o ganapanes; unos trabajadores que, tras acordar con anterioridad un precio, sí que podían salir del puerto llevando equipajes.

Con el paso de los años, los mozos de cordel, siempre en competencia con cualquiera que se podía ofrecer para cargar un baúl o unas maletas, fueron regularizando su trabajo; una labor en la que las casas consignatarias tuvieron una significativa importancia. Respaldados por una agencia que disponía de una serie de mozos para prestar este servicio, a finales del siglo XVIII, las principales consignatarias malacitanas ya ofertaban en los periódicos los denominados acarreos; portes individuales en embarques o desembarques.

Establecida una tarifa de servicio de maletas, el siglo XIX constituyo la edad de oro para estos trabajadores que, subiendo a los barcos para recoger los equipajes lo llevaban a fondas, hoteles o casas particulares. Ya con las líneas trasatlánticas decimonónicas a la baja, las rutas con áfrica del norte y, muy especialmente la instauración de la línea melillense a principios del siglo XX mantuvo en activo a los maleteros malagueños.

Alejados de las consignatarias y agrupados de una forma un tanto anárquica, estos trabajadores que lucían a modo de uniforme un pantalón y una camisa de color azul además de una gorrilla de cuero, poco a poco fueron desapareciendo. Censados 25 maleteros en 1972, en 2005 solo quedaba uno; el recordado Juan Antonio Rodríguez Fernández que con su marcha puso fin a una secular profesión portuaria.

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